El príncipe Adam es un niño que se prepara para su futuro trono, mientras aprende el nobl arte de la lucha su hogar, Eternia, es atacado por el malvado Skeletor (Jared Leto) y sus secuaces, obligando al joven príncipe Adam a escapar de su planeta acabando perdido en la Tierra con su espada mágica, una espada que se le extravía inmediatamente.
Casi 20 años después, Adam (Nicholas Galitzine) es un joven adulto bastante normal, va a citas de Tinder, tiene un trabajo en recursos humanos y vive con su compi de piso con el cual mantiene una cómoda distancia , ya que, como todo el mundo, piensa que Adam está loco por decir que es el futuro heredero de una tierra extraterrestre. Todo empieza a cambiar cuando la extraña fijación de Adam de buscar espadas online cumple su objetivo. Adam consigue su ansiada espada mágica y casi de inmediato es atacado por un monstruo secuaz de Skeletor, pero tras este shock aparece Teela (Camila Mendes), una gran guerrera y amiga de la infancia de Adam, la cual le lleva rápidamente a la actual Eternia, un hogar muy diferente de los recuerdos de Adam, ya que esta está desolada y corrompida por el malvado poder de Skeletor.

Ya de vuelta a su hogar, se reencuentra con Duncan (Idris Elba). Adam lo recordaba como un fiero guerrero pero ahora ha sido degradado a un alcohólico que difícilmente puede mantenerse en pie. Nuestro protagonista se reencuentra con personas pertenecientes a su infancia como Ram-Ham (Jon Xue Zhang) o Fisto (Jóhannes Haukur Jóhannesson), tras estos eventos Adam se dará cuenta de que el futuro de Eternia está en sus manos y tendrá que convertirse en el gran He-Man para salvar su tierra, y con ella a sus amigos y su familia.
He-Man y los masters del universo es una clásica película de aventuras con chistes predecibles y efectos especiales espectaculares. A pesar de no ser una favorita a nivel personal, es la clase de película que emociona a los fanáticos de la franquicia. Yo no le daría mucha más atención pero si eres fan o te genera nostalgia este proyecto, te animo a verlo sin miramientos.