Vivir para siempre, sin miedo a la muerte. La humanidad lleva luchando durante siglos contra el inexorable paso del tiempo, y soñando con encontrar esa fórmula mágica que alargue nuestra existencia más allá la fecha de caducidad que impone la ley natural. La fuente de la eterna juventud, el mito (o no) que ha llevado a la perdición a muchos, y que ha sido retratado en multitud de obras de ficción. Un sueño que en mayor o menor medida ha dado lugar a creencias en lo sobrenatural, representadas por los «no muertos», los vampiros en sus mil y una representaciones, propias de las diferentes culturas y regiones del planeta. Seres envidiados y temidos a partes iguales, y que forman parte de nuestra cultura popular, a través del cine, la televisión y la literatura. «Ilargi Guztiak. Todas las lunas», estrenada el pasado viernes en cines, nos adentra en una historia sobre el miedo a la muerte, sobre la soledad y sobre el paso del tiempo. Un viaje por el dolor que acompaña a nuestra existencia, a través de una hermosa fábula que nos invita a perdernos por un mundo de ensueño.

Ilargi Guztiak. Todas las lunas es el segundo largometraje del cineasta vasco Igor Legarreta, tras Cuando dejes de quererme (2018), y fue el encargado de inaugurar la edición de este año del Festival FANT de Bilbao. Escrita por el propio Legarreta junto al guionista Jon Sagalá, Ilargi Guztiak. Todas las lunas nos traslada en el tiempo, hasta los últimos compases de la última guerra carlista (para los no iniciados, principios de 1876. En medio del conflicto armado, un orfanato es atacado y destruido, pero una niña (una maravillosa Haizea Carneros, que debuta en esta película) mientras se debate entre la vida y la muerte es rescatada por una misteriosa mujer que habita en lo profundo del bosque. Con el miedo a la muerte acechándola, la pequeña creerá ver en esta mujer a un ángel que ha venido a rescatarla del sufrimiento y el dolor. Sin embargo, no tardará en descubrir que su pesadilla no ha hecho más que comenzar, y que estar juntas, para ‘siempre’, es mucho tiempo.

La niña descubrirá por las malas su nueva condición, primero a través de la violencia que aún asola la región, y que impregna de odio y superstición los corazones y las mentes de quienes empuñan las armas. Más tarde, tendrá que enfrentarse al doloroso paso del tiempo encerrada en su cuerpo de niña, escondida en la soledad del bosque, al amparo de la oscuridad que la protege de la luz del sol, con la única compañía de sus propios pensamientos. Todo cambiará cuando conozca a Cándido, un hombre humilde que le acogerá en su casa como si de su propia hija se tratase, con el que vivirá por primera vez lejos de la realidad de su propia naturaleza, siempre con el sueño de volver a ser mortal.

Ilargi Guztiak. Todas las lunas es una hermosa fábula narrada con extrema delicadeza, y que se toma su tiempo para contarnos una historia sobre el miedo al dolor y a la soledad. Con la inmortalidad como leitmotiv nos traslada a un mundo donde la violencia campa a sus anchas, donde la religión oprime los corazones de quienes allí viven, con la esperanza de un mundo mejor en el más allá, que les haga olvidar el dolor y el sufrimiento de la vida terrenal. A lo largo de la película de Legarreta, acompañamos a la protagonista que tiene que enfrentarse al doloroso paso del tiempo encerrada en su cuerpo de niña. Con un ritmo pausado, casi como si fuéramos testigos de un sueño o de una pesadilla (según se mire), en la que la inmortalidad se convierte en una maldición que persigue la existencia de esta joven, cuyos ojos miran con curiosidad todo lo que la rodea, buscando tal vez respuestas a su maldición.
Filmada en euskera, como ocurría con Hil Kanpaiak, estupendo thriller de Imanol Royo (del podéis leer mi crítica también por aquí), Ilargi Guztiak. Todas las lunas cuenta con un excelente reparto que acompaña a la debutante (no se nota en absoluto) Haizea Carneros, con Itziar Ituño (La Casa de Papel, Hil Kanpaiak) y Josean Bengoetxea (Oreina, Malas Temporadas) como rostros más conocidos para el gran público.

En un momento como el actual, en el que la inmediatez es una norma, donde todo es efímero y de consumo rápido, y en el que apenas nos fijamos en los detalles, resulta sorprendente (y reconfortante) encontrar con una película como Ilargi Guztiak. Todas las lunas. Un viaje a mundo casi mágico, pero a la vez lleno de dolor y soledad, en el que recorremos hermosos paisajes (sacados de un cuento de hadas) junto a la protagonista, en su búsqueda de la mortalidad. Una agradable sorpresa entre tanto cine supuestamente más comercial. Igor Legarreta firma, en este momento que nos esta tocando vivir, en el que parece haberse perdido la perspectiva, y todos vamos acelerados, sin darnos apenas un respiro, una bella odisea con la que pararnos a pensar sobre nuestra propia existencia, y como los sueños, a veces pueden ser más dolorosos de lo que podíamos imaginar.