Un espejo es un reflejo prácticamente exacto de la realidad que se ubica justo delante de él. Cuando nos paramos delante de una superficie reflectora, lo que estamos viendo, aunque prácticamente fiel a nuestra propia forma, no es 100% real. No es una copia exacta, por lo que hay margen para la interpretación. El cine es una especie de espejo que debe reflejar la vida, pero no copiarla. Si decide ser absolutamente fiel a la realidad, deja de ser un espejo y pasa a ser una copia carente de interés y complejidad.
El cine de horror es un gran reflejo de la realidad. Films recientes como La sustancia, El brillo de la televisión (I Saw the TV Glow) o Smile 2 abordan temas de rabiosa actualidad sobre la salud mental, nuestro rol como especies extraviadas de la sociedad o la ruptura entre lo que somos y lo que acabamos siendo. Su aspecto, desagradable y feo, provoca el rechazo de gran parte del público, pero este hace caso omiso al interior de estas obras. Si podemos retratar la realidad, mejor reflejarla que copiarla.
La acompañante (Companion) sigue a Iris, un complemento robótico con apariencia femenina ideal para hombres incapaces de conquistar a una mujer. Creada para que sea inconsciente de su verdadera naturaleza, Iris acompaña a Josh, su pareja, a una reunión de amigos en una lujosa casa en medio de la montaña.

La premisa de La acompañante (Companion) no da demasiado margen a la interpretación. Aunque adorna nuestra realidad a través de una trama de ciencia ficción con toques de horror cómico del estilo de La caza (la de Zobel, no la de Vinterberg), es tan evidente lo que nos están contando que el papel del espectador acaba siendo pasivo. Vivimos en un mundo donde la inmediatez y la tecnología nos están eximiendo de esfuerzo y responsabilidad para alcanzar nuestras metas. Una de ellas es encontrar el amor, ardua tarea en la era Instagram, por lo que se nos plantean atajos para conseguirlo, desde apps de citas hasta la dictadura de las stories, los likes y los emojis. Es un terreno por explorar sumamente goloso para el cine, especialmente para el de horror, tan habitual en el reflejo de la podredumbre humana.
La fuerza de la nueva obra de los creadores de Barbarian se encuentra en cómo juega con las normas que plantea. Una vez presenta el tablero al espectador, consigue jugar con sus expectativas y confeccionar una historia divertida y dinámica que acaba entreteniendo con ingenio y eficacia. Su alegoría se queda en lo anecdótico, pero el juego que plantea merece la pena.
La ola de cine de horror contemporáneo que pretende plasmar nuestra realidad a través de historias inverosímiles cargadas de ingenio y violencia aporta una gran frescura a la cartelera. Tal vez no sean películas destinadas a perdurar en la memoria colectiva de la sociedad, pero permiten reflexionar durante dos horas sobre dónde vivimos, quiénes somos y qué estamos haciendo para que lo reflejado en el tablero sea tan inquietantemente real.
