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Cazador cazado en «Libéranos del Mal»

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Felipe José García
Firma invitada
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Esta es la principal paradoja que nos encontraremos en esta producción de Corea Del Sur recientemente estrenada por Movistar CineDoc&Roll y distribuida por Youplanet Pictures. Un asesino a sueldo quiere retirarse, pero un suceso traumático le impedirá hacerlo. La mafia asiática en su máximo esplendor. Una historia de persecución para salvar la vida de inocentes daños colaterales. Cine asiático con altas dosis de hemoglobina y mucha violencia. Seguro que a Tarantino le encanta.

Ya conocemos la habilidad de los asiáticos para coreografiar bellas escenas de violencia. Espectáculo asegurado. Con una trama inicial complicada de seguir por su liosa presentación de personajes, puede provocar que el espectador se pierda en su primera media hora. Para los que sean capaces de diferenciar a los protagonistas y estén atentos a los saltos de tiempo el interés irá en aumento.

Ideal para hacer un remake yanqui. Su desarrollo es muy similar a las protagonizadas por Charles Bronson en los 70, Chuck Norris o Steven Seagal en los 80, Stallone, Van Damme o Bruce Willis en los 90, y Jason Statham o Vin Diesel en este nuevo siglo. Testosterona por un tubo.

Estamos ante la típica película de persecuciones sin aliento y con toque oriental.

Al igual que pasaba en La mujer del infierno, hay secundarios que darán frescura y diversidad a ese desarrollo tan típico y tópico del cine de acción. Jeon Mink Park es una especie de Paco León en La casa de las flores. Sin embargo el que se lleva la palma es el antagonista, con más parecido físico al Ken Jeong de la saga Resacón pero con una mala leche propia de los mejores psicópatas de la historia del cine. El contraste entre riqueza y pobreza recordará a la magnífica y multipremiada Parásitos, sobre todo por sus localizaciones. El resto de parecidos, más allá de que ambas son coreanas, es mera coincidencia. Eso sí, utilizada muy bien el recurso de la cámara lenta en esas excesivas escenas de acción.

Con un buen malo como Jung-jae Lee, todo sabe mejor. Él es el mal al que se refiere el título. Toca seguirle la pista en su carrera.

La parte central es lo más rescatable, sobre todo gracias a las luchas cuerpo a cuerpo por la supervivencia. Sin embargo, cuando entras en la recta final, donde el interés debe ser mayor para afrontar con ganas el desenlace, hay una sensación de desapego por el destino de los protagonistas. Parece una oportunidad desperdiciada, sobre todo en comparación con el cine de acción occidental del que finalmente mama demasiados clichés. Pero gustará al público final al que va destinado, los amantes de la violencia. Aunque el que aguante tendrá su recompensa, a pesar de su alargado clímax final, con un soberbio último plano cargado de mucho significado.

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