Desde hace unos años, el nordic-noir se ha instalado como el subgénero televisivo favoritos de los amantes de los crimines brutales, ambientados en bellos paisajes helados, con protagonistas atormentados y con un componente social muy marcado. Así que no es de extrañar que Netflix nos presente cada poco tiempo, alguna propuesta que se enmarque dentro de este subgénero, que en su momento nació en las páginas de las novelas de Henning Mankel, Karin Fossum o Peter Hoeg. La última en llegar, el pasado 7 de febrero, fue «Los crímenes de Åre», serie basada en las novelas de Viveca Sten y que nos traslada a los idílicos paisajes de la estación sueca de esquí que da nombre a la serie. Un lugar que tras su perfecta fachada oculta una realidad menos hermosa de lo que podríamos imaginar.
La historia sigue Hanna Ahlander, una policía de Estocolmo, investigada por Asuntos internos y recién separada de su pareja, en busca de un refugio, se traslada a la casa de vacaciones de su hermana en Åre. Su llegada coincidirá con la desaparición de una joven durante la helada noche de Santa Lucía y Hanna será incapaz de ignorar el caso, involucrándose en la investigación. Este es el punto de partida de la serie, que adapta en su primera temporada de cinco episodios, las novelas Hidden in Snow y Hidden in the Shadows. Junto al personaje de Hanna, conoceremos a Daniel Lindskog, un policía local que trabaja en la investigación con escasos recursos y que se enfrenta a una vida familiar complicada. Obligado por la gravedad del caso, aceptará la ayuda de Hanna, aunque la confianza entre ellos será puesta a prueba en más de una ocasión.
Sin duda, se entiende la apuesta de Netflix por esta adaptación, que cuenta a su favor con los hermosos paisajes de Åre, situados cerca de la frontera con Noruega, destino turístico en Suecia y conocida como la capital alpina de Escandinavia. Además, la serie a través de los dos casos que conforman la temporada trata temas como la violencia machista y la esclavitud moderna, que ahondan de esta forma en problemas sociales de plena actualidad. Sin embargo, a pesar contar con elementos a su favor, el resultado final de Los crímenes de Åre es tan frío como los paisajes donde se ambienta.

Quizá porque nos hemos acostumbrado a personajes como Sarah Lund, Nina Kautsalo, Sofía Karppi o Saga Norén, que de una forma u otra han marcado un camino en el género del nordic-noir, la aportación de Los crímenes de Åre resulta insuficiente. Personajes femeninos fuertes, que afrontan alguna perdida con determinación y que ponen su alma en resolver el caso que investigan. Forbrydelsen, Ártico, Deadwind o Bron/Broen han puesto el listón muy alto, haciendo que las series que han venido por detrás no lo tengan fácil a la hora de mantener el nivel calidad que muchos esperamos. En el caso de Los crímenes de Åre, se ha apostado por una fórmula de éxito, y sus cinco episodios se dejan ver, haciendo que la trama detectivesca sobresalga sobre la personal de los dos personajes. Sin embargo, todo parece hecho con el piloto automático, que salva los muebles por su aspecto visual, pero que no sorprende ni aporta nada nuevo a un género que quizá se está sobreexplotando en exceso.
El mayor hándicap al que se enfrenta Los crímenes de Åre es el haber condensado las dos novelas de Viveca Sten en cinco episodios, provocando que no se profundice apenas en las historias que determinan la investigación de los dos casos. Por contra, para el espectador que busque una serie que no le aburra, esta ficción sueca es una buena elección. El dúo protagonista, que no comienza con buen pie, forma una buena pareja de investigadores que se compenetra a perfección, a la hora de resolver los dos casos que nos presentan en la serie. Sin duda, junto con el aspecto visual, es lo mejor de una serie que como he indicado se deja llevar por una fórmula mil veces vista, sin apostar por ser diferencial ni ofrecer algo diferente al espectador.
En resumen
Los crímenes de Åre es como ese estudiante (a veces no es bueno recordar el pasado) que se conforma con hacer lo mínimo para aprobar. En su fuero interno sabe que puede dar más de sí, pero al fin y al cabo, también es consciente de que cumpliendo con la ley del mínimo esfuerzo, tiene más que ganado. Por eso mismo, es una lástima que a pesar de contar con dos historias tan potentes que ponen de manifiesto el lado mas oscuro de Åre, los responsables de la serie se conformen con cumplir con el expediente. Ofreciendo por tanto al espectador una serie de consumo fácil, olvidable y sin otra pretensión que entretener. Eso ya puede ser mucho, pero en una época de tantos estrenos a la semana, tal vez no sea suficiente.