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«Scream 7»: el cuchillo sigue afilado

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Miguel Arroyo Monge
Miguel Arroyo Monge
Realizador y productor audiovisual, creativo en constante exploración
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La cuenta atrás ha terminado y «Scream 7» (2026) confirma que sigue teniendo identidad propia, algo que pocas franquicias pueden decir nada más y nada menos que en su séptima entrega.

En esta nueva película recuperamos a Sidney Prescott como protagonista, ausente en la anterior entrega ambientada en Nueva York, donde la historia se centraba en otros personajes. Ahora vuelve al centro del conflicto junto a su hija, ambas convertidas en objetivo del nuevo maníaco bajo la archiconocida máscara de fantasma. Entrando en materia, desde la primera secuencia deja claro que entiende lo que es, sin disfrazarse de otra cosa que no sea Scream. Es muy fiel a la saga y no decepciona. Mantiene en todo momento el juego central de descubrir quién está detrás de la máscara, con un guion que sabe repartir sospechas y administrar la tensión sin perder ritmo.

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Ghostface vuelve a ser el equilibrio perfecto entre amenaza y error humano. No es una fuerza sobrenatural, pero qué quieres que te diga, a veces lo parece (y todos lo sabemos). Es calculador, pero también falla. Estos detalles siguen haciéndolo interesante después de tantas películas, y esta no es la excepción.

© 2025 PARAMOUNT PICTURES. ALL RIGHTS RESERVED. Photo Credit: Jessica Miglio

El reparto combina legado y renovación con inteligencia. La hija de Sidney Prescott, Tatum (Isabel May), comparte protagonismo con la propia Sidney (Neve Campbell) y la incombustible Gale Weathers (Courteney Cox) encabezando el cast. Echábamos de menos esta dupla. Un elenco que toca la fibra. Hay guiños directos a las entregas anteriores que el fan sabrá leer al instante. El lore importa, y se agradece conocerlo, pero la película no se vuelve inaccesible para quien entra por primera vez.

Novedades a la orden del día

La inclusión de nuevas tecnologías y referencias a la inteligencia artificial no es decorativa. Forma parte del subtexto que la saga siempre ha cultivado desde la primera película, cuando Wes Craven convirtió este slasher en un espejo del propio género. Aquí el espejo apunta al presente, y estos cambios generacionales son evidentes. Es una película abiertamente mainstream. Va a por la nostalgia, va a por el fan, a por nosotros, y lo hace sin complejos consiguiéndolo.

El ritmo es constante, no se hace larga y el apartado sonoro mantiene la identidad que la franquicia ha construido con el tiempo: silencios tensos, irrupciones medidas y una música que activa nostalgia.

En conclusión

Podrían haberse hecho cosas nuevas, arriesgar más o darle un lavado de cara, pero no toma ese camino. Se mantiene dentro de un esquema muy reconocible, incluso repetido, porque sabe que ahí está su fuerza. A los fans de la saga no les dejará indiferente y es disfrutable. Scream 7 vive de comprender qué la ha hecho sobrevivir durante décadas, y mientras estas películas conserven esa conciencia de sí mismas, seguirán teniendo algo que otras sagas pierden, y son las ganas de volver a sacar el cuchillo afilado una vez más.

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