Un grupo de desconocidos, un asesinato y el espectador como cómplice. Con esa combinación tan sencilla, pero a la vez tan efectiva, arranca «Si es martes, es asesinato», la nueva serie de Disney+ estrenada el pasado 31 de marzo, que se presenta como un divertido whodunit con todos los ingredientes necesarios para hacer las delicias de los amantes del género. Sus responsables saben lo quieren contar y cómo hacerlo, y abrazan desde el primer momento una identidad que se inspira directamente en el llamado cozy crime, ese subgénero en el que el asesinato nunca pierde cierto aire lúdico, que deja de lado la violencia para centrarse en la resolución del misterio a través del ingenio y la inteligencia de sus protagonistas.
La serie arranca con un grupo de turistas españoles que viaja a Lisboa en un viaje organizado que promete ser rutinario… hasta que deja de serlo. Un hotel decadente, secretos que empiezan a aflorar y, sobre todo, la aparición de un cadáver al día siguiente de su llegada convierte un viaje de placer en aventura inesperada. Cuatro de los viajeros, amantes de los misterios y las novelas policiacas (por razones diversas) deciden resolver el caso, enfrentándose no solo a una larga lista de sospechosos —entre los que podría estar cualquiera de sus compañeros de viaje— sino también a la incredulidad de la policía local, al riesgo de ser expulsados del viaje y a sus propios secretos. Todo ello en una carrera contrarreloj para resolver el crimen antes de que el viaje finalice. Con todos estos ingredientes, la serie construye un juego de pistas que mantiene al espectador en vilo, ya que cada detalle cuenta.
Hablar de cozy crime es inevitable viajar a los orígenes de este subgénero literario con Agatha Christie y su inolvidable Miss Marple. La reina del crimen fue la precursora junto a otros nombres como los de Anthony Berkeley o Dorothy L. Sayers. Aunque con el paso del tiempo su impacto se fue reduciendo frente a la aparición, por ejemplo en los noventa, del nordic noir, no es menos cierto que su influencia en la cultura popular es notable, con figuras como Jessica Fletcher en la mítica serie Se ha escrito un crimen. El concepto que podría traducirse literalmente como «crimen acogedor», define historias de misterio con un enfoque más amable, donde la violencia, la sangre o los elementos más truculentos quedan fuera de plano o apenas se sugieren. En los últimos años El club del crimen de los jueves de Richard Osman, Agatha Raisin de M.C. Beaton o la saga escrita por David Safier con Angela Merkel (sí, la excanciller alemana) resolviendo crímenes) son ejemplos de que el cozy crime es un género de gran éxito que también ha sabido dar el salto al cine y la televisión.
Su desarrollo en entornos reconocibles y casi confortables, con un tono ligero e incluso humorístico, suele centrarse más en el ingenio de los personajes y en su trama que en el impacto visual. Son historias pensadas para que el espectador disfrute resolviendo el enigma, algo que, Si es martes, es asesinato consigue a lo largo de sus 7 episodios que se devoran sin pausa. La serie, creada por Carlos Vila (Los misterios de Laura) y dirigida por Salvador Calvo (Adú, 1898. Los últimos de Filipinas, Valle de Sombras, La fiera) junto con Abigail Schaaff (El Ministerio de del Tiempo) tiene las ideas claras y sabe captar la atención del espectador, con una historia repleta de ritmo y con unos personajes con los que empatizas sin dificultad. Si es martes, es asesinato tampoco oculta sus referentes, sobre todo el más evidente que descubrimos en los títulos de créditos. Estoy hablando claro está de Solo asesinatos en el edificio, la exitosa serie de Disney+ protagonizada por Steve Martin, Selena Gómez y Martin Short. Una ficción que cuenta con tres protagonistas que derrochan carisma y química a borbotones, una investigación de asesinato, una trama que se va enredando por momentos y un ritmo vertiginoso que no da tregua al espectador. En gran medida, Si es martes, es asesinato abraza el estilo de la serie creada por Steve Martin y John Hoffman, pero dotándola de su propia identidad, con macguffin incluido.

El gran acierto de la serie reside en la química de sus cuatro protagonistas, interpretados por Álex García, Inma Cuesta, Ana Wagener y Biel Montoro. Entre ellos se genera una dinámica natural, llena de réplicas ágiles y complicidades, que sostiene el relato incluso en sus momentos más previsibles. Cada uno de ellos con secretos que ocultar y que iremos descubriendo poco a poco, cuenta con una personalidad muy marcada, complementándose sus caracteres convirtiendo su relación en algo especial que va evolucionado. A lo largo de los 7 episodios nos reímos con ellos, nos emocionamos con ellos y resolveremos el crimen con ellos. A su alrededor, el resto del reparto —con nombres como los veteranos Pedro Casablanc o Luisa Gavasa— aporta un juego constante de sospechas y giros, alimentando ese clásico «todos pueden ser culpables» que define al género.
Otro de los elementos por los que destaca Si es martes, es asesinato es el uso de Lisboa como un personaje más de la trama. La ciudad lisboeta no es solo un simple decorado, sino un tablero de juego donde se esconden las pistas del asesinato. Sus calles, historia, tranvías, palacios, miradores y rincones aportan una atmósfera única que refuerza el tono de misterio ligero que propone la serie. Resulta especialmente atractivo cómo se convierte un simple viaje organizado en el escenario perfecto para un crimen lleno de secretos.
Pero si hay algo que termina de marcar la personalidad de la serie es la ruptura de la cuarta pared. Los protagonistas no dudan en dirigirse directamente al espectador, haciéndole partícipe en determinados momentos de la investigación en un juego cómplice que recuerda constantemente que todas las piezas están sobre la mesa. Este recurso, aunque no es nada nuevo, encaja perfectamente en la historia. Un guiño inteligente que refuerza el carácter divertido del relato y que invita a jugar a ser detective, a intentar adelantarse a la resolución, a descubrir esas pistas que —como en todo buen whodunit— siempre han estado ahí.
En resumen
Si es martes, es asesinato funciona a las mil maravillas como un entretenimiento ligero pero muy consciente de sus referentes, que no busca reinventar el género sino celebrarlo. En su equilibrio entre homenaje y visión propia encuentra su mayor virtud: el recordarnos por qué nos sigue fascinando tanto un buen misterio. Si eres fan del misterio y el cozy crime, Si es martes, es asesinato es esa serie a la que engancharte para disfrutar, no tanto del crimen en sí, sino del placer de intentar resolverlo.