Aún recuerdo el absoluto bombazo que fue para mí ver «Del revés» hace ya casi diez años. Una cinta que abordaba tan bien lo que supone crecer y que era capaz de retratar las emociones más básicas que nos conforman como personas y que lo hacía de la forma en que Pixar tan bien sabe hacerlo: metiendo un doble mensaje para niños y adultos. Según la edad que tuvieras al ver la cinta, te podías quedar en las capas más superficiales y disfrutar de una aventura divertida, amena y emotiva o, si eras ya un adulto, entender mucho mejor el proceso que nos estaban contando y ver la carga de profundidad en su mensaje sobre la tristeza y la alegría y como estas se entremezclan en nuestros recuerdos más importantes.
Con todo esto en la maleta, sentía cierto temor ante la perspectiva de una secuela de la cinta que tanto me enamoró en su día. Primero porque Pixar ha tenido ciertos tropiezos en las secuelas de sus grandes hits. Y segundo porque veía difícil conseguir algo que no palideciese en la comparación directa con su antecesora. Pues bien, el el pasado 19 de Junio se estrenó en los cines la esperadísima Del revés 2 y yo debo decir que he salido más que contento de su visionado.
Desde la compañía norteamericana decidieron cambiar a Pete Docter –Up, Soul, Monstruos S.A– uno de los nombres más fuertes de la compañía y darle la oportunidad de dirigir esta secuela a Kelsey Mann un semidesconocido para el gran público, que había tenido diversos cargos en Pixar y que únicamente había dirigido un cortometraje dentro del universo de Monstruos S.A que destacaba por su poderío visual pero tampoco era nada extraordinario. Pues bien, el bueno de Kelsey se ha descubierto como un tipo que es más que capaz de asumir el reto y nos ha entregado una ópera prima que, si bien no llega a la maestría de su predecesora, no tiene ningún problema para aguantarle el ritmo.
La cinta tiene una construcción narrativa muy similar a su predecesora. Vuelve a usar el esquema de que ciertos personajes tienen que ir de un punto a otro punto para conseguir algo y volver con lo conseguido a tiempo para solucionar los problemas ocasionados. Pero, aunque repite la estructura -y eso le resta algo de originalidad-, te lo compensa con las nuevas adquisiciones en forma de emociones más complejas – Ansiedad, Vergüenza, Aburrimiento y Envidia- y las formas en cómo trabaja con ellas en comparación a cómo trabaja con las emociones que ya teníamos presentes en la primera película.
El hecho de centrarse en la pubertad de Riley le da a la cinta una serie de capas de subtexto que no podía permitirse, por razones obvias de la edad, en la primera entrega y otorgarle el peso a Ansiedad en gran parte de la película nos hace entender a todos, tengamos más o menos cerca esa etapa, lo duro que puede llegar a ser crecer durante la adolescencia.
Del revés 2 trabaja francamente bien el peso de las relaciones sociales durante ese momento vital -aunque obvia las primeras atracciones amorosas, en una decisión un tanto sorprendente- y cómo a veces los adolescentes son una bomba emocional que no saben por dónde tirar y que tienen momentos donde se sienten totalmente sobrepasados por lo que están sintiendo y viviendo.
Además, creo que la construcción del torbellino emocional que supone crecer, lo grandes que pueden parecer algunos problemas que, visto con perspectiva no lo son tanto, pero que en el momento que los estás viviendo para ti si que lo eran y la forma como conjuga todo ello con lo que pasa en el interior de Riley hacen de esta cinta una de esas que se van a usar -como ya ocurrió con la primera entrega- en institutos para explicar ciertos procesos emocionales. Se nota que el guion se ha trabajado muchísimo en esa dirección y en cómo el carácter y la personalidad se van formando poco a poco mediante nuestras experiencias y creencias. Además de volver a hablarnos de la función adaptativa que tienen las emociones y volver a repudiar de la tendencia errónea que tenemos en muchas ocasiones de hablar de emociones positivas y negativas cuando todas tienen su función.
En resumen
Del revés 2 trabaja otra vez desde lo interno hacía lo externo para entregarnos una vez más -y no será la última- una obra excelente que no tiene ningún miedo al éxito. Creo que gustará mucho a los más pequeños pero que, probablemente, gustará mucho más a unos padres que quieren entender a sus hijos y que, quizá, han olvidado lo que suponía ser adolescente. La mezcla entre lo didáctico, lo narrativo y lo emocional hacen de esta cinta un excelente ejemplo de lo que es capaz de hacer Pixar cuando se lo propone y nos enseña, una vez más, que el cine de animación no tiene por qué ser únicamente infantil, sino que puede funcionar para cualquier espectador y cualquier edad. Grandísima secuela y, espero, aborden en una tercera parte tramos posteriores de la vida de Riley. Muy recomendable.