Nosferatu significa «no muerto» en rumano, así lo afirma (erróneamente) Bram Stoker en su celebérrima novela Drácula. Aunque sigue dando pie a especulaciones, el origen del vocablo se mantiene indeterminado. Por su parte, el imaginario popular se ha encargado de tergiversar la realidad hasta el punto de que la palabra «nosferatu» es inherente a la definición de vampiro. Independientemente de lo fiel que sea «nosferatu» al monstruo chupasangre de los colmillos afilados, lo cierto es que es imposible imaginarse el cine de vampiros sin esa obra expresionista alemana con más de cien años de antigüedad.
Nosferatu: una sinfonía de horror es padre y abuelo de un sinfín de cintas centradas en la figura del vampiro. Aunque sea una obra prácticamente inaccesible para el gran público por su longevidad, su influencia en el cine contemporáneo es incuestionable. Su estatus de referente es tan potente que, en pleno siglo XXI, Hollywood ha buscado incesantemente un cineasta que fuese capaz de actualizar el film con un remake accesible para el público actual. Tras La bruja, El faro y El hombre del norte, no era complicado imaginar que Robert Eggers iba a ser el responsable de llevar a cabo ese remake.
La nueva versión de Nosferatu llega a los cines de todo el mundo en este final de 2024. Dirigida y escrita por Robert Eggers y protagonizada por un cast de lujo, que incluye nombres como Bill Skarsgard, Nicolas Hoult, Aaron Taylor Johnson, Lily-Rose Depp o Willem Dafoe, este remake se ciñe a la premisa de su ancestro y nos ubica en la Alemania de 1938 para sumergirnos en un cuento de terror gótico que reniega del erotismo desenfrenado del Drácula de Coppola y destila un subtexto sexual mucho más comedido y sutil.

No descubro nada nuevo si denuncio la falta de originalidad de los remakes contemporáneos. Tan solo contadas excepciones como la Suspiria de Luca Guadagnino consiguen insuflar nueva vida a obras tan míticas como intocables. Por ello, el reto de realizar el remake de Nosferatu: una sinfonía de horror era mayúsculo, y Robert Eggers se ha enfrentado al reto con una gran valentía y un control absoluto del material. Como en sus anteriores trabajos, donde más brilla Eggers es en la ambientación, el mundo oscuro que crea, siempre nutrido por el folklore popular de cada espacio geográfico que filma. No es casualidad que sus cuatro trabajos se ubiquen en el pasado y deban su razón de ser a la fantasía y el horror. También abarca la psique humana desde un punto de vista espeluznante, equiparando el terror de un monstruo al terror que nosotros podemos llegar a crear en nuestra propia mente. Bajo ese pretexto, El faro sigue siendo su mejor obra, aunque Nosferatu supone un paso adelante tras el contratiempo que supuso El hombre del norte en su ascenso meteórico a la cima del cine de horror contemporáneo.
La oscuridad es donde más brilla Nosferatu. Los planos ennegrecidos hasta decir basta y la oscuridad de los pocos halos de luz que iluminan la pantalla son de un mérito increíble. Si todos recordamos la Nosferatu original por su juego de luces y sombras, Eggers consigue diseñar secuencias igual de solventes y admirables en este remake. No consigue llegar al punto de excelencia de la original, pero crea un espectáculo visual genuinamente cinematográfico que encandilará a ese público que busca películas hechas para una sala de cine y no para un teléfono móvil.
Nosferatu es un gran acierto en la filmografía de Eggers. Es un remake magistralmente dirigido que actualiza con buen gusto el material original, además de un buen escaparate para que Eggers se luzca en su dominio del escenario y los horrores que se esconden en su oscuridad. No es un trabajo tan excelso como sus dos primeras obras, en gran parte por su condición de remake, pero es una gran muestra de su potencial como cineasta en un escenario que reclama autores con su huella y talento. Difícilmente un remake será la obra cúspide de un gran autor como Eggers, pero siempre necesitaremos cineastas como él o Guadagnino para recordarnos que el cine actual no existe sin el cine del pasado.
Un vampiro inolvidable