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«Aftersun»: retales de una vida

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Enrique Paniagua Martin
Enrique Paniagua Martin
Enfermo del cine y la literatura y, en menor medida, de las series. Fanático de Harry Potter, Friends y Marvel. Adorador de Fincher, Scorsese, Eastwood, Spielberg, Nolan, Tarantino y Céline Sciamma. Veo casi cualquier tipo de película y me encanta salir de mi zona de confort cinéfila. En Twitter soy: @QuiqueMartin27
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Siempre he pensado que para hablar de algo tan humano y cercano como la relación entre un padre y una hija, especialmente para hablar de ello bien, es necesario que quien escriba el guion se «desnude» y abra en canal ante el espectador durante el proceso de escritura. Cómo si para impregnar de verdad y realismo al relato el escritor tuviera que poner un poco de sí mismo en cada momento de la historia e impregnar con esa esencia las páginas en blanco.

AftersunSinceramente tengo la sensación, aunque no he podido confirmarlo del todo buscando entrevistas de la autora en las que hablase sobre su experiencia vital, de que esto es precisamente lo que hace la guionista y directora Charlotte Wells durante los algo más de noventa minutos que dura su opera prima Aftersun. La forma de narrar, de elegir los planos, y de decidir a qué darle más o menos importancia me deja entrever que hay mucho de ella porque, una vez vista la película -que llega a nuestra cartelera el dieciséis de diciembre- me he quedado con la sensación clara y evidente de que hay mucho de realidad, de nostalgia y de ternura en cada uno de los momentos que componen esta preciosa película. Como si ella estuviese revisitando su infancia también desde detrás de la cámara.

Aftersun - Festival de SevillaAftersun es una de esas cintas que más que verse en la pantalla se sienten dentro de nuestro pecho. Que parecen no ir de nada -al final no deja de ser una película que cuenta las vacaciones de un padre con su hija pequeña en un complejo turístico- pero que realmente van de absolutamente todo – ¿No es la vida algo que lo abarca absolutamente todo? -. Además, la cinta cuenta con una envoltura en forma de halo de misterio -siempre y cuando no hayáis leído la sinopsis previamente al visionado, si lo habéis hecho os han contado demasiadas cosas- que va acompañando a la narración mientras vemos a los personajes interactuar entre ellos con toda la naturalidad del mundo.

AftersunPor otra parte, hay una clara sensación de «tiempo detenido» durante todo el metraje y que adereza el viaje de los personajes mientras nosotros vemos crecer y desarrollarse la relación paterno filial poco a poco. Esa sensación va acompañada de un ritmo pausado, casi de «Slow cinema» que puede no gustar y conectar con todo el mundo. Es una película que está en los pequeños gestos y en los detalles y no tanto en grandilocuentes diálogos rápidos y escenas donde se manejen elevados ritmos narrativos. La cinta, como la vida, tiene su particular ritmo y si queremos entrar en esta preciosa y melancólica historia, deberemos aceptar sus reglas.

AftersunHuelga decir, eso sí, que es una película de personajes. Y, por lo tanto, creo que es importante señalar lo bien defendidos y construidos que están los dos protagonistas. Por un lado, tenemos a Paul Mescal (Normal people, La hija oscura) que defiende con uñas y dientes su personaje. Y todas las particularidades que lo envuelven. Creo que es un papel muy difícil el que tiene que realizar y lo lleva a buen término. En el otro lado del duelo interpretativo tenemos a la jovencísima Francesca Corio, que debuta en esta película, y ante la que solo puedo levantarme y aplaudir. Francesca no solo se come a Mescal -y eso solo ya tendría mérito- sino que se come toda la película. Su papel es impresionante y el manejo que demuestra de los recursos dramáticos es francamente llamativo para una actriz tan joven. Haríamos bien todos en seguirle la pista en sus próximos trabajos.

En cualquier caso, lo más importante de los personajes no es únicamente como rinden por separado, sino la buena química que demuestran juntos en pantalla. Los diálogos, las miradas, la forma en que interactúan y los pequeños gestos fruto de una larga relación los clavan y son ellos, además de la dirección de Wells, los que consiguen conectar con el espectador.

En resumen

Al final del día, estamos ante una película muy pequeña, cercana y que exhuma realidad por todos los poros. Si eres una persona a la que gusta el cine de este estilo, indie, de ritmo pausado, reflexivo e introspectivo creo que esta puede ser una grandísima propuesta. Además, estamos ante un espectacular debut de una directora a la que yo no dudaré en seguirle la pista en sus próximos proyectos. Recomendadisima.

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