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“Monstruo”: Koreeda y la senda de la excelencia

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Enrique Paniagua Martin
Enfermo del cine y la literatura y, en menor medida, de las series. Fanático de Harry Potter, Friends y Marvel. Adorador de Fincher, Scorsese, Eastwood, Spielberg, Nolan, Tarantino y Céline Sciamma. Veo casi cualquier tipo de película y me encanta salir de mi zona de confort cinéfila. En Twitter soy: @QuiqueMartin27
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Hirokazu Koreeda es uno de esos directores que siempre suelen traer películas interesantes. Cintas que, bajo una premisa más o menos compleja, suelen crecer conforme avanzan creando reflexiones sociales sobre temas tan diversos como la soledad, la familia, el sexo o la violencia. La multipremiada y ganadora de la palma de oro “Un asunto de familia” -Filmin, HBOMax- es el mejor ejemplo de lo que cito anteriormente, pero luego otras cintas dentro de su filmografía como “Air doll”, “Nuestra hermana pequeña” o “El tercer asesinato” -Todas disponibles en Filmin- demuestran y confirman que estamos ante un director con una sensibilidad muy especial para tratar temas espinosos y complejos y que siempre lo hace con mucho saber hacer, tacto y maestría tras las cámaras.

El 30 de septiembre llegó a nuestras salas la nueva película del maestro nipón, Monstruo, y con ella otra nueva demostración de lo que es capaz de hacer Koreeda cuando se lo propone. En Monstruo Koreeda decide meterse en el territorio Rashomon -Filmin- y nos cuenta una historia sobre unos sucesos que se producen en un colegio y que, aunque a simple vista parecen muy claros, se van a ir embarrando poco a poco conforme avance el metraje y la información de la que disponemos como espectadores vaya aumentando.

La película, como podéis suponer si habéis visto Rashomon, está narrada desde distintos puntos de vista, pero centrándose prácticamente en los mismos hechos concretos. Y, obviamente, se va armando un puzle conforme avanzamos en la trama que nos quieren explicar.

Esto, en otras manos, podría haber acabado siendo un tiro en el pie -no todo el mundo se puede acercar con éxito al maestro Kurosawa-, que cayese en las redundancias propias de contar una misma situación con pequeñas variaciones según la perspectiva que tengamos, pero que Koreeda esquiva esa bala gracias a su enorme talento tras la cámara.

Lo que el director japonés realiza aquí es un ejercicio complejo pero muy efectivo y que se basa en evitar “la pereza” de conformarse con muchas de las escenas rodadas para sustituir eso al volver a rodar esas escenas que ya hemos visto, pero cambiando por completo la perspectiva y la forma donde coloca la cámara. Algo que, por ejemplo, no hacia Ridley Scott en El último duelo prácticamente nunca y que era el principal problema de su película. Aquí simplemente con la forma en que rueda las escenas “repetidas” ganan un nuevo enfoque y, con él, nosotros ganamos una nueva forma de mirar y entender lo que hay en pantalla.

Obviamente, no solo de una brillante dirección vive la película y tiene su otro principal valedor en el guion de Yuji Sakamoto -premiado en Cannes este mismo año- y que es el alma de la cinta. Sin entrar en muchos detalles, ya que creo que es importante que este viaje se realice con la menor información previa posible, la historia se construye desde lo pequeño hacía lo grande. Desde esos pequeños detalles que desconectados pueden parecer apuntar en una dirección pero que cuando los vamos colocando poco a poco encima de la mesa podemos ver el dibujo que realmente muestran y, con ello, enfrentarnos a una historia dura y profunda que no da puntada sin hilo ante los temas que decide tocar.

En resumen

Al final, la cinta de Koreeda pretende ser un largometraje que ponga al espectador contra la espada y la pared. Y que nos habla sobre lo que creemos saber y lo que realmente sabemos. Además, gracias a contar con una brillante dirección y con un guion excelso se convierte en una de esas cintas brillantes que me hacen, al menos a mí, amar este arte con toda mi alma. Quizá no es una cinta para cualquier espectador. Por los caminos que decide transitar y por cómo afronta algunas de las temáticas. Pero, lo que tengo claro, es que, si decidís asumir el reto y transitar esos caminos, vais a asistir ante una de esas películas que merecen todos y cada uno de los elogios que se le puedan hacer. Muy recomendable.

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