A pesar de ser un espectáculo audiovisual como pocos, en The Substance yacía un alma melancólica; la sensación de que aquello que brilló en antaño, ahora es un estorbo. Demi Moore lo bordó como Demi Moore en un film implacable que divertía y perturbaba a partes iguales. Es complicado separar forma y fondo en The Substance, pero si lo hiciéramos, veríamos que el fondo es muy similar al de The Last Showgirl, la nueva película de Gia Coppola, nieta del mítico Francis Ford Coppola.
The Last Showgirl nos sumerge en el terrible estado de melancolía que vive Shelly Gardner, una bailarina de 57 años que lleva tres décadas actuando en Le Razzle Dazzle, un espectáculo obsoleto en la Las Vegas de la década de los 2020. Tras media vida dedicada a ello, Shelly se entera de que Le Razzle Dazzle está a punto de desaparecer. Melancólica y perdida, rememorará las decisiones que ha tomado en su vida en aras de entregarse por completo a un mundo que, dentro de poco, desaparecerá.

Pamela Anderson no es Demi Moore. Mientras que Moore ha sido una estrella de Hollywood, Anderson ha vivido una vida un tanto turbia más enfocada en los escándalos personales que en su carrera artística. Por ello, Anderson se interpreta a sí misma como Moore lo hizo en The Substance, aunque el tono de las películas sea bien distinto. Lo que en la obra de Coralie Fargeat es festivo, aquí es depresivo.
Las Vegas es un gran escenario para representar el estado psicológico de Shelly Gardner. El aura cadavérica de una ciudad decadente y gris casa a la perfección con la mirada de un personaje que evoca a todo aquello que está desapareciendo. A poco que el espectador haya vivido 20 años, verá que poco queda del mundo que conoció. Esta tesis puede extenderse a muchos ámbitos, pero en The Last Showgirl se centra en una mujer que creyó ser la reina del mambo y que acaba siendo una sombra de lo que un día (pensó que) fue.
Al margen de su interesante reflexión, The Last Showgirl es bastante simplona. Sí, es una película pequeña, pero peca de conservadora. No ahonda en el estado psicológico de su protagonista, sino que plasma su melancolía sin ensañarse con ella. Es una decisión respetable, pero resta muchísimas posibilidades que apenas explora al final del metraje. Entiendo que, con ello, se enmarque en un tipo de cine alejado muy de The Substance, pero no creo que favorezca demasiado al retrato de un personaje cuya naturaleza no dista de ser aquel bar del barrio al que ibas cuando eras joven y que ahora es una cafetería para hacer el brunch.
