Dejé de suscribirme a HBO Max hace tiempo. Me parecía que ya lo había visto todo, y hay que reconocer que Netflix, Disney+ o Movistar Plus+ proponen novedades casi cada semana, algo que esta plataforma no promueve demasiado; la suscripción y la falta de novedades tampoco se veía compensado por el episodio semanal de mi querido Bill Maher, o por volver a ver alguna de las obras maestras de la historia de la televisión, desde «Los Soprano» a «Juego de Tronos».
El caso es que, tras esta larga temporada de pausa, he retomado mi suscripción porque quería ver Weapons, esa maravilla de película de terror que gusta hasta a los que no nos gustan las películas de terror, y que está disponible en la plataforma; al volver a suscribirme descubrí que tenían algún estreno reciente más, los episodios actualizados de Bill Maher, y ese tipo de producto audiovisual que tiene el sello de HBO, la HBO de True Detective, de Sucession o de Chernobyl, y que ahora encarna, a otro nivel, una serie en donde vuelve toda esa intensidad.
La serie se llama Task.
Más allá de los universos de las series citadas anteriormente, Task nos habla de una persecución policial centrada en el mundo delictivo asociado a la plaga de fentanilo de la Costa Este, una tram que puede parecer ya contada en otras ocasiones, con otro tipo de estupefacientes, por lo que al igual que pasaba con otra serie mítica de HBO, The Wire, a priori el argumento no engancha demasiado a no ser que te guste especialmente el protagonista (cosa que no pasa en The Wire,
aunque allí era una virtud).
Hasta aquí, la historia no parece nueva. La diferencia de verdad es la calidad de los diálogos, de los personajes, de las situaciones, de todo lo que hace en definitiva buena una serie como esta, con un tema tan manido como la persecución policial.
El creador es Brad Ingelsby, el mismo de otra maravilla de HBO, Mare of Easttown, también miniserie, también con conflictos familiares e intensidad a raudales.
Task está protagonizada por el actor dueño de esa mirada que puede pasar de ser intensamente cándida a profundamente furiosa, llamado Mark Ruffalo, capaz de hacer pensar en el increíble Hulk de Los Vengadores, o de encarnar en La innegable verdad, también de HBO, a dos gemelos totalmente opuestos jugando con esa mirada que domina como nadie (le dieron un Globo de Oro y un Emmy).
El comienzo es abrumador, te levanta del sofá, y tiene la sana virtud de algunos de los productos marca de la casa: el no contarlo todo, el no saber cuales son exactamente las relaciones entre todos los personajes que aparecen, algo que en una serie como ésta, en la cual el peso de las relaciones familiares es fundamental en el devenir de la serie, resulta extrañamente cautivador.
Hay en ello un suspense prolongado, que te hace intentar descubrir el por qué de los conflictos latentes entre ellos, pero sin darte cuenta, te dejas arrastrar por las motivaciones a lo largo de los episodios de una miniserie tan densa, que se saborea como si tuviera más episodios.
Al tercer capítulo, todavía no te queda claro la relación de parentesco de los personajes que han aparecido. Por ejemplo, ves a una adolescente que sale en bicicleta de una casa a primera hora de la mañana, tiene una conversación breve con el protagonista, pero nada te prepara para entender el grado de esa relación, hasta que posteriormente en una conversación mucho más intensa se manifiesta el núcleo del conflicto y descubres el por qué de esas medias frases, la razón de la dinámica malsana que descubres en los diálogos.
Luego está el reparto.
Puede que no te suenen Fabien Frankel, Tom Pelphrey, Emilia Jones o Sam Keeley, pero tiene multitud de películas y personajes encarnados con infinita solvencia a sus espaldas.
La actriz que se hizo célebre encarnando a una adolescente de familia sordomuda en la oscarizada Coda, Emilia Jones, ha experimentado en su carrera cinematográfica el fenómeno que suele acompañar a los actores que se hacen célebres desde el anonimato por una sola película: luego estrenan tres o cuatro películas bastante mediocres, bien porque las filmaron antes de la premiada, bien porque deciden probar con un registro que les aleje de esa interpretación, y resulta que esos estrenos no los ve nadie, dando la sensación de haber desaparecido de la escena hasta que te las encuentras en un producto como éste. Aquí vuelve a la senda de la buena elección de papel.
Al girar entorno a la delincuencia basada en el tráfico de fentanilo, el estupefaciente que ha sustituido a la heroína, la cocaína y los analgésicos en EEUU, hay determinadas situaciones que te podrías esperar: los alijos, el FBI, los soplones, los adictos, aparecen bandas de moteros y recibes esto sin que te moleste la repetición de situaciones, porque los caminos de esta serie van por otro lado: digamos que todo esto está de fondo, es la excusa para que la cámara se detenga en los ojos de los personajes, intensos a pesar de las prominentes barbas de algunos de ellos, y que muestran un catálogo de sentimientos cuando se ven sobrepasados por ese tipo de vida que les hace tomar las decisiones más equivocadas.
Y te emocionas, y sufres por ellos, y quieres saber más de sus vidas, y esperas que te digan algo más, que te cuenten por qué han llegado hasta ahí. Y entonces Mark Ruffalo te dice que antes era sacerdote, y si, le has visto con un sacerdote de juerga antes, y no has entendido nada, pero ahora que te ha empezado a contar, quieres saber más, y parece que le entiendes, y no sabes como va a tratarle la vida, pero vas a estar ahí hasta el final de la serie para comprobarlo.
La misma intensidad con la que empezaba, llena de violencia y desesperación, se transforma hacia el final en intensidad de sentimientos, algo lógico cuando estás contando la historia de una familia, y utilizando partes del argumento de los primeros episodios que para nada esperabas que volvieran a aparecer ahora, juntándose con lo ya narrado en una síntesis perfecta, provoca en ti una reacción que te hace reconciliarte con esta plataforma.
Por estas series volví a HBO.
Para mi, la mejor serie de esta temporada hasta ahora, esperando a la 2a temporada de The Pitt en enero.