La 1 estrena el próximo miércoles en prime time «Salón de Té La Moderna», su nueva serie diaria que llevará a los espectadores al Madrid de 1930 y a las historias de empleadas y clientes de un distinguido y céntrico salón. Basada en la novela «Tea rooms» de Luisa Carnés, tras su estreno en prime time se emitirá cada tarde en La 1 desde el jueves. Estreno multicanal de los dos primeros capítulos: miércoles 27 a las 22:40 horas en La 1, La 2, Clan y RTVE Play.
Platós de 2.500 m2 y tema central de Pastora Soler
Coproducida por RTVE y Mediawan con la participación de Boomerang TV, La Moderna se rueda en localizaciones naturales del Madrid de principios del siglo XX y en unos platós de más de 2.500 m2 que recrean el salón de té, una imponente galería comercial y las viviendas de los protagonistas en una emblemática corrala.
La música tendrá un papel destacado en la nueva producción y su tema central está interpretado por Pastora Soler y compuesto por Tony Sánchez-Ohlsson. La canción, titulada La Moderna, está especialmente compuesta para la serie y para Pastora Soler y habla de la historia de amor que discurre en el salón de té que da nombre a la ficción.
El equipo
Helena Ezquerro, Stéphanie Magnin y Almagro San Miguel son el triángulo protagonista de una serie en la que destacan los nombres de Miryam Gallego, José Luis García-Pérez, Teresa Hurtado de Ory, Sara Rivero y Berta Galo. Junto a ellos, Llorenç González, Berta Castañé o Barbara Mestanza encabezan un reparto muy coral.
La Moderna cuenta con un reputado equipo creativo y técnico, compuesto por profesionales con una amplia experiencia y que impulsarán el formato marcado en las nuevas series diarias, con una cuidada puesta en escena y con innovadores aspectos técnicos. Al frente de la producción están Luis Santamaría y Humberto Miró y la dirección corre a cargo de Liliana Bocanegra, Isaac Cantero, Pedro Martínez y David Montoya. El equipo de guión, coordinado por Carlos Martín Eguía y Joaquín Santamaría, está compuesto por Miquel Peidró, Jose Antonio López (Kata), Remedios Crespo, Ignasi Rubio, Juan Manuel Beiro, Angela Armero, Neus Peidró, Sergio Barrejón y Jose Angel Domínguez.
Así es «La Moderna»
Madrid, 1930. Matilde es una joven de familia humilde que vive con su madre, Rosario, y sus tres hermanos. Llega buscando trabajo al Salón de té La Moderna, uno de los cafés más elegantes de Madrid, donde se encuentra con Íñigo, su amor de adolescencia. Íñigo es ahora un joven bien situado, mano derecha de don Jaime (José Luís García-Pérez), uno de los empresarios más importantes de la ciudad. Entre los dos jóvenes vuelve surgir la pasión, pero doña Carla (Stéphanie Magnin), mujer de don Jaime y antigua novia de Iñigo, no está dispuesta a permitirlo.
La serie está basada en Tea rooms, novela publicada en 1934 y una de las más conocidas de Luisa Carnés, una de las grandes escritoras de la Generación del 27. La autora se inspiró en sus propias vivencias como camarera en una pastelería madrileña. La novela es una crónica centrada en las experiencias reales de las mujeres de la época.
Ambientada en el Madrid de 1930, la historia retrata una época apasionante a partir del día a día de las trabajadoras y clientes de un salón de té cercano a la Puerta del sol: nuevos tiempos, grandes transformaciones sociales y, también, espacio para el buen vivir y el glamour.
En el salón de té en el que se centra la historia se observan paradojas y contradicciones. La opulencia del local y la elegancia de la clientela contrasta con la realidad de sus empleadas. Una de las grandes fortalezas de la nueva serie de RTVE es la vigencia de sus historias, que permiten reflejar la sociedad de la época y los sentimientos, que serán el motor principal en sus tramas.
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Stallone da una vuelta de tuerca en la dinastía y reparte el peso de la historia sobre los antiguos -y nuevos- miembros del equipo de protagonistas. Con un especial hincapié en Jason Statham, cuyo personaje «Christmas» desprende una nueva energía comparado con el resto de la saga y tiene hasta desarrollo dramático entre cuchillo y cuchillo. No podía faltar su momento Sr. y Sra. Smith compartiendo cama con Megan Fox. Casi nada. Una vez que conoces a su personaje, Gina, solo esperas ver quién es, a qué se dedica y cuando va a tener su intervención Transformers. Acaba siendo una líder de repuesto, maquillada como si estuviese en Jennifer’s Body y con modelito Catwoman en una misión suicida. Los Mercenarios 4 cumple la misión prometida haciendo lo que mejor sabe: no tomarse en serio.
Si hay algo diferencial en esta saga es la eliminación de los «momentos estrellita de Hollywood» con cameos de tres frases célebres; como los de Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger en la primera entrega o Harrison Ford en la tercera a los mandos de un helicóptero como Han Solo. Aquí no hay tanto nombre gordo ni en el equipo, ni personalizando villanos. En esta entrega se centran más en lo que hay en juego (Una bomba nuclear con sus correspondientes detonadores clave) que en el villano reconocible como comenzaron primero con Eric Roberts, para seguir con Van Damme (el mejor para mí de toda la saga) y Mel Gibson sucesivamente. Aquí el villano «invisible» se llama Ocelot, puede que os suene el nombre…y su cara.
La película cuenta con una estructura narrativa a la antigua usanza, con una cagada inicial del equipo y sucesivos giros que nos llevan a una traca final donde apuestan todo al rojo. En este caso se desarrolla en un barco que esconde al villano y su arma final. Esta última parte del filme os recordará a los más viciados, al Metal Gear Solid 2, y el inicio del videojuego con un Solid Snake infiltrándose y saliendo airoso de un barco entre lluvia, enemigos y un arma mortal. En esta parte Statham se hace con el timón y tiene momentos que afilan su desarrollo de personaje, con un momento «tabla de Jack en Titanic». Fijaos si esta teoría tiene sentido que el nombre del villano se llama como el gran enemigo de Snake en el videojuego: Ocelot.
Scott Waugh (Hidden Strike con la doble J: Jackie Chan y John Cena) dirige el barco y monta esta avalancha de testosterona, balas y background de personajes sobreexplicados. Se nota su experiencia en el mundo del montaje a la hora de rodar y plasmar las escenas de acción. Es complicado centrar casi toda la película en dos ubicaciones: Libia al inicio -que mala casualidad- y el barco del final; pero Waugh demuestra su experiencia al volante de la malograda Need For Speed -basada en un videojuego- para darnos un comienzo frenético con persecuciones al villano: Rahmat (Iko Uwais). Lo que si se pudo perder un poco fue el amor por la saga, con un Sylvester Stallone fuera del pilotaje, ya que está más cerca de Red 3 que de Rambo 6, y busca pasar el testigo del anillo único al compadre «Christmas» Statham.
Y es que Jason Statham está pasando sus últimos años de barco en barco como en las dos entregas de Megalodón. Aquí no le hace falta patear escualos, sino demostrar que lo más importante es «cumplir con tu misión» y descubrir la identidad de Ocelot. El resto de secundarios agradecen que haya menos momentos «Lluvia de estrellas» y así poder hacerse con más frases, gags y asesinatos (3×2) a secundarios como Gunner (Dolph Lundgren, brutal su conversión de personaje como francotirador miope y abstemio) y Tolly Road (Randy Couture y La Oreja de Van Gogh, que fue capaz de cargarse él solito a Steve Austin en la primera entrega). Y de los nuevos, el mejor sin duda 50 Cent, con un arquetipo de personaje entre Mr. T en El Equipo A sumándole su toque «gangsta». Tiene uno de los mejores gags cómicos y recoge el testigo de Terry Crews sin tantos bíceps, pero con más flow. Lo del personaje de Galán (Jacob Scipio) suena a que Antonio Banderas no pudo por problema de agenda o de caché, por lo que decidieron cambiar a su personaje por su hijo; al cual chirría tanto como La Máscara del Zorro. Mención aparte merece Andy «Palillo» García con momentos Nicolas Cage.






