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«Él y ella»: el artificio hecho serie

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Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.
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¡No siempre se cumplen las expectativas! Esta frase que deberíamos tener en cuenta a diario, a veces se nos olvida. Hay series que parecen tener la combinación perfecta: una novela de éxito, un director con voz propia debutando en televisión y dos estrellas que han triunfado por separado. Sin embargo, «Él y Ella» se ha convertido en una de las primeras decepciones del año si hablamos de Netflix, una serie que presenta una premisa llamativa, pero que no consigue aprovechar sus excelentes ingredientes para crear una historia con sentido.

Algo se podía intuir, al tener estipulado un embargo de prensa hasta el mismo día del estreno. Pero, si en En fuga sabías a que atenerte si hablamos de una adaptación de Harla Coben, en el caso de Él y Ella la experiencia ha resultado frustrante. Ambas producciones utilizan una trama en la que hay asesinatos, secretos familiares y giros imposibles. Sin embargo, en el caso de Él y ella esperaba que sus responsables se esforzarán algo más que en crear una serie de consumo fácil, repleta de clichés y que apuesta por sorprender en exceso al espectador.

Dirigida y adaptada por William Oldroyd —responsable de propuestas tan estimulantes como Lady Macbeth o Mi nombre es Eileen—, la serie fracasa precisamente donde debía destacar: en la estructura del misterio y en el uso de los puntos de vista. No puedo comparar entre la novela de Alice Feeney y la adaptación que ha estrenado Netflix, pero a pesar de que se nos vende a priori un juego de perspectivas en la que deberíamos ver enfrentarse a los dos protagonistas, esto no se ve finalmente reflejado en la serie. En ningún caso se percibe ningún tipo de ambigüedad en la narrativa, dando lugar a un juego de humo y espejos que hace que como espectadores nos sintamos algo confusos.

Si en la novela de Feeney, la acción tenía lugar en una pequeña ciudad inglesa, en Él y ella nos trasladamos a Dahnolega, un pequeño pueblo del estado de Georgia en Estados Unidos. La historia arranca con el asesinato de una mujer, algo que provoca una gran conmoción en un lugar poco acostumbrado al crimen. El inspector Jack Harper (Jon Bernthal), se hace cargo del caso, y pronto se verá enfrentado a la periodista Anna Andrews (Tessa Thompson), quien tras un año desaparecida de la vida pública ve en el crimen una oportunidad para relanzar su carrera. A partir de ahí, el guion pretende desarrollar una historia clásica de investigación, con dos puntos de vista sobre un mismo hecho. A priori, una llamativa premisa que va haciendo aguas poco a poco, y que sus responsables van parcheando como pueden.

En Él y ella vemos una sucesión, más o menos creíble, de coincidencias: la víctima es conocida de ambos, Jack y Anna fueron (son) pareja, y varios de los personajes parecen guardar secretos relacionados no solo con el caso. Sin embargo, todo resulta demasiado artificial, con personajes que transmiten más bien poco. Siendo precisamente, uno de los lastres de la serie, la escasa química entre sus protagonistas. Thompson y Bernthal —dos intérpretes con presencia y talento contrastados— parecen atrapados en unos personajes mal construidos, con escasa complejidad y nulo carisma. Ella como periodista resulta poco convincente; él, sorprendentemente ineficaz como detective. Su relación está cogida con pinzas, su pasado en común se muestra en flashbacks que resultan fríos e impersonales, y sus enfrentamientos no pasan de gritos y aspavientos para la galería.

Por su parte, la narración en off, que debería reforzar la idea de perspectivas enfrentadas y mentiras cruzadas, se limita a lanzar una y otra vez frases grandilocuentes sobre la verdad, la culpa y el autoengaño. En lugar de generar duda o tensión, acaba provocando cansancio, especialmente cuando el episodio final recicla literalmente estos monólogos para justificar un desenlace que nos deja con cara de tontos. Porque más allá de un envoltorio bonito, con una estética cuidada, tal vez excesivamente perfecta, Él y ella resulta demasiado artificial y vacía por dentro. Su estilo, en exceso pretencioso, solo oculta un thriller demasiado vago para hacer de una premisa interesante algo más que una serie del montón. Eso no quita que sus seis episodios se pasen volando, gracias al ritmo que Oldroyd le imprime a la narración. Siempre están pasando cosas, con lo que no hay tiempo para pensar en si tienen sentido, haciendo de Él y ella un éxito inmediato (y olvidable) de la plataforma de streaming.

En resumen

Al final, Él y ella tal vez hubiera funcionado en un formato más corto – a lo mejor un largometraje de 90 minutos – o centrando la historia en uno de sus protagonistas. La serie nunca invita realmente al espectador a participar en el misterio ni a cuestionar lo que ve. Nada resulta creíble. Ni la chapucera investigación policial encabezada por Jack, ni el don periodístico de Anna, que parece saber más de lo que cuenta. Hay en apariencia un exceso de sobre explicación, que paradójicamente, solo es una mentira mal elaborada.

Es posible que los responsables de la serie no pretendieran subvertir el género, pero, aun así, Él y ella es la perfecta demostración de que no basta con buenos nombres y una premisa atractiva para ofrecer un buen producto. Lo que queda al terminar es una serie del montón, fácilmente olvidable, que hará las delicias del público que busque una ficción de consumo fácil y rápido. ¡Una lástima!

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