El pasado 7 de abril dio una masterclass organizada por el Sindicato ALMA Guionistas en Madrid con motivo del estreno de la segunda temporada de The Last Of Us.
Hay un dicho muy antiguo que dice: “Somos lo que hacemos no lo que decimos”. Frase que puede aplicarse a cualquier ámbito de la vida: con tu pareja, en la búsqueda de empleo, en discusiones…y también en la vida laboral de un guionista o escritor. Ya son numerosas charlas organizadas por el Sindicato ALMA de personalidades del mundillo y nunca dejan de sorprenderme. Un ejercicio curioso que he practicado en estas masterclases es ver la filmografía de esos invitados a cuál más variopinta. La primera piedra que cayó en la psiquis del público fue la de Todd Phillips: “Pero un tío que ha escrito Resacón en las Vegas como puede haber sido el guionista y director de una obra maestra como Joker”. Muchos incultos catalogan la comedia como la marca blanca de los contenidos audiovisuales.
Porque como bien argumenta Craig Mazin: “Si escribes comedia eres más inteligente que si escribes drama. Es el género más complicado”. Nos gusta criticar por criticar sin saber el momento vital por el que han pasado estos genios de la escritura. Sin ir más lejos, solo hay que ver como una persona que escribió Scary Movie 3 (quién no ama la secuencia del sombrero que cada vez se va haciendo más grande) es la misma que nos hizo estallar en Chernobyl o que nos ruboriza con The Last Of Us. Un hecho que se encargó de recalcar Mazin: “Este mundo te dice si sirves o no sirves cuando menos te lo esperas”.

Craig Mazin es un profesional del sector que escribió una de las mejores miniseries de la historia como fue Chernobyl. Ficción que le llevó a presentarse en la famosa central nuclear que casi acaba con media Europa. “A veces lo imposible se hace posible” aseguró Mazin, y eso sirvió para unificar a la crítica y los espectadores de esta ficción que nos cautivó hace años. Una serie que le permitió darse a conocer en la industria como un guionista capaz no solo de hacer que Charlie Sheen se aprendiese sus chistes…sino que podría escribir la ficción más asfixiante hecha en años.
Pasó de los accidentes nucleares a los apocalipsis mundiales. Ahora con hongos en el menú, nos deleita con la segunda temporada de The Last Of Us, una gran adaptación del videojuego con difícil aceptación por parte del público. “En una adaptación hay que seleccionar y ver que meter y que deshechar. Por eso los capítulos más criticados de la primera temporada (Bill y Frank / Ellie y Riley) fueron los más importantes porque contaban los retazos humanos”. La primera temporada cosechó un gran éxito y nos mantuvo en vilo semana tras semana esperando que MAX estrenase el capítulo de marras. Una característica que pueda hacer perdurar en el tiempo esta ficción es que “los capítulos pueden verse de forma independiente”.
Esta segunda temporada empieza igual (o más fuerte) y promete no dejar indiferente a todos aquellos fans o esas personas que no han jugado a la saga de videojuegos. Curiosamente la ficción de The Last Of Us (y el videojuego) trata de crecer…hecho que va unido directamente a la indecisión de “seguir viciándome a la consolita”. Y todos hemos experimentado algo que nos impide volver a lo de antes.
Poco se habla de la magnífica gestión de estos eventos por parte del Sindicato ALMA y su junta directiva, vocales, secretaría… Se denota el trabajo y el buen rollo existente detrás del sindicato, ya que podías ver a varios de sus directivos moviendo el hombro, repartiendo las acreditaciones o ayudando a los invitados a ubicarse. Solo hay que ver lo cómodos que están muchos de estos invitados (Inolvidable la charla de John August o Terrence Winter) para darse cuenta del amor procesado en unas masterclases como estas que permiten insuflar esperanzas a los más jóvenes y recuperar la ilusión para los más mayores del sector.
Esperamos que con la confirmación de la tercera temporada de The Last Of Us podamos volver a escuchar a Craig Mazin y verle por Madrid. Y que el sector del guion sea algún día tan reconocido en España como lo es en Estados Unidos. Y si no que llegue el cordyceps y nos lleve a todos.