Este es el año de las transformaciones. En los últimos meses hemos visto a Demi Moore pactar con el diablo para ser joven cada dos semanas en «La sustancia» (Coralie Fargeat) y al narcotraficante Manitas del Monte (Karla Sofía Gascón) transicionar a una mujer con sensibilidad humanitaria en «Emilia Pérez» (Jacques Audiard). Parece que la sociedad de exposición digital en que vivimos, la transformación física es la clave para el cambio a nivel personal. Como cambiarse el peinado después de una ruptura. «A Different Man» (Aaron Schimberg) forma un tríptico estupendo con estas dos multinominadas películas.
Edward (Sebastian Stan) es un aspirante a actor que sufre de neurofibromatosis, lo que le supone un aspecto desfigurado provocado por sus tumores. La exposición constante, a lo largo de su vida, le ha provocado una inseguridad extrema y una autoestima baja que le dificulta sus relaciones con sus compañeros, vecinos y con Ingrid (Renate Reinsve), la chica que le gusta. Un tratamiento experimental lo cura por completo y le permite, a él y a su nueva cara, cambiar de vida y convertirse en un hombre de éxito. Cuando el azar lo conecta de nuevo con su vida anterior a través de una obra de teatro, su percepción del éxito da un vuelco.
A Different Man pone todos sus huevos en la misma cesta y hace avanzar la trama sin pedir permiso y sin satisfacer, en ningún momento, las expectativas del espectador. El primer tercio de la película construye en Edward un personaje con el que es fácil empatizar, para desmontar todo lo convenido previamente tras su transformación. El guion de Schimberg trata de poner un espejo en la audiencia respecto a cómo se ve lo diferente y no busca la compasión, sino que crea una sensación desasosegante en cada minuto de metraje. Su visionado no es fácil por lo distante que es respecto al espectador, pero la sucesión de acontecimientos resulta hipnótica y el visionado es extrañamente morboso; no por el maquillaje prostético de Stan, sino por la forma en que Schimberg castiga cada acción de su protagonista.
Mención aparte merece la interpretación de Adam Pearson, contraparte del protagonista en la segunda parte del film. Un actor que sufre -tanto en la vida real como en la película- la misma condición que el personaje de Sebastian Stan, y que resulta la encarnación del carisma cada segundo que está en plano. El personaje de Pearson es el recuerdo constante para Edward de que la felicidad no está en su aspecto.
Sebastian Stan también brilla en su rol y su interpretación le valió un Globo de Oro al mejor actor en una comedia o musical. Y, si bien A Different Man domina la ironía y tiene momentos surrealistas y diálogos que rozan lo absurdo, el fondo es terriblemente trágico y el espectador no sale de la proyección con un buen sabor de boca.
Sin duda, A Different Man funciona porque no quiere gustar y es consecuente con su mensaje de ser uno mismo, independientemente de cómo te miren los demás. No da ninguna tregua al espectador y va con todo en una dirección que puede resultar poco satisfactoria para muchos. La sustancia y Emilia Pérez han terminado siendo dos de las grandes triunfadoras de la temporada de premios, pero A Different Man es, de este tríptico de la transformación, la que más claro tiene su mensaje y la más opaca en su trato con el espectador.