Vivimos en la era del culto al cuerpo. La obsesión que tienen algunos y algunas por lucir más bellos, más jóvenes y más delgados, puede llegar a ser enfermiza. Esto no es nuevo de ahora, pero esta neura está alcanzando cotas altísimas por culpa de los referentes estéticos con los que nos machacan a través de la publicidad, la televisión y el cine. Y es precisamente este último medio el que, paradójicamente, de un tiempo para aquí nos viene ofreciendo obras en las que se critica ferozmente esta fijación. Si el año pasado nos llegó «La sustancia», una salvaje denuncia sobre la dictadura de lucir siempre jóvenes y hermosas bajo la que viven muchas mujeres, este año es el turno de «Thinestra», debut en la dirección de Nathan Hertz y que se podrá ver en el festival de Sitges.
Thinestra gira alrededor de la pesadilla que supone estar a régimen. Penny es una chica que no está contenta con su apariencia física y que se castiga siguiendo dietas que la matan de hambre. El hecho de trabajar en el mundo de la publicidad tampoco la ayuda, pues siempre está rodeada de cuerpos esculturales. Una modelo un día se apiadará de ella y le ofrecerá Thinestra, un nuevo y milagroso medicamento, la sombra de Ozempic es alargada, que hará que logre una increíble pérdida de peso. Como es de suponer, el precio que deberá pagar nuestra protagonista será altísimo.
Hertz logra que empaticemos mucho con Penny para luego sumergirnos de lleno en el horror corporal, mostrándonos la curiosa forma en la que ella pierde la grasa que le sobra a su cuerpo. Una grasa que luego regresa en forma de su doble, un ser caníbal y sediento de sangre. A pesar de esta premisa, no esperéis un baño de hemoglobina. La película no recorre esos derroteros y prefiere jugar, inteligentemente, la carta de crear tensión en vez de regalarnos violencia explícita. Y esa apuesta acaba dando sus frutos en escenas tan logradas como en la que Penny tiene un encuentro amoroso y temes todo el rato por lo que pueda llegar a hacerle a su pareja.
Por lo demás, nada del otro mundo. La historia se desarrolla lentamente hasta su desenlace. Porque eso sí, la película adolece de pequeños bajones de ritmo. Y eso teniendo una duración de menos de noventa minutos es casi delictivo.
Pero no dejéis que este último párrafo os eche para atrás a la hora de decidiros si queréis ver Thinestra. En líneas generales, me ha parecido un entretenimiento más que digno. Un buen cóctel de terror con un chorro de denuncia social, unas gotitas de drama e incluso comedia gracias a las muy divertidas apariciones de la madre de Penny. Oye, se agradecen propuestas así y más si vienen de la mano de un debutante. En serio, dadle una oportunidad. No cambiará vuestras vidas, pero su visionado quizá os haga perder esos kilos de más. Quién sabe.