Yorgos Lanthimos es un director que se caracterizó, especialmente en sus inicios, por hacer un cine bastante trabajado y aséptico visualmente. Y que contaba con unas narrativas que estaban muy encaminadas a poner al espectador en lugares donde no quería estar, pero que gracias a la narración y a la puesta en escena tras las cámaras del realizador griego conseguía crear una atracción, hasta cierto punto hipnótica, hacía lo que teníamos en pantalla que nos dejase atrapados en su universo.
Esto cambió cuando se acercó a Hollywood y, especialmente, en sus dos últimos trabajos. Tanto con La favorita como con Pobres criaturas, Lanthimos dio un giro a su carrera y volvió su cine no solo más «accesible», sino que pasó a ser mucho más cercano con un público mucho más amplio. Los reconocimientos en forma de nominaciones y premios que recibieron ambas cintas también ayudaron a que Lanthimos se abriese mucho más al gran público cosechando una buena recepción tanto de crítica como de aceptación por parte de los espectadores.
Pues bien, después de esa conexión con el público y ese «aperturismo» parece que el director griego ha querido volver un poco -aunque no del todo- a lo que realizaba en sus inicios -también ha vuelto a trabajar con su guionista de cabecera- y nos ha entregado esta Kind of kindness -en cines desde el 28 de Junio- que es una cinta en que vuelve a tirar de temáticas que ya había tocado en mayor o menor medida en su carrera y con la que ha contado con un reparto de auténticos titanes de la interpretación donde destacan especialmente Jesse Plemons y Emma Stone.
La cinta, lo primero que hay que decir sobre ella es que más que una película es un tríptico conformado por tres mediometrajes. Y digo esto porque, aunque es cierto que tienen una conexión entre ellos, todos funcionan por separado sin la necesidad de explotar dicha conexión. Así que, para empezar, aquellos que esperasen una película al uso quizá se chocan con algo que no esperaban. Además, el hecho de que sean tres mediometrajes también provoca que, como suele ser habitual en este tipo de productos, haya cierta irregularidad entre las historias. En mi opinión, tanto la primera como la segunda historia le funcionan francamente bien al director griego pero, en el caso de la tercera, nos encontramos con una cinta mucho más extraña e irregular que acaba por descolocarnos como espectadores. Y eso que es en la tercera historia donde Emma Stone más brilla y se coloca todo el peso en sus espaldas para salvar los muebles todo lo posible.
En cualquier caso, este tríptico de historias ya sea con más o menos acierto, lo que pretende hacer es analizar de la forma tan peculiar que tiene Yorgos los tres pilares básicos de la sociedad actual: El trabajo, la familia y la fe. Y, para ello, los separa en tres historias que los enfocan desde perspectivas francamente distintas. Si bien en la primera historia tenemos un thriller psicológico que funciona francamente bien al estilo de El sacrificio del ciervo sagrado y que nos lleva a reflexionar sobre las relaciones de poder en el mundo laboral, en la segunda pasamos a abandonar ese tono de suspense para abordar una trama de violencia mucho más psicológica -y física en ocasiones- que juega con el espectador durante los casi cincuenta minutos de duración. Lo cierto y lo falso, lo real y lo imaginado, se conjugan acercándose y alejándose por momentos para retar al espectador mientras avanza el relato.
Por último, nos encontramos con el relato que peor funciona y lo hace porque creo que se queda a medio gas de muchos temas y recicla algunos que ya habíamos visto con anterioridad. Es curioso porque, sinceramente, creo que el último relato es el que mejor le habría funcionado en caso de realizar un largometraje, ya que había mucho que contar aquí y tiene poco tiempo. Y la fe que vertebra la vida de estos personajes y las formas en cómo les hace actuar creo que merecía no solo un mayor desarrollo en tiempo sino que también lo merecía en profundidad.
En resumen
En cualquier caso, creo que la idea de Yorgos, aunque arriesgada, le funciona bien. Pero también considero que aquellos espectadores que amen al director griego por sus últimas películas, pero que no estén sintonizados con lo que hacía en sus inicios, quedarán bastante alejados de estas historias. Al final del día, creo que estamos ante una especie de experimento en el que Lanthimos juega con la forma y el fondo para llevar a cabo sus historias y construir un universo propio con las particularidades que el realizador griego tiene en su obra y en sus temáticas. La forma en que usa la música durante la película -atentos a la canción con la que arranca-, la completa entrega de sus actores -una vez más Stone vuelve a entregarse a niveles muy por encima de los habituales en estrellas de su calibre- y la facilidad con la que es capaz de ir ligando sus historias para atraparte en su puzle consiguen que las casi tres horas de metraje se pasen con relativo buen ritmo y nos dejen reflexionando sobre algunas de las imágenes que hemos visto en pantalla. Recomendable.