Hubo un tiempo en que Cameron era uno de los mejores directores del mundo. El creador de «Terminator», «Titanic» o «Aliens 2» era un tipo que nos enamoró a todos por su capacidad para innovar tecnológicamente -todos recordamos la escena de la máquina de café de «Terminator 2»-, por llevar al límite sus producciones y por conseguir aunar el amor del gran público con el reconocimiento crítico.
Es sorprendente, cuanto menos, que el director que enamoró a una generación y que se llevó hasta la cubertería en los Oscars de 1998, lleve anclado a una saga desde hace 17 años (29 años si sumamos desde lo anterior, que fue Titanic) a la que se prevé que aún va a dedicarle unos cuantos años más si finalmente realiza él mismo la cuarta y la quinta entrega.
Ahora bien, esto no tiene por qué ser malo perse. A mí me gustaría verle haciendo cosas distintas, pero es innegable que Avatar es una revolución en cualquier aspecto técnico y que marca un estándar de calidad en cuanto a CGI que nunca antes habíamos visto y que vamos a tardar en ver algo remotamente similar. El problema, por eso, viene cuando nos preguntamos ¿realmente tiene material para contar suficiente con el que llenar cinco películas? Y la respuesta, viendo esta tercera, es que puede que no.
Avatar: fuego y ceniza, que llegó a nuestra cartelera arrasando con todo el pasado 19 de diciembre, es una película muy potente en muchos aspectos. Su diseño de producción sigue siendo tremendo, su capacidad para crear imágenes icónicas surgidas únicamente de la mente de su creador es innegable y Pandora es un mundo maravilloso en el que dan ganas de quedarse -cuando no se están matando con los humanos, claro- y sumergirse en todas las posibilidades que ofrece.
Además, aunque parecía poco probable debido al poco lapso de tiempo con Avatar el sentido del agua (2022), ha conseguido dar otro paso más en lo técnico con un 3D absolutamente apabullante que te introduce dentro de las imágenes y te hace participe de la historia.
Todo esto aderezado con dos secuencias de acción increíbles (una en el primer tercio de película y otra al final) y con la introducción en la trama de esta nueva facción de los Navi que es atrayente e interesantísima y cuya trama debería haber tenido, en mi opinión, mucho más peso del que tiene.
Ahora bien, una vez aclaradas sus virtudes, vamos a hablar de lo que no puedo comprarle. Yo defendí mucho la anterior entrega, me pareció incluso mejor que la primera y un paso adelante en la narrativa de Cameron dentro de esta saga hablándonos de temas como la familia, la educación y el respeto. Pero creo que si la segunda entrega fue un paso adelante esta supone un paso atrás narrativamente por su nulo riesgo. Y es que, si algo no me esperaba del director canadiense es la sensación que da en esta película de «cobardía», limitándose a hacer un remake encubierto de la anterior, que se alarga además hasta las tres horas y cuarto y que cuenta con muchas tramas prácticamente repetidas, y un tremendo valle en el segundo acto del que le cuesta mucho salir.
Viendo el potente final de la anterior yo esperaba que en esta tuviésemos un salto adelante y, quizá, un cambio de género a un cine más bélico o, si más no, reflexivo. Pero hemos caído en un reciclado de temáticas que me ha dejado bastante frio.
No sé lo que nos deparará el futuro en esta saga. Cameron ha demostrado que es mala idea apostar contra él y tengo bastante claro que probablemente tenga muy claro hacía donde quiere ir con esta historia que debe tener planificada hasta el extremo en su cabeza. Las piezas, viendo el final de esta cinta, creo que las ha colocado para volver a cambiar de tercio e innovar. Y, ojalá, sea eso lo que ocurra en la cuarta entrega. Pero, por el momento, solo puedo hablar de lo que ya he visto, y lo que he visto es una entrega que, para mí, flojea en el guion y en el ritmo y que me parece que es la más floja de las tres que hemos tenido hasta ahora. Aunque, eso sí, sin llegar a ser una mala película, ni mucho menos.
Huelga decir, eso sí, que como entretenimiento de primer nivel cumplirá para la mayoría y que es prácticamente obligatoria verla en el mejor cine que encontréis. Es toda una experiencia.
Empieza? Es una pena q un director como James Cameron se hsya quedado atrapado en Pandora. Puede haber similitudes con George Lucas, sin comparar la relevancia q tuvo Star Wars. Avatar hay q reconocerle su valor tecnico, pero no tiene ni ha tenido el mismo impacto cultural. Una experiencia plana, entre otras cosas pq los cines tienen bastante con sobrevivir y no estan a la altura tecnica ni experia de Avatar 3.
*experiencia
No hay cines a la altura.