Hoy, 20 de junio se cumplen 50 años del estreno de «Tiburón», la mítica película de Steven Spielberg, y es un momento ideal para volver a verla —o descubrirla por primera vez— ahora que está disponible en Movistar Plus+ desde el pasado 14 de junio. Pero, también es una oportunidad para ver el documental «50 años de Tiburón», que ha llegado hoy a la plataforma de Telefónica. Un documental dirigida por Olivier Bonnard y Antoine Coursat que nos invita a la nostalgia, abriéndonos una ventana al pasado para realizar un viaje por el tiempo y rememorar lo que significó en su momento el estreno de «Tiburón». Porque más allá de los dientes del escualo y la música inolvidable (solo dos notas fueron suficientes) de John Williams, este aniversario es una oportunidad para reflexionar sobre su legado. Porque Tiburón no es solo una película: es un punto de inflexión en la historia del cine.
Tal como nos muestra el documental, antes de 1975, Hollywood era otra cosa. Venía de una década marcada por el cine autoral, contestatario, casi militante, y un declive preocupante de los grandes estudios. Directores como Scorsese, Cimino Coppola o Altman habían traído una nueva mirada, más personal y cruda. Y entonces llegó un joven Spielberg con Tiburón, una historia de terror en el mar que arrastró a millones de personas a las salas… y cambió las reglas del juego.
Con su mezcla de suspense, efectos especiales y ritmo narrativo trepidante, Tiburón inauguró la era del blockbuster. Fue el primer gran taquillazo del verano, un fenómeno de masas que transformó para siempre la relación entre el cine, el público y los estudios. Su estreno dio lugar a que las distribuidoras lanzarán los multicines, que permitían proyectar la misma película a la vez en diferentes salas. A partir de ahí, los grandes estrenos se programarían en temporada estival, los presupuestos crecerían y el espectáculo pasaría a ocupar el centro del tablero. El cine dejaba de mirar hacia dentro y volvía a mirar al espectáculo, al entretenimiento puro.
Sin embargo, sería injusto reducir Tiburón a una fórmula comercial. Su tensión narrativa, su uso del fuera de campo —producto en gran medida de las limitaciones técnicas del tiburón mecánico— y su habilidad para jugar con el miedo primitivo al mar la convierten en una obra maestra en toda regla. Spielberg, con apenas 28 años, demostró un dominio del lenguaje cinematográfico que sigue sorprendiendo medio siglo después. El documental nos muestra como fue el rodaje de la película, y cómo los fallos que sufrió el tiburón mecánico hicieron que Spielberg, después de más de cien días de rodaje, repensará la historia de su «Diablo sobre ruedas acuático». Con claras influencias de Vinieron del espacio exterior, Spielberg junto al guionista Carl Gottlieb demostraron que con solo la insinuación del gran Tiburón Blanco, era suficiente para provocar en el espectador el desasosiego y el suspense que querían conseguir. Algo que también venía influenciado por la admiración que Spielberg sentía por Alfred Hitchcock, experto que mantener el suspense en todas sus películas, y que nos enseñó en varios homenajes al director británico, que trufan el film
A través de imágenes se archivo, somos testigos del proceso de producción de Tiburón (lo que hoy llamaríamos un detrás de las cámaras) que además de mostrar imágenes del rodaje, ofrece extractos de entrevistas con los tres protagonistas masculinos (Shaw, Scheider y Dreyfuss) a la televisión local de Martha’s Vineyard (localidad donde se rodó la película). Unos testimonios realizados en pleno rodaje, y que nos permiten comprender las dificultades que pasó Spielberg para sacar adelante la película, con un rodaje que llegó a los 159 días, frente los 69 previstos. Junto a los testimonios de diferentes personas relacionadas con el film, el documental nos permite ver en su conjunto lo que significó Tiburón y cómo cambió, para bien o para mal, la industria de Hollywood.
El documental 50 años de Tiburón, que se puede ver desde este viernes en Movistar Plus+, a partir del metraje de la película y grabaciones del rodaje, recupera el impacto que está provocó y lo analiza también, a través de testimonios como el de Lorraine Gary (mujer en la ficción de Roy Scheider), Wendy Benchley (viuda de Peter Benchley, autor de la novela en la que se basó el filme), Carl Gottlieb (guionista de Tiburón), Joe Alves (diseñador de producción del flm) o el director francés Alexandre Aja, admirador de Spielberg. En resumen, el documental es una carta de amor a una película que definió una época y una industria.
En definitiva
Cincuenta años después, el impacto del estreno Tiburón sigue resonado. Porque Tiburón no fue solo el inicio de los blockbusters (pocos comparables a lo que es el film de Spielberg), sino que fue, y sigue siendo, una lección de cine. Una película que nos enseñó que el miedo puede empezar con dos notas musicales (Spielberg se rio cuando John Williams le presentó la idea), que menos a veces es más y que, en el fondo, el cine sigue siendo ese lugar donde podemos sentirnos atrapados, fascinados… y devorados por una gran historia.