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«Sangre en los labios»: Lesbianas de neón

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Sergio Román
Sergio Román
Cinéfilo empedernido y cineasta de vocación. He desarrollado mi trayectoria delante y detrás de la cámara, dentro (haciendo cine) y fuera (escribiendo sobre él). Me gusta Alex Cox y me gusta Michael Bay. Nada humano me es ajeno, y si es de cine menos.
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La segunda incursión en el cine de Rose Glass dista mucho de su debut. Si bien «Saint Maud» presumía de una cierta sofisticación, su última película podría aspirar en el mejor de los casos a ser una estilización de lo maloliente y de lo bizarro. Una propuesta pasada de vueltas donde se invierte el paradigma del thriller macarra masculino acercándolo a una historia lésbica con algunos puntos en común con aquella nueva reinvención del neo noir que supuso «Drive» (Nicolas Winding Refn, 2010).

Filmin y Avalon lanzan el tráiler del nuevo thriller producido por A24 y dirigido por Rose Glass («Saint Maud»), cuyo título original es «Love Lies Bleeding».

Lou (Kristen Stewart) regenta un gimnasio de esos que ya no quedan. Los primeros planos de la película suponen un recorrido sensorial -primero en una toma secuencia y después a través de detalles- por un espacio bañado en sudor al ritmo de música de los ochenta. Estamos en Nuevo México en el año 1989 y una nueva chica ha llegado a la ciudad. Su nombre es Jackie (Katy O’Brian) y viene a encarnar el clásico arquetipo de «mujer misteriosa que deja atrás un pasado». Las chispas entre las dos no tardarán en saltar y una vez aterrizamos de ese primer tercio, algo dilatado, donde predomina el alto voltaje entre las protagonistas, asomará el auténtico conflicto que detonará lo que en la vida de ambas permanecía latente. Lou tiene un cuñado maltratador, JJ (Dave Franco), y su padre, Lou Sr., no es mucho mejor (inquietante Ed Harris). El amor entre ellas pronto chocará frontalmente con esta piñata insalubre. JJ le dará una brutal paliza a su mujer Beth (Jena Malone) y, en venganza, Jackie le destrozará la cabeza contra una mesa. Lou decidirá deshacerse del cuerpo no sin antes contemplar la posibilidad de aprovechar esto para inculpar a su padre de otros crímenes que cometió en el pasado.

Sangre en los labios

La película adolece aquí de un cierto maniqueísmo. Los personajes masculinos son en su mayoría seres despreciables hasta decir basta, y las mujeres víctimas de sus incontables fechorías. La escena de sexo entre Jackie y JJ en un coche al inicio del relato genera rechazo y desprende ese mal olor presente en cada imagen y en cada sonido. El personaje de Anna Baryshnikov, caracterizado con una dentadura estropeada, parece salido de la peor pesadilla de David Lynch. Y la muerte de JJ a manos de Jackie en modo Hulka también hará las delicias de los más cafeteros. Aquí de nada sirve aquel principio del «menos es más». Glass hace una apuesta sin frenos al «más es más». Y lo hace sin mirar atrás y sin concesiones, como atestigua el cara a cara final entre Jackie y Lou Sr.

No obstante, se detecta cierta impostura en ese afán por traer al presente el espíritu de los títulos más disparatados llevados a cabo durante la época Reagan -con insignes autores como Alex Cox y los hermanos Coen a la cabeza-, poniendo en evidencia que es difícil, si no imposible, dejarse llevar bajo los parámetros de una época marcada por el cinismo y, quizás, por la autoconsciencia de un sello cinematográfico, A24, que se sabe máximo representante actual del cine de calidad para un público amplio, que cubre en salas lo que la televisión hace a través del streaming, ese cada vez más grande espacio entre el arcano cine de festivales y el implacable mainstream. Hay demasiados frentes de los que hacerse cargo y en ese ejercicio de contención surge una tensión que coarta el potencial de muchas de las sus propuestas. Glass consigue salir airosa en cierto modo, pero a costa de apostarlo todo a una combinación, a veces sin sentido, de elementos sugerentes. Si bien es cierto que los ingredientes no hacen el plato, aquí la cocción llega a ser lo de menos porque cada uno de ellos sabe delicioso. Y poco importa el trazo grueso con el que son definidos los personajes, o sus motivaciones, más o menos claras. Ni tan siquiera el componente lésbico parece tener una justificación como tal. Mola y ya está. Es la clásica película de tíos pero con tías. Y con todo lo que uno pueda imaginar. Porque aquí todo es posible.

Los momentos en los que Jackie se pincha anabolizantes recuerdan a las escenas más hiperventiladas de Réquiem por un sueño (Darren Aronofsky, 2000). Como curiosidad, señalar que el británico Clint Mansell está al cargo de la partitura de ambas. Pero si en la película protagonizada por Jared Leto, el personaje de Ellen Burstyn se entregaba en cuerpo y alma a las anfetaminas en su loco afán por perder peso, aquí el objetivo de Jackie es ir a una competición de culturistas en Las vegas. En esos momentos tiene lugar uno de los momentos más disparatados de la cinta, y el viaje alucinado de Jackie remite directamente a Miedo y asco en Las Vegas (Terry Gilliam, 1998) y a las tropelías de Johnny Depp y Benicio del Toro, emponzoñados de alcohol y bajo los efectos de un nutrido surtido de drogas.

Pero no nos olvidemos de Kristen Stewart, que aquí hace sin lugar a dudas su papel más logrado hasta la fecha. El naturalismo y la austeridad de cada frase que pronuncia, de cada mirada, e incluso en su modo de fumar o de preparar unos huevos revueltos (con y sin yema). La química entre las dos y el buen gusto con el que están rodadas las escenas íntimas son un remanso de paz entre tanto exceso y equilibran en lo posible la balanza de este artefacto queer sin concesiones. Jena Malone también vuelve aquí a reafirmarse como musa freak, demostrando una vez más que no le importan los papeles pequeños si son en un proyecto interesante con un cineasta aún más interesante. Incluso el soso de Dave Franco encuentra aquí un vehículo de lucimiento y se alza con el premio a una de las muertes más desagradables que nos ha dado el cine en los últimos tiempos.

En resumen

Cuando acaba la proyección, uno no sabe muy bien qué ha visto. Podríamos decir que es una reinvención en clave femenina de un cine pulp marcadamente macho. Pero las disquisiciones sobre la mirada feminista en una película tan chiflada me llevan a un callejón sin salida y me levanto de la butaca pensando que mola y ya está.

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