«Backrooms» es una de esas películas que nacen con una carga de expectativas enorme, y nosotros te lo contamos que nos ha parecido. Adaptar uno de los fenómenos de terror digital más influyentes de los últimos años es algo complicado, trasladar al cine una idea que, en esencia, parecía imposible de desarrollar en formato tradicional. «Los Backrooms» nunca fueron una historia en sentido estricto: eran una sensación. Un concepto nacido de internet, construido a partir de imágenes aparentemente inocuas de oficinas vacías, pasillos interminables y espacios liminales capaces de despertar una inquietud primitiva. La pregunta era inevitable: ¿cómo convertir una experiencia basada en la atmósfera y la imaginación colectiva en una película de dos horas? Pues el director lo consiguió…
Desde sus primeros minutos, la pelicula demuestra que entiende perfectamente el origen de su atractivo, nos introduce en un laberinto infinito de moquetas amarillentas, sin saber que va a suceder, donde las leyes físicas parecen haberse roto. Parsons conserva gran parte de la estética analógica, tanto a la hora de grabar como con sus planos tan cuidados.
Lo más interesante es que la película no intenta explicar demasiado rápido qué son exactamente los Backrooms, sino intentar por donde va a ir los tiros de la misma, ya que no sabes en ningún momento que va a suceder, y esa sensación mola mucho. Por momentos es saber que es la criatura, que es esa sala, porque esos colores, porque cada sala es una forma distinta, que sucede. La imposibilidad de encontrar una salida genera una angustia creciente que recuerda a las mejores propuestas del horror cósmico.

Visualmente, la película es sensacional. El director demuestra tener un estilo muy propio al ser su primera película, ese espacio y la composición. Hay momentos donde logra algo poco habitual en el cine de terror contemporáneo: provocar miedo únicamente a través del entorno. Sin saber que va a pasar, sin sustos, simplemente tensión constante durante dos horas.
Es una pelicula de terror moderna, donde intentas comprender que el miedo contemporáneo ya no siempre proviene de criaturas concretas. Backrooms te da ansiedad constante, y de una forma abstracta. Es una película profundamente conectada con las inquietudes de la era digital, y viene en el mejor momento de nuestras vidas.
Conclusión: Backrooms si la interpretas como una adaptación, no lo es, pero sí una experiencia de terror singular y muy diferente a lo que estamos acostumbrados. Kane Parsons consigue transformar un mito nacido en internet en una película que conserva gran parte de su capacidad para inquietar y desorientar. Tendremos que estar atento de este director.ector.