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«Qué bello es vivir»: Eterno Capra

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Carlos Muñiz Vidal
Carlos Muñiz Vidal
Intento huir de las películas y las series, pero ellas me persiguen. Desde mis estudios de audiovisuales a mi trayectoria profesional en canales temáticos, puede que sea yo el que las persiga a ellas. Fascinado por las historias desde siempre, sean éstas a través del cine, la literatura, el teatro o la televisión, en esta época de plataformas intento buscar esa fascinación oculta en el algoritmo que nos impide descubrirlas.
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Frank Capra probablemente no tiene el aura de autor prestigioso de otros directores como Kubrick, Welles, Ford, Hawks, y un larguísimo etcétera, pero es evidente que una película de Frank Capra, es una película de Frank Capra.
Juan Nadie, Caballero sin Espada, Arsénico por Compasión, Horizontes Perdidos, o esa maravilla llamada Vive como quieras, y tantos otros clásicos de Capra que podemos disfrutar mucho más localizados ahora, gracias a Movistar + y su nuevo canal «Frank Capra por M+».

Hace unos días y un poco porque es Navidad, decidimos rebuscar en las entrañas del algoritmo la película ¡Qué bello es vivir!. Lo hicimos para ponérsela a nuestros dos hijos de 14 años, que, por supuesto ni la habían visto, ni habían oído hablar de ella, arrastrados por la vorágine de estrenos audiovisuales de estas fechas, y la otra vorágine de compras también de estas fechas.

Hubo un tiempo en el que el visionado de esta película cada Navidad era algo más que una obligación, se había incorporado a la tradición navideña casi tanto como el belén y el árbol. Seguramente sea el único producto audiovisual vinculado a una época del año determinada, y que además no distinguía entre países: allí en dónde se celebraba la Navidad, se veía.

Más que verla, las familias recibían la convocatoria vía programación en los periódicos o en las revistas especializadas y se juntaban frente al televisor el día de Navidad para ver este milagro cinematográfico navideño.
Lo primero que llamó la atención de mis hijos, es su ritmo. Lógicamente, la presentación de personajes, dando tiempo a conocer sus fortalezas y sus debilidades, con sus flashbacks, los diálogos y situaciones propias de los cuarenta, etc., más su inevitable (en aquella época) historia romántica casi hacen que dejen de verla, ya que es tal el contraste entre el lenguaje cinematográfico de hoy en día y el de los años 40, como el de una sinfonía y un jingle, por lo que hubo que persistir como padres (con algún chantaje emocional de por medio) en que siguieran viéndola especialmente porque la segunda parte de la película tiene todo el meollo de la historia, y sería una pena que se la perdieran.

El caso es que, una vez admitida la inevitabilidad de que sus padres no van a cambiar de idea, siguieron viéndola. Y empezaron las preguntas, esas preguntas que yo también me hice en su día, o si no eran las mismas, eran parecidas.

Preguntas como, ¿Qué es una compañía de empréstitos?, ¿Por qué la gente de repente quiere el dinero que tiene en el banco? Esas constelaciones que hablan entre ellas al principio, ¿qué son? Al hacer referencia al Cielo, hubo alguna mirada de reproche, como hacia alguien que cree en los Reyes Magos, pero cuando se materializa en carne y hueso el ángel Clarence, aquél que todavía no ha conseguido sus alas, les cayó bien, por lo que la trama consiguió avanzar y enganchar a la joven audiencia.

Y llegamos a la razón por la que esta película es esta película. Y es que en la ficción, la última parte, posiblemente la mejor última media hora de la historia del cine, ocurre el día de Navidad, si, algo que parece casual, ya que podría haber ocurrido cualquier otra día del año, y posiblemente la desesperación de alguien que hace que se le pase por la cabeza la idea de cometer un suicidio, no tiene una fecha concreta, pero el caso es que es en Navidad y por la razón que sea, también es consecuente con la solidaridad de Bedford Falls con George Bailey, de esa inmensa ola de cariño que estalla ese 25 de Diciembre.

Hasta ese momento, mis jóvenes espectadores habían preguntado insistentemente dónde estaba la Navidad (recordemos que era la excusa para ponerles la película, ver algo navideño), que no aparece ni una sola vez hasta el último tercio de la película, acostumbrados a que cualquier propuesta cinematográfica navideña esté envuelta desde la primera secuencia en papel de regalo, llena de sobredecoración y sobreiluminación, inundándolo todo con su artificiosidad.

No creo que a los 14 años nadie se llegue a preguntar nunca que ocurriría en el mundo si no hubieras nacido. A esa edad no se ha llegado a conocer a la suficiente gente, ni a realizar el suficiente número de cosas para que se note tu ausencia, pero el milagro de esta película es que dos cabecitas de 14 años se lo lleguen a pensar.

¿Qué huella dejo en el mundo, mientras existo? Es casi una película filosófica, parece que no tiene nada que ver con el mundo de Frank Capra, con la Navidad, el Cielo, incluso con Dios aconsejando qué hacer con un ángel sin alas, tiene que ver con ser buena persona, tiene que ver con dejar huella en este mundo haciendo cosas por los demás, y todo esto se produce a lo largo de una película de dos horas de metraje, en la que no se deja de contar algo, todo el rato, sin ser moralista ni pesado, simplemente exponiendo la realidad de un personaje y una pequeña ciudad.

Hoy en día probablemente nadie produciría Que bello es vivir!. las preguntas sobre su religiosidad, sobre su aire libertario y anti-bancos, casi comunista, sobre la vivienda, un problemón parece ser que también en los años 40 en esta pequeña comunidad sin ningún Airbnb, todo esto no haría muy atractiva la propuesta para ir a verla al cine, y sobre todo en estas fechas en las que el estreno navideño tiene que tener que ver siempre con gente disfrazada de Papa Noel, de Rey Mago o de elfo, y si es posible cayéndose, mejor.

Pero mis peques no preguntaron por todo esto. No vieron el germen del capitalismo siendo atacado, no vislumbraron ninguna amenaza hipotecaria sobre sus cabezas, ni ninguna ideología religiosa obligándoles a convertirse al catolicismo.

El milagro apócrifo de esta película les hizo fijarse solamente en una cosa, que fue de la que hablaron al finalizar: el milagro de hacer cosas por los demás.
Y, al fin y al cabo, de eso va la Navidad. Felices Fiestas.

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