La repentina decisión de César Alierta de vender Antena 3 mediante OPV y reparto extraordinario entre accionistas de Telefónica se ha recibido con estupor en el cuartel general del Grupo Planeta. La estrategia de Alierta ha supuesto un cambio radical del libreto y del guión, aunque no de las expectativas de hacerse con el control de Antena 3, que aún siguen intactas para cualquier aspirante a querer hacerse con las riendas de la cadena privada de TV.
En los últimos meses, las negociaciones llevadas a cabo personalmente entre el presidente de Telefónica y los potenciales compradores -aparte interferencias de Pedro Antonio Martín Marín desde la presidencia de Admira- llevaron a César Alierta a la cuenta de que lo que en realidad le ofrecían estaba muy por debajo del precio mínimo que él pretende obtener, que como poco es el valor en libros de la compañía audiovisual: 1.400 millones de euros por el total de Antena 3. Cuando Alierta vio que las posiciones estaban muy lejos de las expectativas que se había fijado y que se acercaba peligrosamente el plazo legal para la venta de la emisora, convocó un Consejo de Administración Extraordinario de Telefónica, en su forma habitual de actuar, e improvisó un giro de ciento ochenta grados en el último minuto.
Alierta se ha guardado cartas en la manga para que nadie pueda forzarle con la obligación de una mala venta de Antena 3. Anunciados los planes de desinversión de Telefónica, la pregunta del millón es ¿cómo puede ser el futuro de Antena 3? Puede ocurrir que la esperada OPV de Antena 3 no sólo incorpore el 30 por ciento del capital de la cadena, sino que además incluya una parte del paquete en propiedad del SCH (18,48 por ciento), ya sea total o parcial.
Emilio Botín sabe muy bien que la forma de optimizar ese paquete accionarial es yendo de la mano de César Alierta en la OPV, y tampoco quiere quedarse colgado. Esa alternativa supone que la salida al mercado bursátil ascendería al 48 por ciento de la cadena. Este aumento conlleva una mayor garantía de liquidez de una empresa en Bolsa y, por lo tanto, mayor estabilidad de la acción. De esta forma, se induce a que la acción de Antena 3 pueda tener más empaque, menos volatilidad y mayor valor.
Lo que no ha dicho Telefónica es cuándo piensa pagar a sus accionistas el dividendo en títulos de Antena 3. Si el «cuándo», como ya adelantó ayer ABC, se hace simultáneamente con la OPV, esas acciones que se les van a dar a los socios de Telefónica podrían ser las mismas que van destinadas a Bolsa. El «cuándo» permite a Alierta colocar en el parqué las mismas acciones que luego va a ir a parar a los socios de Telefónica. Así, la operadora mantendría en la bocamanga de su cartera de valores una participación de otro 30 por ciento de Antena 3, teóricamente destinada a un potencial comprador industrial que además tendrá que pagar por ella el precio en Bolsa, por razones obvias mayor que el valor en libros.
En todo caso, el presidente de Telefónica vendería ese otro 30 por ciento a un precio como mínimo equivalente al de la OPV. Conclusión, César Alierta cumple con la limitación normativa y vende Antena 3 a un grupo industrial al que le otorga el control de la cadena. Sólo que ese eventual nuevo socio no tendría la necesidad de comprar el 51 por ciento de las acciones. Eso sí, Telefónica le obliga a pagar un sobreprecio a cambio de eximirle de adquirir la mayoría absoluta del capital de la cadena privada. Ese paquete destinado al socio industrial siempre deberá ser superior al del Grupo RTL, que supone el 17,26 por ciento de Antena 3.
En suma, la baraja ofrece aún muchas posibilidades, pero Alierta ha asegurado un buen precio a Telefónica.






