Nápoles, años 60. Dos amigas, Elena (Linú) y Raffaella (Lila) acuden a la escuela elemental de un barrio pobre de los suburbios de Nápoles, un barrio separado del mundo no sólo socialmente, sino incluso físicamente por una vía de tren y un túnel con un significado mucho mayor de lo que parece. Ambos personajes se desarrollan a lo largo de varias décadas, y nosotros asistimos a los vaivenes de su relación en el contexto histórico y personal al modo pausado y reflexivo de la lectura.
Empezar a ver la serie La amiga estupenda, disponible en Max y en RTVE Play, es como si fuéramos a iniciar la lectura de una novela, la novela en la que se basa esta serie escrita por Elena Ferrante, la experiencia que significa desplegar la primera página de cualquier adaptación literaria. Es algo intencionado, consecuente con lo que nos narran, y la serie se despliega sin prisa, que es como se debería leer un libro. Es un proceso iniciático. Requiere complicidad por parte del lector- espectador, tiene otro ritmo, otra cadencia, y hay que prepararse para entrar en ese juego.
Pero está lleno de verdad.
Y como se trata de leer, no puedes dejarlo aunque veas que tiene defectos, que hay exceso de costumbrismo, que las situaciones tienden a ralentizarse, a repetirse incluso como ese espacio comunitario representando a un barrio, ese tren pasando eternamente, y hay una molesta obsesión del realizador y de los intérpretes por detenerse demasiado en las miradas, mirar, plano de lo que se mira, vuelta a los ojos… Pero, ¿acaso importa si te engancha la historia? Si lo hace, como en un libro, disculpas todo.
La voz en off es algo tremendamente literario, es casi una marca de fábrica de cualquier tipo de adaptaciones literarias, pero esta vez no se hace perpetua, aparece especialmente en las elipsis y en las presentaciones, pero no a cada rato para analizar qué dicen secretamente el rostro de los protagonistas.
Vamos a evitar el título de esta serie, totalmente inadecuado.
Elena Ferrante escribió una serie de cuatro libros de la que su primer magnífico libro titulado «L’amica geniale», traducido al inglés por «The Brilliant Friend» (es una coproducción italoamericana), es el que coge su título para las versiones tanto italiana como americana, pero de todas las variantes a este título y esta traducción, me da a mí que La amiga estupenda no es precisamente la mejor que se podría haber elegido.
Volviendo a la historia, a lo largo del relato resulta difícil distinguir cuál de las dos amigas es la brillante, la amiga realmente estupenda. A ratos es Lila, y en otras ocasiones es Lenú. Como la narradora es Elena Greco, la protagonista parece ser ella y su amiga Lila, con sus defectos y virtudes sería la amiga estupenda del título, pero Lenú puede también ser a ojos de su amiga Lila tan estupenda al menos como ella, y los logros que acumula lo son al menos a igual escala.
Y luego está la ambigüedad de su relación, ese amor-odio que se profesan a medida que intercambian relaciones y libros, casi al mismo tiempo.
Las etapas de la serie, desde que comienza la historia siendo ambas protagonistas niñas, hasta que las sucesivas edades van avanzando a la par que los capítulos, también forman parte del lenguaje narrativo de una novela, y como tal han de afrontarse, aunque visualmente el cambio sea grande porque los actores cambian, y se aprecian desequilibrios que hacen algunas partes inverosímiles. La aparición y la desaparición de algunos de los personajes a medida que transcurren las temporadas, es consecuente con este tipo de narraciones episódicas que hacen que se incida en algunas situaciones, mientras otras ya no vuelven a aparecer, pero hay personajes como el de Antonio o los Solara que sufren una transformación que enriquece la serie y hace que el desarrollo de las temporadas no caiga en la repetición de diálogos y situaciones.
El conflicto es en las dos direcciones, Lila es inteligente, pero por causas económicas y sociales no puede estudiar, y Elena no es tan inteligente como su amiga, pero sí puede hacerlo, y ese conflicto enmarcado en una etapa histórica concreta no es para nada poca cosa, es la razón de muchas de las acciones de ambos personajes y condiciona sus decisiones tanto o más que su propia motivación. Y a lo largo de la serie, este conflicto aparece constantemente, y es un peso para cada personaje.
Nunca sabes si Lila manipula a Lenú o la quiere, y tampoco sabes si Lenú desprecia a Lila por sus sucesivas reacciones o la admira por su independencia.
La rebeldía femenina que supone el personaje de Lila, contracultural, va más allá de la época y de la oportunidad de denunciar la situación de la mujer, salpicada como está la historia de pasajes relacionados con el enfrentamiento comunismo-fascismo, el derecho al aborto o las luchas sociales, especialmente a partir de la tercera temporada; tiene más que ver con la tozudez y la brillantez del título original del personaje, con mirar el mundo desde una inteligencia superior, aunque ese mundo que le ha tocado vivir al personaje de Lila no le de ninguna oportunidad.
Una mezcla de orgullo y sufrimiento, es la relación entre las dos, especialmente en el caso de Lenú, que mira con envidia a su amiga al mismo tiempo que es su único consuelo, la única persona con la que conecta de verdad en toda su vida.
Lila en cambio, quiere que Elena siga estudiando, porque así un poco ella es la que estudia, su amiga estupenda también.
Y así, en ese vaivén en el que confluyen ambos personajes transcurre la vida de cada una influenciada, a veces sin darse cuenta por lo que hace o ha hecho la otra, y nosotros como espectadores contemplamos esta influencia y vemos que las decisiones vitales que se toman pueden estar influidas por esa persona especial que has conocido, por ese amigo de toda la vida que hace que estudies una determinada carrera, que aceptes determinado empleo, o que escojas a una determinada pareja.
Es la vida, tal cual nos pasa por encima a cada uno de nosotros en mayor o menor medida. Pura literatura, y también pura verdad.