Lo Que Viene Tenerife se ha consolidado como uno de los principales puntos de encuentro de la industria audiovisual española. Organizado por la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE), el evento reúne a periodistas, creadores, plataformas, productoras y profesionales del sector para adelantar algunos de los proyectos que marcarán los próximos meses, además de servir como espacio de reflexión sobre el presente y el futuro del audiovisual.
Entre los responsables de dar forma a esta cita se encuentra Alberto Rey, periodista especializado en cine y series, secretario de la junta directiva de AICE y uno de los mentores del Laboratorio de Series impulsado por la asociación. Con él conversamos sobre el crecimiento de Lo Que Viene, la importancia de descentralizar la cultura fuera de Madrid, el papel de las series en la industria actual y la necesidad de visibilizar a todos los profesionales que hacen posible una producción audiovisual.
Lo que Viene Tenerife no es un festival al uso. Combina presentaciones, encuentros profesionales, laboratorios y estrenos. ¿Cómo surge esta iniciativa?
La clave está en la palabra «encuentro». Desde AICE, la Asociación de Informadores Cinematográficos de España, siempre hemos entendido que era necesario crear espacios donde la prensa especializada pudiera convivir con la industria audiovisual. Lo que Viene sirve para reunir a periodistas, creadores, productores, plataformas y profesionales de todos los ámbitos del sector. Además de estrenos y presentaciones, hay mesas redondas, debates y oportunidades para que los medios podamos conversar directamente con quienes hacen posible las películas y las series. Esa es probablemente la principal diferencia respecto a otros eventos similares: está organizado por una asociación de periodistas.
También es una manera de dar visibilidad a todos los profesionales que hay detrás de una producción audiovisual.
Totalmente. Cuando hablamos de cine o series solemos pensar en actores y directores, pero detrás hay muchísimas personas cuyo trabajo resulta imprescindible. Guionistas, montadores, figurinistas, directores de arte, maquilladores o supervisores de efectos visuales forman parte del proceso creativo. Muchas veces el público disfruta del resultado final sin conocer a quienes lo han construido. Desde AICE defendemos precisamente eso: poner nombre y rostro a esos profesionales y reivindicar que su aportación tiene tanto valor como la de las caras más visibles.
Los Premios Feroz han contribuido a aumentar esa visibilidad del audiovisual español. ¿Crees que también ayudan a marcar tendencias?
Los premios tienen una limitación evidente: reconocen obras ya estrenadas. No sirven para anticipar el futuro, pero sí para dar relevancia y visibilidad a trabajos que merecen ser vistos. Nosotros llegamos antes que los Goya, pero siempre hablamos de películas y series que ya han tenido contacto con el público. Lo que sí consiguen unos premios es amplificar la conversación alrededor de determinadas obras y ayudar a que encuentren nuevos espectadores.
Dentro de Lo que Viene ocupas un papel importante en el Laboratorio de Series. ¿En qué consiste exactamente?
El término laboratorio puede sonar muy científico, pero en realidad se parece más a un taller literario. Los creadores llegan con proyectos ya bastante desarrollados y durante el proceso reciben orientación por parte de profesionales de distintos ámbitos. Nuestro trabajo consiste en acompañarlos en la reescritura, el desarrollo y la preparación para futuras fases de producción o venta. Lo interesante es que reciben opiniones tanto de personas vinculadas a la industria como de perfiles externos que pueden aportar otra perspectiva.
¿Cómo valoras el nivel de los proyectos que llegan actualmente?
Muy alto. Una de las cosas que más me sorprende es la enorme cultura audiovisual que existe entre los nuevos creadores. Muchos proyectos llegan muy bien armados desde el principio. Evidentemente siempre hay aspectos que mejorar, pero cada vez encontramos propuestas más sólidas, más ambiciosas y mejor pensadas para encajar en el mercado actual.
Durante años parecía que la conversación cultural giraba alrededor del cine. Ahora las series ocupan un lugar protagonista.
Es verdad. Yo mismo soy un ejemplo de ello porque empecé escribiendo exclusivamente sobre series. Hubo un momento, coincidiendo con títulos como Los Soprano, A dos metros bajo tierra, Juego de Tronos o The Walking Dead, en el que gran parte de la conversación cultural se trasladó a la televisión. Los lunes la gente hablaba del capítulo que había visto el domingo. Hoy el panorama está más equilibrado, pero las series siguen ocupando un lugar central.
¿A qué atribuyes ese crecimiento?
Hay muchos factores. Uno de ellos, aunque parezca anecdótico, es el tamaño de las pantallas domésticas. Hace veinte años ciertas producciones parecían reservadas al cine porque una televisión pequeña no permitía disfrutarlas. Ahora las condiciones de visionado son completamente diferentes. Además, las plataformas han impulsado una circulación internacional de contenidos que antes era impensable.
Las series españolas también han ganado una proyección internacional muy importante.
Sin duda. El fenómeno de La Casa de Papel marcó un antes y un después. Después llegaron muchas otras producciones que demostraron que las series españolas podían competir internacionalmente. Algunas han funcionado mejor que otras, pero eso forma parte del ecosistema audiovisual. Lo importante es que existe una industria capaz de generar proyectos ambiciosos y con capacidad para viajar fuera de nuestras fronteras.

Este año Lo que Viene presentará títulos tan distintos como «El Inmortal» o «Millennial Mal». ¿Qué tendencias estáis observando?
Yo prefiero hablar de propuestas antes que de tendencias. Las tendencias se detectan después, cuando observas qué elementos comparten varias obras. Lo que vemos ahora es una enorme diversidad. Conviven series muy comerciales con otras mucho más arriesgadas o autorales. Y eso es una magnífica noticia porque demuestra que el público tiene acceso a una oferta muy variada.
Organizar eventos fuera de Madrid supone un reto logístico importante.
Muchísimo. La mayor parte de la industria sigue concentrada en Madrid y sacar los eventos de allí implica un esfuerzo enorme. Pero creemos firmemente en ello. Lo hemos hecho con los Premios Feroz y seguimos haciéndolo con iniciativas como Lo que Viene. Además, estos encuentros adquieren una relevancia especial fuera de los grandes centros culturales. En ciudades como Tenerife, Zaragoza o Pontevedra se genera una relación muy directa entre el público y los profesionales.
De hecho, has defendido en varias ocasiones que existe cierto prejuicio hacia el espectador que vive fuera de las grandes ciudades.
Sí, y es algo contra lo que lucho activamente. Hay un paternalismo muy injusto hacia determinados públicos. He visto debates y coloquios en ciudades alejadas de los grandes circuitos culturales con preguntas tan interesantes o más que las que surgen en festivales internacionales. A veces se subestima al espectador por cuestiones de edad, procedencia o perfil social, y eso es un error enorme. El interés por la cultura no entiende de códigos postales.
Para terminar, si tuvieras que elegir cinco series que te han marcado personalmente, ¿cuáles serían?
Lo tengo bastante claro. A dos metros bajo tierra es probablemente la serie que más me ha marcado como adulto. También incluiría Los Soprano, por cómo cambió la televisión moderna; Mad Men, por su complejidad y elegancia narrativa; The Leftovers, por la profundidad emocional que alcanza; y BoJack Horseman, porque consiguió hablar de temas muy duros desde una apariencia completamente inesperada. Son series que, de una manera u otra, me ayudaron a entender mejor el mundo y también a entenderme mejor a mí mismo.
