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«El instinto»: Una terapia extrema

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Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.
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A veces se nos olvida, a mí el primero, que el cine español ofrece mucho más que comedias familiares, dramas costumbristas y thrillers oscuros, que en muchos casos adaptan novelas de éxito. No me malinterpretéis, soy el primero al que le encantan los thrillers plagados de crímenes, de asesinos en serie y de policías marcados por una tragedia. Pero, debemos ir más allá de lo que vemos a simple vista, y descubrir otro cine, tal vez menos conocido para el gran público, que nos ofrece algo distinto. Uno de esos títulos, que nos propone algo diferente es «El instinto», película dirigida por Juan Albarracín que llegó a los cines el pasado 16 de mayo, y que ayer se presentó en el Festival Internacional de Cine de Alicante. Un film que va más allá del thriller convencional, para ahondar en una historia sobre traumas pasados, y como afrontarlos con una terapia que termina yéndose de madre.

Triunfadora en diversos festivales como el Sombra de Murcia, el Rojo Sangre de Buenos Aires o el Abycine de Albacete, El instinto es el debut en la dirección de largometrajes de Juan Albarracín, tras su desarrollo como cortometrajista. El realizador lorquino también firma el guion de una película en la que conocemos a Abel (Javier Pereira), un brillantísimo arquitecto que padece agorafobia. Lleva tres años viviendo aislado en la montaña, incapaz de poner un pie en la calle. El joven parece haberse acostumbrado a la soledad, con la única compañía de un perro, y las visitas de Sonia (Eva Llorach), su expareja y socia del estudio en el que trabaja. Sin embargo, cuando su trastorno (y su conformismo) pone en peligro una oportunidad profesional irrechazable que implica además la posibilidad de perder a Sonia, Abel tendrá que buscar una solución. Esta llegará de una forma inesperada, de la mano de un adiestrador de perros, al da vida de forma magistral (y aterradora) Fernando Cayo. Como ninguna terapia le funciona (ni consigue terminarla), este le ofrece la posibilidad de corregir su trastorno utilizando sus técnicas con los perros.

En una película como El instinto, hay que tener cuidado con lo que se comenta de ella, porque una palabra de más, acabaría con la experiencia. En su hora y media de duración ocurren muchas cosas, convirtiéndose en un verdadero tour de force para el espectador que se enfrenta a su visionado. En su comienzo, el film se nos presenta como un «simple» drama de alguien que sufre de agorafobia, algo que esta marcando su vida. El personaje de Abel, al que da vida Javier Pereira, se ha volcado en el trabajo para paliar la soledad a la que se ha visto abocado por su trastorno. Sin embargo, el resto de su vida se ha roto, incluida la relación con Sonia, que parece haber perdido la esperanza en su recuperación, y que le ofrece una última oportunidad de abandonar su recluimiento forzoso. Así, en apenas unos minutos se nos presenta El instinto, hasta que conocemos a José (Fernando Cayo), e intuimos que algo va a pasar. 

Con un escenario limitado, con un plantel de actores reducido y una historia en apariencia sencilla, Juan Albarracín construye un relato que va mutando hacia algo más retorcido, y a ratos incómodo para el espectador. El ambiente se enrarece, y gracias a los flashbacks, vamos conociendo el pasado de Abel, y las razones de su trauma. A su vez, un cada vez más inquietante documental que aparece al principio de cada «capítulo» en el que se divide la película, nos va descubriendo algo que al principio parece una broma, pero que acaba resultado tan increíble como aterrador. Todo ello mientras asistimos al duelo interpretativo entre Javier Pereira y Fernando Cayo. Ambos actores sostienen el peso de la trama, y sus interpretaciones consiguen traspasar la pantalla y hacernos participes de la historia. Una historia que a ratos puede incomodar, pero que consigue sorprendernos y mantenernos en tensión hasta el final de la película.

En resumen

El instinto es ese cine español independiente que merece más atención, tanto por parte de los medios como por parte del público. Como pude comprobar en la charla que mantuvimos, Juan Albarracín es no es solo un director con mucho talento, con una ópera prima superlativa, sino que es uno de esos creadores que tiene mucho que contar, y que ojala que no tarde otros cuatro años y medio estrenar una película en salas. Mientras llega ese momento, El instinto ofrece una propuesta fresca, alternativa y sorprendente, con un gran trío de actores al frente, y con una historia que se va desgranando poco a poco, que no os dejará indiferentes.

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