Se cumplen ya 30 años del estreno de «Juego de Lágrimas» (The Crying Game), la película del director, guionista y novelista irlandés Neil Jordan (Entrevista con el vampiro, Michael Collins). Me habría gustado mucho haberla visto en su día en una sala de cine, pero por desgracia, se me escapó. La recuperé gracias al Video Club de mi barrio. Y me cautivó. Aproveché el alquiler del VHS para verla varias veces, y no la volví a ver hasta este último fin de semana, que Movistar+ (en Filmin también está disponible) la ha incluido acertadamente en su plataforma probablemente aprovechando este aniversario redondo.
Para aquellos que no la hayáis visto, Juego de Lágrimas cuenta la historia de Fergus (Stephen Rea) que forma parte de un pequeño comando de la organización terrorista IRA. Con el fin de canjear a algunos de los miembros terroristas presos, secuestran a Jody (Forest Whitaker), un soldado británico, al que tendrán confinado y encapuchado en mitad del campo a la espera de que el Gobierno irlandés cumpla su petición. Jody entabla muy buena relación con su captor, Fergus, y consiguen mucha complicidad. Con el paso de los días, los terroristas comienzan a ponerse nerviosos al no recibir noticias del canje de rehenes. Jody le pide a Fergus que le prometa, que, si no sobrevive al secuestro, vaya a Londres a ver a su novia, Dil (Jaye Davidson) para que se asegure que está bien y cuide de ella.
La película se estrenaría un año después de que el IRA intentarán atentar y asesinar con un mortero al primer ministro británico, John Major en febrero de 1991. Aquel atentado dejaría varios heridos, aunque después llegarían el primer alto el fuego y el alto el fuego definitivo tras 30 años de conflicto. Neil Jordan aprovecha el conflicto norirlandés para contarnos una historia pequeña, delicada, dirigida con un pulso exquisito y unos diálogos muy acertados. Me llamó la atención que, con la idea de restaurar la cinta, han renovado el doblaje, cosa que, en mi opinión, no era necesario. Aproveché esta insensatez para verla en Versión Original Subtitulada, y me pareció aún más exquisita y elegante, ya que ofrece un buen muestrario de acentos: ingleses, escoceses, irlandeses… Y esto me introdujo aún más en el relato de Jody, Fergus y la inquietante Dil. Cierto es que, desvelado por primera vez el gran secreto de Dil, la segunda vez ya no te volverá a sorprender como la primera. A mí me pasó como a Fergus y sentí un cosquilleo súbito en el momento más clave de su encuentro. Con el paso del tiempo, lo que hoy en día se considera un verdadero spoiler, quedó en una simple anécdota.
Dil nos embaucará hasta el final y, al menos a mí, después de estas tres décadas me sigue embaucando, pues afortunadamente la película ha envejecido muy bien y puede que Jordan haya conseguido transformarla con el tiempo en un verdadero clásico. Uno de los momentos más icónicos del largometraje es ese en el que Dil aparece cantando en el escenario de The Metro (¿en Playback?) la versión interpretada por Boy George de The Crying Game, poco después, en otro momento cumbre, Dil pondrá una cinta de cassette (¡porque en 1992 era todo maravillosamente analógico!) con la versión grabada originariamente por Dave Berry. La banda sonora es de nivel, y fue producida por los mismísimos Pet Shop Boys y Anna Dudle, que compuso las pistas orquestales y las grabó con la orquesta Pro Art de Londres. Aunque no la incluyeron en la BSO, los créditos del comienzo aparecen con la versión de When a man loves a woman de Percy Sledge. Mágico comienzo con las imágenes del parque de atracciones al fondo, y mágica también la fotografía de Ian Wilson.
Para Stephen Rea, Juego de lágrimas supuso el comienzo de muchos trabajos que se sumarían a su extensa, sólida y prolífica carrera como actor, de hecho, la cinta de Neil Jordan le valió aquel año una nominación a los BAFTA y una nominación, nada menos que a los Óscar de Hollywood celebrados en 1993. Y qué decir de Whitaker que acumula un palmarés espectacular de premios gracias a sus papeles en El último rey de Escocia (2006) y en Bird (1988) el (hoy se llama Biopic) homenaje que rodó Clint Eastwood sobre el legendario saxofonista de Jazz, Charlie Parker. En cambio Jaye Davidson tuvo una carrera laxa, y después de aquí, recordaremos sólo su papel de Ra en la película Stargate (1994, Roland Emmerich), en el que apenas abría la boca y cuando lo hacía ni tan siquiera hablaba en una lengua entendible por los seres humanos. Davidson decidió con el tiempo dedicarse al diseño y la moda abandonando casi definitivamente la escena cinematográfica.
Pero, ¿por qué es tan importante Juego de Lágrimas 30 años después? Porque rompió los moldes a comienzo de los noventa con una historia muy original, presentándonos a personajes muy entrañables, podríamos decir que muy distintos entre ellos, pero que necesitan encajándose y ayudándose los unos a los otros con un amor, una compasión y una comprensión casi sin límites. Jody, el soldado inglés conseguirá que Fergus conozca a Dily, que haya ya entre ellos una conexión extraordinaria. Qué maravilla volver a The Metro y tomar unos Margaritas apoyados en la barra mientras Dil cruza la noche, nos canta, nos encandila y nos atraviesa el alma con su caída de párpados, sensual y sublime. Juego de Lágrimas es una tierna aventura de personajes que se necesitan y que no se juzgan entre ellos, ni por ser terrorista, travesti, jugador de Cricket o peluquera.
Os advierto que es una auténtica gozada volver a ver Juego de Lágrimas pero si todavía no tuviste la oportunidad de verla, es un verdadero privilegio desenterrar esta joya hermosa y extraña del cine de los 90, y descubrirla por primera vez. No será un ejercicio de nostalgia ni de arqueología pues todo sigue brillando con dignidad, talento, majestuosidad y solvencia.