La segunda jornada del BCN Film Festival 2025 arranca más temprano que la anterior y con muchas ganas e ilusión por nuestra parte.
La primera película que hemos podido ver ha sido La furgo, perteneciente a la sección oficial del festival y cuyo protagonista tiene bastantes papeletas, en mi opinión, de optar al premio de interpretación. La cinta, que es una de esas que tiene el sello claramente de un festival qué apuesta muchísimo por el cine social, aborda la historia de un padre de familia, divorciado y con una hija pequeña, que se ve abocado a vivir en una furgoneta. Aunque durante el metraje se usa la comedia para tomar algo de distancia del drama durísimo de lo que se está contando, creo que es en los momentos donde abraza lo dramático y expone la problemática real que hay detrás de todo esto cuando más brilla. Destaca especialmente Pol López que está absolutamente fantástico y le acompaña muy bien el resto de un reparto completamente entregado a la causa. Los minutos finales de la cinta son un ejemplo de cómo realizar cine social con un mensaje muy claro y contundente que pueda llegar a cualquier espectador que pueda estar inmerso, ya sea él o alguien de su entorno, en una situación complicada y no encuentre salidas.
En segundo lugar, hemos visto Diamanti, cinta que está fuera de competición y que me recordaba por momentos a la maravillosa cinta italiana que vimos el año pasado aquí Siempre nos quedará mañana por ser una historia de época, también italiana, y que reivindica la figura de la mujer poniéndola en el lugar que merece y que tantas veces le ha sido negado.
La película tiene momentos francamente divertidos en su interior, pero no pierde de vista nunca el foco para hablarnos de sororidad y de nuestra capacidad como sociedad para cambiar y ser mejores. Creo que esa es la clave de una cinta que no se quiere casar con nadie y cuya tesis es que la unión y el compañerismo, hacen la fuerza. El diseño de producción es excelso y el juego de metacine que plantea también.
En tercer lugar, hemos visto Leer Lolita en Teherán basada en la novela homónima escrita por el personaje protagonista de la historia que narra su propia experiencia personal cuando volvió a Irán en 1979 y se encontró algo muy distinto de lo que se esperaba. Está película reivindica mucho el poder de la palabra escrita y de cómo las novelas nos pueden hacer cambiar la forma de pensar para siempre. Además, no solo se queda en Nabokov, sino que Austen, Fitzgerald y Henry James también tienen su cota de protagonismo en una historia de cine de denuncia sobre el estado de un país que pasó de estar avanzado a su tiempo a hundirse en una de las dictaduras más terribles y cerradas de todo el planeta. El magnetismo de su protagonista y la lucha que ella encabeza por la liberación de la mujer y el análisis de sus opciones en una dictadura cruenta, es lo mejor de esta arriesgada propuesta.
En cuarto lugar, hemos visto The quiet son una cinta que puede ir hermanada con la anterior. Y es que, si os comentaba antes que hablábamos del cambio que supuso en Irán el control por parte del nuevo régimen a finales de los setenta, The quiet son nos habla del auge de los extremismos en Europa y su influencia en los jóvenes actuales. Estamos ante una cinta que no huye ni se esconde y que muestra las consecuencias de los discursos de odio que cada vez se vuelven más extremos y convierten cualquier conflicto en un “nosotros contra ellos” eliminando cualquier atisbo de debate o tonos de grises a tener en cuenta. Todo ello viene vehiculado por la historia de un padre y dos hijos que están completamente inmersos en una corriente de la que nadie sabe salir. Creo, eso sí, que hay algún problema de ritmo hacia mitad de la película, pero que se solventa con un potente e impactante final que dudo deje indiferente a nadie.
En quinto lugar, hemos podido acercarnos a ver Grande Maison Paris una cinta japonesa, aunque situada en Francia, que tiene todas las características que hacen apetecible el cine basado en la alta cocina -estética muy marcada para rodar los planos detalle de la comida, momentos feel good movie- y que está aderezada por ese estilo que tan bien se maneja en el país nipón que consiste en introducir épica en cualquier historia. Creo que peca de poco realista en la subtrama criminal que introducen durante buena parte de la cinta, pero que esto no consigue alejar al espectador del disfrute relajado y sin pretensiones al que nos quieren llevar. Si estáis buscando algo distendido y bastante confortable, es una buena propuesta.
Por último, y para cerrar una jornada larguísima, acabamos el día con Cuatro paredes. Una cinta que es, al igual que La furgo, puro espíritu BCN Film Fest -y que también compite en la sección oficial-. La película nos plantea la premisa tan dura como real en muchos casos de qué puede pasarle a una familia de clase media si de golpe recibe un golpe tan fuerte del que no es capaz de recuperarse.
Estructurada en doce meses y cada uno de ellos rodado en un cuidado plano secuencia, la película nos mete en la historia de una madre y una hija que se ven un día en un estatus acomodado de clase media para, al siguiente, sumergirse en una espiral que las aboga a traspasar el umbral de la pobreza extrema. Estamos ante un cine de denuncia potentísimo que te agarra el corazón y no te lo suelta y que tiene en sus últimos quince minutos la demostración de por qué este cine es absolutamente necesario. Además, el dúo formado por Sofía Otero y Manuela Vellés muestra un nivel de talento y conexión entre actrices tan elevado que hace imposible no caer rendidos ante lo que nos están contando y emocionarnos irremediablemente ante lo que vemos en la pantalla. Es de esas películas donde forma y fondo se conjugan a la perfección al servicio del mensaje y la idea que hay detrás del proyecto llevándolo a buen puerto.
Y hasta aquí la crónica de nuestro segundo día en el festival. Mañana seguiremos con más información sobre distintas pelis que tenemos previstas.