No paramos de oír aquello de que «la fórmula Pixar» está agotada. La entrada de las plataformas y su inmediatez a la hora de estrenar películas provocó una saturación en el espectador que ansía -de nuevo- aquel ingrediente que nos proporciona la compañía del flexo: emoción. Tras unas cuantas obras menores como «Luca», «Red» o «Lightyear», desprovistas de conexión con el espectador, Disney y Pixar nos traen «Elemental», obra dirigida con pasión por Peter Sohn. De Sohn nace la auténtica trama de la película tal y como nos contó en su charla posterior junto a la productora del filme, Denise Ream, los cuales ya habían trabajado en proyectos anteriores como «El viaje de Arlo».
Y es que si algo notamos en las carteleras y listas de plataformas, es la falta de voces originales que afloren de dentro de los autores. En este caso el director se basa en la historia de su llegada desde Corea a Estados Unidos, junto con su familia de tintes clásicos coreanos. Pixar decide -a pesar de los primeros resultados de taquilla- tirar de aquella estructura clásica que siempre funciona desde el terror a los monólogos cómicos: verdad y dolor.
Se notan los trazos de una escritura auténtica por lo que seas niño o abuelete te permite entrar en la historia y olvidarte de todo, mientras buscas una conexión con tu yo interior. Elemental -a pesar de algunos momentos recargados- consigue que empaticemos con algún momento o personaje de la trama. Algo no sucedido en anteriores trabajos de Pixar.
Candela es fuego y se ve abocada a crecer en las afueras de Ciudad Elemento, una urbe donde conviven los elementos de agua, aire, tierra…y donde el fuego es denostado y apartado a esta especie de «Chinatown». Allí vemos negocios, repartos a domicilio, vidas humildes y productos artesanos, donde se respira la auténtica humanidad fuera de los ritmos de la gran ciudad. La xenofobia no se presenta como subtexto, sino de manera palpable desde la típica introducción de Pixar en la que a través de una secuencia de montaje nos hace percibir todos los elementos, objetivos y factores emocionales que nos acompañaran en la historia (y que nunca serán como el inicio de UP).
Candela es de los personajes más apegados a la realidad de los últimos años por parte de Pixar. Es una joven como nosotros, con un trabajo -cara al público- que no le gusta, donde aguanta por un reducido jornal, vive alejada de la ciudad burguesa y excluyente del centro para sobrevivir con una sonrisa en un barrio humilde. Todo ello sin saber quien es y porqué está enfadada con el mundo (sus momentos a punto de explotar por aguantar clientes recordara a todo camarero o cajero) y con una vida que bifurca hacia un mar que rara vez queremos.
Nilo aparece en su vida y su relación se reconstruye salvando obstáculos tan importantes como que el fuego y el agua nunca deberían estar juntos. Su acuoso personaje (así como su familia) aporta el corazón y la nobleza que nos harán reír y llorar a partes iguales. Elemental es una historia ya contada en multitud de ocasiones desde los tiempos de Romeo y Julieta, pero que una vez más nos hacen recordar a nuestro yo adolescente cuando traíamos a cenar una chica a casa y no era lo que nuestros padres querían para nosotros. Él, chico rico con trabajo estable (funcionario), ella chica humilde con un trabajo esclavo y pudiendo ser apagada por él en cualquier momento. Esta relación «interelemental» esta bien sembrada y llega a ser un amor a prueba de incendios o diluvios.
En resumen
Un tema a tratar, aparte del clasismo social, se trata de la herencia familiar y las costumbres intergeneracionales. Decía el filósofo Sartre que «la vida es una constante angustia porque siempre debes estar eligiendo» y este mantra es lo que nos mantiene en tensión desde el segundo acto de Elemental. La película nos lleva en una tabla de surf a través de la emoción que despiertan los personajes y sus objetivos, más aún gracias a un sobresaliente trabajo de animación, todo detallado (ojo a la secuencia de la ola en el estadio) y que nos permite no despegar las pupilas de la pantalla. Sumamos los momentos cómicos «Marca Pixar» que tanto nos descongestionan las tramas sobrecargadas de lágrimas de Bustamante. Estos están bien hilvanados sin necesidad de abusar del «running gag» (repetición de chistes) y que juegan a favor al tener elementos como fuego, agua, aire o tierra. Una macedonia cómica de elementos.