Por fin está de regreso la serie que nos volvió a reconciliar con el mundo, seriéfilamente hablando. Tras un tiempo buscando un sustituto llegaron muchas series candidatas, algunas con capítulos magistrales (acabo de ver el final de temporada de «Separación» y es una maldita maravilla), pero que en su conjunto no han conseguido mantener el interés y la expectación. Algunas empezaron muy bien y con ganas para luego desinflarse («Los anillos de Poder»), otras se han ido demasiado pronto pese a convertirse de visionado obligado desde ya («Ted Lasso»).

Pese a sus numerosos intentos Disney+ no ha conseguido encontrar la gallina de los huevos de oro. Primero con la fracasada ampliación del UCM seriéfilo, y posteriormente con sus series de Star Wars, donde hay opiniones dividas sobre su calidad en conjunto. Siendo sinceros The Mandalorian va perdiendo gas temporada a temporada, Ashoka podría haber sido maravillosa pero incluso para los que habíamos visto Star Wars Rebels no lo fue, Obi Wan Kenobi tiene momentazos pero nada más, The Acolyte habrá que esperar cómo evoluciona tras esa sorprendente primera escena, al final solo se salvan a ratos Andor y La Remesa Mala, pese a un final más flojo de lo esperado….)

HBO reconvertida ahora en MAX tiene un filón y lo sabe. Por eso nos esperan muchas historias de Poniente. Tras un final apoteósico de su primera temporada, donde todo iba demasiado deprisa, parece que estamos destinados a que los 8 episodios de esta segunda temporada, dos años después, van a provocarnos muchas emociones. Lo tiene todo a su favor para triunfar. Una historia que ya conocen los lectores del libro en el que se basa «ligeramente» Fuego y Sangre. Esas pinceladas que ya dejó Martin en la saga de Canción de Hielo y Fuego, donde ya hablaba de la peor mano del rey de toda la historia de Poniente, sir Otto Hightower, o de ese polémico capitán de la guardia real Sir Criston Cole. Es una delicia ver como Martin ha enlazado todo su universo, y se entiende por qué llevamos años deseando esos Vientos de Invierno.

Nada puede salir mal en esta segunda temporada. Con unos personajes protagonistas muy potentes, uno de los grandes aciertos de la serie ha sido derivar la serie hasta centrarla en ese duelo Rhaenyra contra Alicent, muy bien definido gracias al cambio de edad de la reina madre respecto al libro y convertirlas en amigas desde la infancia. Será determinante. Ya sabemos que puede pasar cualquier cosa. De hecho esperamos que pase de todo, porque es a lo que nos tiene acostumbrados. Algunos caerán, otros resurgirán o saldrán del olvido. Lo que ha demostrado la primera temporada es que algunos personajes no necesitan demasiado tiempo en pantalla para dejar huella. La Danza de Dragones está aquí, una batalla por el trono que ensombrecerá o ninguneará lo que hemos visto hasta ahora. Lo tiene todo: buenos actores, grandes efectos especiales y brutales localizaciones, con mi querida Cáceres mostrándose una vez más al mundo como Desembarco del Rey. Aunque algunos la historia ya se la saben de memoria es otro aliciente más, porque no dejan de hablar de todo lo bueno que nos espera.
Hay muchas expectativas puestas en esta segunda temporada, que luchará contra The Acolyte para ser el tema de conversación de este inicio del verano semana a semana. Creo que no hay ninguna duda de quién será la ganadora.

Y gracias a Vodafone TV pudimos asistir a la premiere en el cine Capitol de Madrid del primer episodio, divididos entre verdes y negros, como marca la campaña promocional. Siguen jugando con lo que quiere ver el espectador y nos lo van dando muy dosificado. Si en la primera temporada sólo al final del primer episodio escuchamos el apellido Stark, en este inicio de la segunda temporada pasa todo lo contrario. Justo ahora que queremos saber de Rhaenyra y su dolor, por lo que tardarán en mostrarlo. Son unos cracks creando expectativas.

Tiene un inicio muy bonito, en un lugar icónico, y con una voz en off que recuerda al protagonista de la serie madre. Algunos reconocerán la melodía inicial. Tendremos a una Alicent desatada y a una Rhaenyra parca en palabras. Sigo pidiendo un spin off con los años que nos robaron entre el episodio 5 y 6, cuando pasaron de las actrices jóvenes a las adultas.

Al igual que el final de la primera temporada de Juego de Tronos sirvió para enamorarme del personaje de Sansa, lo mismo me pasa con Helaena, la actual reina consorte. Si ya era un personaje inquietante con sus frases proféticas en este episodio pasa al siguiente nivel. Es una víctima de la sociedad en la que vive. La han obligado a casarse con su hermano, probablemente sin preguntarla si quiera, y sin parar de presenciar atrocidades. Además el gran cambio viene con la intro. Cuando ya nos habíamos acostumbrado a ver correr la sangre entre la maqueta de la antigua Valyria, ahora asistiremos al bordado de un tapiz, que seguro tiene demasiada información de lo que está pasando. ¿Será casualidad que sólo veamos a un personaje bordando? No creo.
En resumen

Puede parecer un episodio de transición, porque uno espera grandes batallas o enfrentamientos. Nos muestra como la vida sigue su curso, pese a las pérdidas. Vemos el reinado de Aegon ll y toda su corte. La relación de Criston Cole con Alicent y con Aemond. La sombra de Otto siempre presente. Aplaudimos a Rhaenys cada vez que abre la boca y sentimos pena por Corlys. Daemon es un toro enjaulado que solo sonríe cuando vuelve a las andadas. Cada uno lleva el duelo y la pérdida de una forma. Bonita forma de empezar una temporada tan deseada, recuperando personajes, y añadiendo otros nuevos aunque parecen muy conocidos por el lugar donde se encuentran. Nada pasa por casualidad. Nos siguen negando disfrutar de Sir Criston Cole en todo su esplendor, pero a cambio tendremos dragones con sus jinetes, abrazos madre-hijo que ponen la piel de gallina y la sensación de que siguen tratando muy bien el material que tienen entre manos. A pesar de que el hijo por hijo sea diferente al libro en el que se basa, no deja de ser muy inquietante. A mí tampoco me gustan las ratas. Un momento de calma entre tempestades. ¡Vaya calma!