«Adiós Madrid», de Diego Corsini, se estrenó en cines este viernes 17 de enero de 2025. Ganadora del Premio del Público en el 33º Festival de Cine de Madrid-PNR, he podido charlar antes de su estreno con su director Diego Corsini y, con dos de sus protagonistas, Luciano Cáceres y Javier Godino. Podéis leer mi crítica aquí.
He hablado con Diego y con Javier sobre la película, tiene mucha carga emocional. Aunque este tratada de una manera que parece que no, hay un mensaje relacionado con la redención, el perdón e incluso el arrepentimiento ¿cómo es hacer con un personaje con tanto enojo, resentimiento?
Bueno, de alguna manera hay que asumir el riesgo y la responsabilidad y conocer el arco. Nace acá y tiene que llegar hasta acá. Y ser cómplice y estar disponible para que todo eso ocurra. Yo tengo una responsabilidad y una claridad con lo que voy a hacer, pero después estar totalmente disponible a qué son los colores que van aportando mis compañeros, para cómo me relaciono, esos distintos grados de confianza que me van a hacer ir sumando escalón por escalón para que el personaje pueda abrir y sanar como sucede en la película. Obviamente, muchos pasos son en falso y sabiendo que por ahí le viene mejor a la película que a mí. Quiero decir, hay muchas cosas que sirven más técnicamente para ser cómplices del guión que lo que uno haría de decir, hermano, no voy a estar enojado cinco escenas por lo mismo.
Ya llegué a Madrid, me tomo una caña y disfruto. Pero es necesario que se siga resistiendo para que haya otros personajes que le vayan diciendo, hey, tu padre era esto, tu padre… Es como la importancia a veces de mostrar que hay roles distintos a uno. Yo no soy tan testarudo como es y tan cerrado como es Ramiro.
Claro, y luego, por ejemplo, lo comentabas en la rueda de prensa, no has tenido una relación con tu padre como la del personaje. ¿Cómo preparaste la escena del monólogo final que tiene una carga emocional en qué pensaste para darle sentimiento?
En todo lo que viví en el rodaje. De alguna manera sí tuve la suerte de haber filmado toda la noche en Madrid, salvo las escenas con Ramiro, pero haber pasado por ese descenso de los infiernos y estar muy conectado. Yo tengo pérdidas, he perdido a mi padre, a mi madre y a algunos amigos y entender también la decisión de los otros. En lo personal, mi madre tuvo ocho años cáncer, hizo todos los tratamientos, pero el único año que fue el mejor año de mi madre. Ella decidió abandonar todos los tratamientos y se dedicó́ a la medicina alternativa. Y fue el mejor año de mi mamá porque ya no estaba pelada, no tenía vómitos, estaba bien de peso, estaba bien de ánimo. Y en algún momento me enojé con que ella haya decidido abandonar todo lo tradicional, pero después entendí que era un enojo porque yo la quería tener más tiempo, pero uno tiene que aprender a soltar porque la que estaba padeciendo la enfermedad era ella.
Hay cierta similitud porque el personaje de mi padre, al principio él decide no tratarse, pero distinto porque yo con mi madre tuve un vínculo hermoso y con este padre lo tuve ausente. Entonces eso no tiene nada que ver con mi historia. Pero sí creo que hay algo genético que uno no quiere parecerse a sus padres, hacer un montón de cosas, o porque las quiera hacer distintas, nada más no por un enojo particular, pero yo en la diaria, siendo padre, me doy cuenta de que hay algo genético que está, que es mi forma de ser, que es mi amor, mi doble sentido, y que lo tiene también Ramiro con la particularidad de lo que sabemos que era su padre.
Empiezo a reconocer mis manos. Yo cuando veo mis manos ahora veo las manos de mi padre, ¿entendés? O sea que cuando uno… Porque hay algo que te marca en lo genético. Pasa mucho en Argentina con la recuperación de los nietos, de las abuelas de Plaza de Mayo y eso, y esos pibes que fueron criados con una familia que no tiene nada que ver con su origen, y eso, y había algo genético que hacían igual que sus padres, que sus hermanos, gustos, afinidades, formas de ser, que tu identidad no podés ir contra eso.
Has hecho bastantes películas, en este caso una película, con esta carga emocional, que puede dejarte incluso personalmente un poco tocado y que te haga reflexionar, ¿cómo haces Reset? Por ejemplo, si ahora tuvieras que rodar otra película como «Cien años de perdón».
Es el oficio eso, y es el juego, y saber que uno enciende y apaga. De alguna manera hay algo que está muy bien retratado en La esclava del amor, el clásico ruso, en donde ella tiene una escena, que además es una actriz en la película, o sea, una actriz que hace de una actriz, y ella dice algo así como, llevo demasiadas vidas de mujer para sufrir por amor, porque ella cuenta también las vidas de ficción, todas las ficciones que uno habitó te van dejando enseñanzas para tu propia vida.
Por eso hay algo que queda, y hay muchos estudios, como psiquiátricos y cosas, de que la mente, ¿cómo haces? Digo, haces una tragedia, haces teatro. Todos los días en la escena 5 te matan un hijo y lloras todas las funciones. ¿Qué le pasa a ese cuerpo? ¿Cómo sabe que eso es mentira? No sé. Pero creo que al mismo tiempo hay algo sanador, que es que nosotros sabemos que es ficción, y que el aplauso nos abraza y es el antídoto. No sé, es raro. Yo sé que es raro y es medio inentendible, además vivimos de esto y estamos acostumbrados.
Con Diego hablaba de que este tipo de películas, que cuentan historias, son un poco la resistencia ante un mercado audiovisual dominado por las grandes superproducciones de Hollywood, que cada vez más parece que se quedan sin ideas debido a la ola de remakes y live action que hay ¿qué piensas de ello?
Sí, y después está en lo particular y pequeño, a veces se puede tocar lo más universal y gigante. ¿Viste? Las películas de cine argentino que de golpe han recorrido el mundo. Directores como… Caetano, Sorín, Trapero, no sé. Agarran un personaje pequeño, no sé qué, y eso les abre el mundo. En lo particular, en lo singular, de golpe vos vas a generar empatía. Y conociendo, creo que… Acá hay una película que entramos en una tribu particular de un grupo de teatro en Madrid, con gente local, y de golpe a cualquiera lo va a atravesar la historia de la pérdida de un padre, de un abrazo no dado, de algo por sanar. Creo que está la clave. Las películas grandes por ahí tienen exceso de pirotecnia y no le entra ninguna bala. Acá te entran todas las balas. Sin tirar ninguna.
Has mencionado a grandes referencias del cine argentino, también hay grandes actores como Ricardo Darín, Rodrigo de la Serna o Guillermo Francella ¿qué crees, que le diferencia del resto del cine?
Creo que hay algo que nos particulariza que es que las ideas y lo sentimental y emocional están unidas. Nosotros podemos pelear por fútbol, podemos sufrir por fútbol, por política, por amor, por una comida. Todo se nos junta y podemos ir al límite por algo intelectual como algo pasional. Creo que hay algo de que… Vamos a algo más frío como Alemania. Ellos pueden pensar y sentir otra cosa emocional. No van a unir algo intelectual con lo emocional. Nosotros lo tenemos… La pasión, nuestras ideologías con lo emocional están juntas. Y creo que hay algo de eso en nuestros actores que aparece de manera natural. Que lo que piensan se siente.
La naturalidad y después una formación de grandes maestros. El teatro en Argentina, el cine. Grandes actores y grandes maestros que nos han habilitado muchas cosas. Y también la supervivencia que tiene el argentino. De alguna manera, una nota me preguntaba cómo es ahora ser en crisis. Y esta pregunta me la hicieron hace 5 años y me la hicieron hace 10 y me la hicieron hace 20 años cuando vine por primera vez a Madrid. Cómo es hacer teatro en crisis. Como que de alguna manera estamos acostumbrados a que siempre nos atraviesa la crisis. Igual hacemos, con más o menos presupuesto. Con estructura o sin estructura. O como decimos allá, atándolo con alambre. Es un oficio. En la Argentina, ser actor es de oficio.
Has hecho teatro, en más de un ocasión has dicho que prácticamente naciste en uno, también series, películas, te faltarían documentales, no sé si…
Sí, seré voz de documentales también.
Pero ¿no sé si puedes quedarte con alguna? o no puedes elegir es como papá y mamá.
No, la verdad es que no puedo elegir. Soy más del teatro porque desde mi concepción, yo fui concebido literalmente. Y lo sigo haciendo y eligiendo. Hay algo ahí de la adrenalina que tiene el teatro que no se compara con nada. Desde el salto al vacío que no hay vuelta atrás porque en las películas las editamos, podemos repetir y demás. Es como tirarte en paracaídas el teatro. Pero me gusta lo artesanal del cine. Y obviamente lo masivo de la televisión. Hay algo ahí que creo que todas esas cosas se van potenciando.
Y mucha gente que a mí me conoce por haber hecho tanta televisión en la Argentina hace que puedan ir a ver mis películas y por ahí películas más independientes o con otro tipo de menos publicidad, pero van porque me conocen a mí o lo mismo me pasa con el teatro. Gente que me ve en televisión y cuando me ve en teatro se sorprende porque ve otro tipo de cosas distintas a la televisión. Creo que está bueno unir los públicos y ser todoterreno. A mí me gusta este oficio y lo agradezco y lo disfruto mucho.
Y ya para terminar, no sé si se pueden comentar, pero ¿tienes proyectos futuros?
Bueno, en este momento sigo con mi gira de teatro, haciendo Muerde a mi personal, que lo traje a Madrid el año pasado. Hice una gira por Estados Unidos y ahora vuelvo a Buenos Aires y girando. Acabo de terminar la nueva película de Gustavo Hernández, director uruguayo, que filmó aquí No dormirás. Y empiezo a filmar en Punta del Este una nueva película de director uruguayo. En Argentina, lo audiovisual está bastante frenado, y la verdad con mucha expectativa con este estreno de Adiós Madrid.