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“Todas somos Jane”: mirando al pasado con un ojo puesto en el futuro

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Enrique Paniagua Martin
Enfermo del cine y la literatura y, en menor medida, de las series. Fanático de Harry Potter, Friends y Marvel. Adorador de Fincher, Scorsese, Eastwood, Spielberg, Nolan, Tarantino y Céline Sciamma. Veo casi cualquier tipo de película y me encanta salir de mi zona de confort cinéfila. En Twitter soy: @QuiqueMartin27
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Durante los últimos años estamos asistiendo, seguramente impulsado por la cada día mayor presencia de mujeres tanto en el guion como en la dirección, a historias a menudo silenciadas, o poco conocidas por el gran público, sobre hechos históricos que marcaron el inicio del feminismo o que supusieron una fuerte lucha de algunas mujeres que se atrevieron a desafiar lo establecido políticamente hablando reclamando sus derechos y libertades.

Como parte de esta nueva corriente, que en mi opinión tan bien está sentando al cine social y basado en hechos reales, tenemos cintas más que reivindicables como Figuras ocultas, Persépolis, Ellas hablan o Las buenas compañías a la que se une la cinta que nos atañe hoy y que no es otra que Todas somos Jane que llega a nuestra cartelera este 4 de agosto y que, con Phyllis Nagy al mando (Guionista de la maravillosa Carol, cinta que os recomiendo muchísimo y que tenéis en España disponible tanto en Filmin como en Prime Video), demuestra que con talento y un muy buen reparto se pueden hacer grandes cosas.

La cinta se estructura en dos partes claramente diferenciadas. En la primera parte tendríamos algo del estilo de la maravillosa película francesa El acontecimiento (disponible en Movistar Plus+), basada en el libro homónimo de la flamante ganadora del Nobel Annie Ernaux. Es decir, tenemos la historia de una mujer que necesita abortar y que, debido a unas normas sociales más que cuestionables, se le niega ese derecho. A pesar de que, en el caso de la película que nos atañe, encima está en riesgo la vida de la madre.

La cinta estructura esos 45 primeros minutos casi como una cinta de terror. Con reuniones de comités médicos repletos de hombres y donde se habla de la paciente como si no estuviera delante, silenciándola completamente, y donde acabamos viendo la escena del aborto y se palpa en el ambiente el miedo de la protagonista. El trabajo en esta primera mitad de película de Elizabeth Banks es digno de aplauso y, sinceramente, está absolutamente excelsa.

Posteriormente, la cinta da un giro y pasa de ese “terror” sobre lo injusto y el miedo a las represalias a una cinta muchísimo más política. Toda la segunda mitad de película está completamente construida alrededor de esa organización secreta que se dedicaba a intentar ayudar al máximo de mujeres posible a llevar a cabo un aborto en las mejores condiciones, dentro de las propias limitaciones que tenían por estar moviéndose en la ilegalidad y aún a riesgo de acabar en la cárcel para todas las que participaban.

Aquí abandonamos la historia más personal de Joy y pasamos a hablar de todas las mujeres que estaban en una clara situación de desamparo y de los problemas que una sociedad como la norteamericana tenía en los años, con la revolución “hippie” golpeando fuerte y multitud de grupos que hasta la fecha habían sido discriminados buscando reclamar su espacio.

Es en este contexto y utilizando el recurso de pasar de lo personal a lo global cuando la película se llena de multitud de discursos rimbombantes, diálogos tremendamente afilados y discusiones sobre el criterio que se debería o no tener para elegir a las pacientes, hecho que la hace elevarse en algunos momentos en complejidad e interés pero que la hace pecar de caídas de ritmo también.

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El único problema que veo en esta cinta es la falta de unificación entre los tonos en los que se maneja. El primer acto funciona tan bien y es tan cercano e impactante que, aunque lo que viene después es también super interesante y claramente el núcleo central de lo que querían explicarnos, no puedo evitar sentir que no estoy tan impactado como al inicio.

En cualquier caso, es más que evidente que estamos ante una de esas cintas que yo catálogo de “necesarias” -si es que hay algo necesario en el cine- que descubrirá una realidad a muchos de los espectadores que la vean y que no deja de estar hablándonos del pasado pero poniendo un claro ojo en el futuro. Máxime cuando a día de hoy, en estados unidos, el aborto ha vuelto a estar prohibido en la mitad del país.

En resumen

Poco más que añadir. Creo que Todas somos Jane es un grito de alerta que señala con el dedo a los años sesenta para, a la postre, realmente señalar hacia 2023 y preguntarse “¿por qué?” Estamos otra vez acercándonos peligrosamente a un pasado que ya debería estar más que superado. Tiene momentos realmente sensibles -especialmente uno en una chimenea, ya lo veréis- imágenes muy potentes y un reparto encabezado por dos actrices con muchísimo talento que tienen más que claro qué han venido a hacer aquí. Si os gusta el cine social, con carga política evidente, y reivindicativo, esta puede ser una gran opción.

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