Apple TV+ ha presentado el tráiler de la cuarta temporada de su serie celebrada a nivel mundial, nominada al Premio Emmy y ganadora del BAFTA, “Slow Horses”, protagonizada por el ganador del Oscar Gary Oldman. Adaptación de «La calle de los espías», la cuarta novela de la «Serie Jackson Lamb» (publicada en España por Salamandra) de Mick Herron, la cuarta temporada de «Slow Horses» se estrenará en todo el mundo el miércoles 4 de septiembre en Apple TV+ con sus dos primeros episodios, seguidos de un nuevo capítulo cada miércoles hasta el 9 de octubre en Apple TV+.
Slow Horses es un drama de espionaje lleno de humor negro que sigue a un disfuncional equipo de agentes de inteligencia británicos que trabajan en un «vertedero» del MI5 conocido como ‘La Ciénaga’. La cuarta temporada comienza con la explosión de una bomba que hace saltar por los aires varios secretos personales, sacudiendo los ya inestables cimientos de La Ciénaga.
Gary Oldman interpreta a Jackson Lamb, el brillante e irascible cabecilla de los espías que han acabado en La Ciénaga debido a graves errores en su carrera. El reparto también incluye a la nominada al Óscar Kristin Scott Thomas, el ganador del BAFTA Jack Lowden, Saskia Reeves, Rosalind Eleazar, Christopher Chung, Aimee-Ffion Edwards, Kadiff Kirwan y el nominado al Oscar Jonathan Pryce. El ganador del premio SAG Hugo Weaving, la ganadora del BAFTA Joanna Scanlan, la ganadora del IFTA Ruth Bradley, Tom Brooke y James Callis se unen a Slow Horses en esta nueva temporada.
Slow Horses es una producción para Apple TV+ de See-Saw Films, adaptada para la televisión por Will Smith («Veep»). Jamie Laurenson, Hakan Kousetta, Iain Canning, Emile Sherman, Jane Robertson, Julian Stevens, Douglas Urbanski, Gail Mutrux, Graham Yost y Will Smith son los productores ejecutivos de la serie. La cuarta temporada está dirigida por Adam Randall.
Las tres primeras temporadas de Slow Horses, que tienen una puntuación de ‘Certified Fresh’ en Rotten Tomatoes, están disponibles al completo en Apple TV+. Además de la cuarta temporada, Apple TV+ confirmó recientemente una quinta temporada que adaptará la siguiente novela de la saga, «Las reglas de Londres».
Desde su estreno en 2022, Slow Horses ha ganado dos premios BAFTA y ha obtenido nueve nominaciones más. Las victorias de 2024 fueron para Mejor Montaje de Ficción y Mejor Sonido de Ficción, y las nominaciones a lo largo de 2023 y 2024 incluyeron: Mejor Serie Dramática; la primera para Oldman como Mejor Actor Principal; la de Lowden como Mejor Actor de Reparto; Mejor Montaje de Ficción; Mejor Montaje de Ficción; Mejor Música Original para Daniel Pemberton y Mick Jagger; Mejor sonido; y Mejor Diseño de Maquillaje y Peluquería. La serie también obtuvo el premio a la Mejor Serie Dramática en Inglés en los Premios Internacionales Drama C21 de 2022.

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La historia nos sumerge en la Roma del año 79 d.C. Una crisis económica se extiende por todo el Imperio y el emperador Vespasiano alivia las tensiones del pueblo con una amplia oferta de espectáculos en el Coliseo. En medio de estos conflictos, las consabidas intrigas políticas y luchas de poder a las que estamos tan acostumbrados.
Robert Rodat, responsable de los libretos de Salvar al soldado Ryan (Steven Spielberg, 1998) y El patriota (Roland Emmerich, 2000), es el responsable de adaptar la obra homónima del polifacético Daniel P. Mannix, que también supuso, a su vez, una inspiración para la celebrada película protagonizada por Russell Crowe. El amante de la destrucción gratuita Roland Emmerich (Independence Day, El día de mañana) es el responsable de la mitad de los episodios y le otorga el estilo visual a este drama aderezado con numerosas escenas de acción.
El cineasta alemán parece no sentirse cómodo fuera del traje de sus artefactos apocalípticos, y aquí se descubre como un torpe maestro de ceremonias que, en cierto modo, parece echar por tierra el trabajo del resto del equipo. A pesar de que su guion no termine de generar interés, es en el apartado visual de la serie donde esta costosa epopeya de 140 millones de dólares se desinfla de forma bastante incomprensible. El vestuario, el diseño de producción y cada uno de los pilares técnicos cuya calidad se da por sentada en una producción de este calibre, se ven desbaratados por una desastrosa fotografía y un aún más desastroso CGI que, en una desastrosa asociación, elevan al Olimpo cinematográfico las miniseries bíblicas que programaban las cadenas televisivas de nuestro país en Semana Santa, allá por los noventa.
Los títulos de crédito, que plagian sin complejos a los de Juego de tronos (David Benioff, D.B. Weiss, 2011), parecen adelantarnos que estamos ante una versión de espada y sandalias de la conocida serie de HBO. Todo sería aceptable hasta comprobar en los primeros episodios que la cosa ni tan siquiera alcanza el nivel de series como Roma (John Milius, Bruno Heller, William J. MacDonald, 2005) o incluso de Spartacus: Sangre y arena (Steven S. DeKnight, 2010), realizadas hace unos cuantos años y con algo menos de presupuesto. El desinterés se palpa en el ambiente y las historias y personajes no consiguen dejar huella en el espectador, que asiste con cierta inercia a un conjunto previsible que, a fin de cuentas, se deja ver entre tanta fanfarria y tanta trama.
El morbo cuando uno asiste a una hecatombe audiovisual de altura como es esta serie, nos lleva a olvidarnos de ese irritante juego de cazar gazapos en una producción de época, y nos embelesa con un CGI que ha conseguido llevar a la esfera digital de unos y ceros el concepto de cartón piedra, asistiendo a unas cotas de falta de calidad que, bien mirado, podrían tener su gracia y hasta su interés. Los cromas en las escenas de carreras de cuadrigas no reflejan el esmero puesto en un proyecto tan colosal y, en general, todo tiene un barniz que, en estos tiempos que vivimos, nos hace pensar en que estamos ante una primera muestra certera de los efectos de la inteligencia artificial en la ficción televisiva y cinematográfica.
La presencia de un Anthony Hopkins interpretando a Vespasiano en modo «pasaba por aquí» –o, si se prefiere: «extiende el cheque» – o de Iwan Rheon –que reproduce aquí muchos de los aspectos despreciables del vil Ramsay Bolton en la serie de Benioff y Weiss–, no consiguen darle lustre a un conjunto anodino en el que nada de lo que ocurre importa realmente, y que parece más bien una eterna –y cara– música de ascensor.

Desde que huye de un tiroteo en una discoteca de ciudad donde está de excursión con sus compañeros de Instituto, hasta que regresa a su casa, Lillian recorre el caleidoscopio que es la sociedad americana (la del Este), como una Alicia de Lewis Carroll. Y lo hace en una atmósfera casi dulce, a pesar del ir y venir de los acontecimientos a cada cual más inquietante.
Así, Lillian, en su marcha hacia adelante, se ve conviviendo con un culto profesor –fascista y extra conservador- con quien se convierte en una Lolita de libro, al menos, espiritualmente; de ahí, a ser una actriz de categoría, descubierta en plena calle –el sueño de muchos- por unos directores noveles, miembros activos del ‘black power’; y, más tarde, tras ser testigo de una matanza en pleno set de rodaje, termina refugiada en un granero propiedad de un grupo de radicales islámicos.
De esta manera tan sutil, conectándolo todo, haciendo valer la imagen sobre el guión, y con una criatura casi mágica envuelta en un halo vintage como guía, el director de The Sweet East, Sean Price Williams, le da forma de cuento de aventuras a esta sátira, logrando que funcione la inconsciencia.
Menos mal que cada cierto tiempo te arranca una sonrisa socarrona a modo de bofetón cariñoso y te vuelve a centrar. Como si quisiera advertirte de que lo que ves, existe y es preocupante. Eso sí, lo hace con calma pero sin pausa, como es la película. Por cierto, su primera película.
Con todo esto en la maleta, sentía cierto temor ante la perspectiva de una secuela de la cinta que tanto me enamoró en su día. Primero porque Pixar ha tenido ciertos tropiezos en las secuelas de sus grandes hits. Y segundo porque veía difícil conseguir algo que no palideciese en la comparación directa con su antecesora. Pues bien, el el pasado 19 de Junio se estrenó en los cines la esperadísima Del revés 2 y yo debo decir que he salido más que contento de su visionado.
La cinta tiene una construcción narrativa muy similar a su predecesora. Vuelve a usar el esquema de que ciertos personajes tienen que ir de un punto a otro punto para conseguir algo y volver con lo conseguido a tiempo para solucionar los problemas ocasionados. Pero, aunque repite la estructura -y eso le resta algo de originalidad-, te lo compensa con las nuevas adquisiciones en forma de emociones más complejas – Ansiedad, Vergüenza, Aburrimiento y Envidia- y las formas en cómo trabaja con ellas en comparación a cómo trabaja con las emociones que ya teníamos presentes en la primera película.
El hecho de centrarse en la pubertad de Riley le da a la cinta una serie de capas de subtexto que no podía permitirse, por razones obvias de la edad, en la primera entrega y otorgarle el peso a Ansiedad en gran parte de la película nos hace entender a todos, tengamos más o menos cerca esa etapa, lo duro que puede llegar a ser crecer durante la adolescencia.
Del revés 2 trabaja francamente bien el peso de las relaciones sociales durante ese momento vital -aunque obvia las primeras atracciones amorosas, en una decisión un tanto sorprendente- y cómo a veces los adolescentes son una bomba emocional que no saben por dónde tirar y que tienen momentos donde se sienten totalmente sobrepasados por lo que están sintiendo y viviendo.
Además, creo que la construcción del torbellino emocional que supone crecer, lo grandes que pueden parecer algunos problemas que, visto con perspectiva no lo son tanto, pero que en el momento que los estás viviendo para ti si que lo eran y la forma como conjuga todo ello con lo que pasa en el interior de Riley hacen de esta cinta una de esas que se van a usar -como ya ocurrió con la primera entrega- en institutos para explicar ciertos procesos emocionales. Se nota que el guion se ha trabajado muchísimo en esa dirección y en cómo el carácter y la personalidad se van formando poco a poco mediante nuestras experiencias y creencias. Además de volver a hablarnos de la función adaptativa que tienen las emociones y volver a repudiar de la tendencia errónea que tenemos en muchas ocasiones de hablar de emociones positivas y negativas cuando todas tienen su función.
