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«La ley de Jenny Pen»: El terror más realista

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Salomé Mejía
Salomé Mejía
Más madrileña que el cocido. Recién graduada de realización audiovisual. Desearía que mi vida se desarrollara con el color de Wes Anderson y con una línea argumental de Alex de la Iglesia.
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«La ley de Jenny Pen» es una película que narra un miedo real que ataca nuestra sociedad: recibir acoso o bullying cuando nos encontramos completamente indispuestos. En este caso en especial, esta película dirigida por James Ashcroft, explica como el exitoso y arrogante juez Stefan Mortensen (Geoffrey Rush), es internado en una residencia tras tener un derrame cerebral. Cuando se encuentra en una posición de debilidad por culpa de su enfermedad, conoce a Dave Crealy (John Lithgow), un perturbado compañero de residencia que utiliza una marioneta llamada “Jenny Pen” para hacer sus días de residencia más llevaderos.

Pronto, Stefan va descubriendo más sobre Dave y éste empieza a colarse cada noche en la habitación del ex-juez para obligarlo a jugar al macabro juego llamado Las reglas de Jenny Pen. Tras la muerte de una residente, Mortensen advierte a las diferentes cuidadoras sobre las verdaderas conductas de Crealy, a pesar de ser ignorado, empieza una guerra a muerte contra su acosador.

La ley de Jenny Pen es un terror diferente, deja atrás a las casas embrujadas, los entes diabólicos y los exorcismos, para centrarse en un miedo del que ya hemos sido testigos a través de noticieros o boletines. A pesar de no ser un terror sobrenatural, se mantiene oscura y terrorífica con un subtono de tristeza e incluso asco de vez en cuando. Lejos de los espiritismos, esta película toca un miedo real que por desgracia, podría sufrir cualquier familiar o amigo nuestro, por no mencionar a nosotros mismos.

La actuación de los protagonistas hace que nos calemos rápidamente en una tormenta de desesperación que escampa en una profunda pesadumbre. Rush entra tan bien en su papel de persona afligida que nos hace dudar seriamente en si alguna vez conseguirá su tan merecida redención y Lithgow es sencillamente aterrador, una persona extremadamente tóxica encajando en la piel de Crealy.

Aunque La ley de Jenny Pen no se sitúe como una película de terror a la que estamos acostumbrados actualmente, deja un sabor de boca de miedo y malestar que muchas películas de terror desearían entregar.

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