Radiotelevisión Española, como miembro de televisión abierta, el grupo conformado por los principales agentes de la Televisión Digital Terrestre en España, suscribe la última petición del grupo por la continuidad del acceso libre y gratuito a este medio de comunicación audiovisual. Ángel García Castillejo, director del Área de Políticas Audiovisuales, Servicio Público e Internacional de RTVE, es secretario de televisión abierta.
En España, la televisión libre y gratuita que informa, entretiene, educa, cohesiona y ofrece acceso universal es la TDT. Representa el 71,8% del consumo de televisión y es la única solución tecnológica que cumple con los requisitos de servicio de interés general, incluyendo la prestación del servicio público. La TDT también actúa de motor de la producción de contenidos española, un sector diversificado y con gran implantación territorial.
La TDT no discrimina a la ciudadanía por razones sociales, geográficas o de edad y es la forma más inclusiva y sostenible de distribución de contenido audiovisual. También es la más robusta en caso de emergencia y proporciona un canal de comunicación con la ciudadanía. Europa es un continente de TDT y está presente en casi 185 millones de hogares (el 45% del total).
En lo que respecta a su evolución, los agentes sectoriales llevan años innovando y trabajando para acometer la migración de todas las emisiones a Alta Definición (HD) y el inicio de emisiones en Ultra Alta Definición (UHD) en España. Asimismo, han sido capaces de implantar en nuestro país soluciones híbridas que aúnan lo mejor del mundo de la radiodifusión e internet. Además, teniendo en cuenta el largo plazo, están participando en la definición y concreción de soluciones tales como el 5G Broadcast.
Todo podría estar en riesgo
La TDT utiliza la banda de espectro 470–694 MHz, conocida como sub700MHz. Esta banda es la única disponible tras haberse acometido el primer y el segundo Dividendo Digital. Sin acceso a esta banda garantizado a largo plazo, la TDT verá comprometida su capacidad inversora, operativa, innovadora y competitiva. Como consecuencia directa, los ciudadanos no tendrían acceso universal, libre ni gratuito a los contenidos en abierto actuales. Asimismo, su libertad de elección se vería reducida por decisiones regulatorias y no por dinámicas de mercado. También la propia producción española de contenidos se vería gravemente comprometida.
En la actualidad, esta banda se usa de forma eficiente y compartida tanto en España como en el resto de Europa. De hecho, la TDT comparte existencia con los servicios de producción audiovisual inalámbrica (conocidos como PMSE), los perfiladores de viento o los radares meteorológicos. Los servicios PMSE son indispensables no sólo para la producción audiovisual, sino también para organizaciones culturales, deportivas, artísticas, políticas, religiosas, educativas y de la sociedad civil. Sin el acceso a la banda, las industrias creativas y culturales se verían afectadas. Y también lo estaría la producción de contenidos, tanto española como europea.
En la Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones de 2023 (CMR-23) se debatirán posibles cambios en el acceso a esta banda de espectro. En caso de alteración del actual statu quo, el resultado impactará a la TDT y al resto de usuarios de la banda.
Existe un intenso debate entre administraciones de diferentes países sobre el futuro del acceso a la banda sub700MHz. En aras de una supuesta flexibilidad en el uso de esta, algunas administraciones plantean abrirla a otros usos, pero sin aportar estudios concluyentes sobre la relación coste-beneficio que ello supondría.
En España sabemos bien que abrir la banda a otros usos significaría perder uno de los ecosistemas audiovisuales más potentes y diversos de Europa. También sabemos que se produciría una grave alteración de las dinámicas competitivas del mercado. Pero no conocemos ningún beneficio para España en caso de que cambiase la regulación de acceso al espectro.
En resumen, una decisión favorable a cambiar el actual régimen de acceso a la banda sub700MHz en la CMR-23 pondrá en riesgo el acceso universal, libre y gratuito de los ciudadanos españoles a la plataforma de consumo mayoritario que cumple con los requisitos de servicio de interés general, alterando gravemente la competencia existente en el sector audiovisual e incluso la propia producción española de contenidos.
Por todo lo anterior, la posición de televisión abierta con respecto a la agenda de la CMR-23 es la defensa de la seguridad jurídica en el mantenimiento de la prestación del servicio de TDT en la banda UHF y por lo tanto de no cambio, manteniendo su asignación en primario.
La presente posición es compartida con la mantenida oficialmente por la Administración Española, el sector europeo de las industrias creativas y culturales, así como con organizaciones representativas del sector en Europa, tales como la Unión Europea de Radiodifusión (UER) o la Broadcast Networks Europe (BNE).
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La cinta, que llegará a los cines españoles el 17 de junio, nos narra la historia de este grupo de amigos, distanciados por el tiempo y la vida que vuelven a reunirse en casa de Blanca para comer y ponerse al día de todo lo que han ido haciendo durante el periodo que ha transcurrido desde la última vez que estuvieron todos juntos.
El largometraje dirigido por Maria Ripoll va escalando en sus ideas con paso lento pero firme. Y, aunque comienza siendo una comedia al uso, va a ir «quitándose la careta» poco a poco para hablarnos de lo que realmente quiere hablarnos, que no es otra cosa que el dolor y la pérdida y como algunos actos traumáticos son capaces de separar a las personas.
Esta combinación de comedia y drama está perfectamente equilibrada mientras explora las relaciones interpersonales de sus personajes. A los que dan vida un elenco de actores jóvenes donde destacan tanto Ingrid García Jonsson como Elena Martin, que son claramente el alma de todo ello. Y es que, en el momento que la cinta pasa ese punto donde sus personajes comienzan a sincerarse y a hablar entre ellos de hechos ocurridos en el pasado, ya no hay marcha atrás. La cinta se eleva y se convierte en algo completamente distinto, mucho más potente dramáticamente e interesante en las reflexiones que lanza. El uso de los flashbacks está introducido de forma muy inteligente para que nosotros conectemos mejor con los hechos que debemos descubrir como espectadores. Y la forma en que se nos muestran las diferencias relacionales de esos momentos pasados a los actuales también ayuda a todo ello.
Debo decir, eso sí, que no nos encontramos ante una película pesimista. A pesar de los temas que trata la película mantiene el foco en ser una visión vitalista de la vida y una celebración de la misma. Manteniéndose en el terreno del canto a la vida por encima de todas las cosas y narrándonos esos pequeños momentos cotidianos en la vida de todo el mundo que nos mantienen pegados al suelo.





Reconozco que la premisa no es el colmo de la originalidad. Y que, seguramente, no es una película que brille por su capacidad de sorprender al espectador con grandilocuentes giros de guion inesperados o tramas muy complejas. Pero, a pesar de que la peli no es ni más ni menos que lo que esperas que sea al leer la sinopsis, el guion tiene la capacidad de saber elegir, francamente bien, como presentarte a los personajes (especialmente mediante el humor) y, posteriormente, trazarte bien su arco de desarrollo para que empatizar con todos sea realmente sencillo y puedas conectarte de lleno con esta historia que es por momentos tierna pero que, en otras ocasiones, no rehúye de ir un pasito más allá y entrar en el terreno de la denuncia social.
Y es que, al final del día, este tipo de cine que está tan metido en el terreno de las Feel Good movies es un cine que se caracteriza por sus personajes. Por la capacidad que tengamos como espectadores de conectar con los chicos, con Cathy o con Lorenzo (al que da vida el enorme François Cluzet) y pasar un buen rato con ellos. Y pienso que es justo ahí donde radica la belleza de la cinta. Durante todo su metraje me he reído, emocionado y, en ocasiones, indignado con las situaciones que se nos van planteando. Y creo que esa es la clave de este tipo de cine: La emoción. Conectar con personas que, seguramente, están a millas de distancia de lo que solemos ver en nuestro día a día. Y plantearte si las situaciones que la película denuncia (aunque debo decir que nunca acaba metiéndose del todo en esta faceta, cosa que yo habría agradecido), que están a la orden del día en Francia y también en nuestro país, no requieren de una reflexión interna por parte de todos nosotros.
En cualquier caso, y volviendo puramente al cine, si que debo decir que la película tiene algún bajón de ritmo pasada la mitad de la misma. Es cierto que, posteriormente, lo levanta todo con un final muy bien pensado que coge la emotividad por bandera. Pero hasta llegar ahí tengo la sensación de que le habría venido bien agilizar algunas de las tramas secundarias o, quizás, recortar cinco o diez minutos de metraje.

