Arrancamos con el segundo día del Festival con una larga jornada por delante donde nos espera una nueva tanda, con cinco películas muy distintas entre sí, y de muy diversas localizaciones. El ambiente, como siempre, es inigualable y el público asiste a los cines Verdi de Barcelona con ganas de ver buen cine en pantalla grande.
La primera de las películas del día ha sido La llegenda de L’Escanyapobres cinta que nos llega por parte de Ibai Abad y que nos traslada a un pequeño pueblo catalán a finales del siglo XIX para contarnos la historia de un hombre que trabaja recaudando los préstamos a la gente pobre que no puede pagarlos a tiempo. La historia, que es bastante intrincada porque mezcla el protagonismo del recaudador con el de una chica joven hija de uno de los que deben dinero, se va moviendo en códigos del drama, con momentos bastante tensos -tiene incluso algún «jumpscare», y realiza un retrato social muy interesante de los pueblos pequeños, donde todos se conocen, y las dinámicas de poder que se establecen. Lo que más destaca de la cinta son, por un lado, la dirección más que solvente de Ibai Abad y, por el otro, un diseño de producción que la hace parecer una película con muchos medios y con el que realiza una ambientación perfecta de ese pequeño pueblo perdido de la mano de Dios. Recomendable.
La segunda película del día nos llega desde Canadá y se llama La naturaleza del amor -al menos ese es el título que parece que finalmente tendrá en España el próximo 19 de Julio cuando llegue a la cartelera nacional-. La cinta es una comedia romántica pero que no se mueve en las claves típicas del género al cual pertenece. Esta película apuesta por ser distinta al alejarse del típico «chico conoce a chica y se enamoran» y metiéndose más en una reflexión sobre el deseo femenino, las distintas etapas que conforman las relaciones y las contradicciones en las que podemos llegar a caer, hablándonos también de las infidelidades y todo lo que comportan y conllevan con ellas. Creo que su principal valedor es el guion que no da puntada sin hilo y que le permite crear situaciones que sean al mismo tiempo divertidas, reflexivas y críticas. Consiguiendo, por lo tanto, una cinta bastante rica en matices y, por qué no decirlo, francamente divertida en algunos de sus momentos cumbres.
La tercera cinta que hemos visto hoy ha sido Phantom Youth película que nos llega desde Kosovo, flamante ganadora del premio a mejor guion del propio festival de Barcelona, y que retrata la historia de dos jóvenes que abandonan su pequeño pueblo para irse a la ciudad a intentar estudiar en la universidad y encontrar un futuro mejor del que les esperaba en su pueblo natal.
Esta película está plenamente metida dentro del drama social y su directora realiza un retrato tan honesto como aterrador de la generación joven que tuvo que asumir las consecuencias de las distintas guerras que asolaron la región en los años noventa y las crisis que trajeron consigo. Una generación que se encuentra a medio camino entre el olvido y la pérdida. En este viaje hacia el futuro las dos protagonistas se van a encontrar universidades sin profesores, pobreza, tensiones sociales y unas situaciones complejísimas que ponen a los propios personajes, y al espectador, en fuertes dilemas morales. Luàna Bajrami pone la cámara al servicio del relato y retrata esta pequeña pero muy importante historia con la cercanía y la sensibilidad que merece apoyándose mucho en su reparto, que cumple con creces, y en la forma en que decide poner en escena y montar ciertas secuencias impactantes. No creo que sea una peli fácil, tanto por la dureza de los temas que toca por cómo decide plasmarlos la realizadora, pero sí que creo que es una cinta que, sí eres una persona que tiene la inquietud de ver cómo están las cosas en otros países y te interesan los dramas sociales, es de esas que «hay que ver». Aunque no me guste en exceso utilizar esa expresión. Muy recomendable.
La cuarta del día nos traslada a Noruega y se llama Descansa en paz -llegará a los cines españoles el 21 de junio-. Con esta cinta yo reconozco que he tenido muchos problemas. Su premisa me resultaba francamente interesante: Un día cualquiera en Oslo empiezan a volver de sus tumbas distintas personas fallecidas provocando que los familiares, que están en pleno proceso de duelo, se vuelvan a encontrar con ellos sin saber qué hacer y cómo reaccionar. El problema es que creo que es de esas películas que no tienen claro qué quieren ser. A veces la cinta se mete en el territorio del terror -escenas muy tensas, algún pequeño susto- y otras veces se mete en el del drama más duro -especialmente la historia de la madre y su hijo- pero creo que al moverse en los dos territorios sin acabar de apostar por ninguno acaba por quedarse en tierra de nadie. La cinta se salva por sus enormes virtudes en toda la parte visual y en la puesta en escena de las distintas situaciones y por una Renate Reinsve que sigue demostrando, como ya lo hizo en «la peor persona del mundo», que su talento es inmenso y defiende cualquier personaje a capa y espada. Por desgracia, más allá de estas virtudes he encontrado la cinta con problemas de ritmo, de tono, y de falta de emocionalidad cuando lo requería. Una pena.
La última cinta del día es también -si nadie lo remedia- el testamento fílmico de Michael Caine -ganador a mejor actor en el festival- y es una película llamada La gran escapada -llegará el 25 de octubre a España- que nos narra la historia real de un veterano de la segunda guerra mundial llamado Bernard Jordan que quiere acudir a toda costa a los eventos conmemorativos del setenta aniversario del desembarco de Normandía, en Francia, aunque él está internado en una residencia en gran bretaña. La película que está narrada en dos tiempos -por un lado el propio viaje del protagonista y, por el otro, como su mujer y el resto del equipo de cuidadores de la residencia ven todo desde fuera- es de esas cintas que van a gustar a muchísima gente. No porque sea especialmente brillante -básicamente destacan los dos actores y a nivel de dirección y puesta en escena no hay nada especialmente potente- sino porque es una cinta tan cargada de amor hacía esta pequeña pero emotiva historia que es muy fácil meterse de lleno en ella y emocionarse con lo que va sucediendo en pantalla. Caine defiende su personaje como nadie, pero es gracias a la forma como el guion estructura las distintas perspectivas que vemos como la cinta va ganando fuerza emocional durante todo el metraje para que, cuando llegue el tercio final, nos emocionemos y caigamos rendidos ante todo esto. Obviamente, creo que se puede deducir que nos encontramos en el terreno de las «Feel Good movies» y creo que, en ese terreno, cumple sin poderle poner casi ningún pero. Si os interesan este tipo de historias, no dudéis en acercaros a ella, creo que os gustará.
Con esto cerramos el día y mañana arrancaremos con más propuestas de la mano del BCN Film Fest.