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«Good Boy», la gran novedad del terror

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Rodrigo Nombela Domínguez
Rodrigo Nombela Domínguez
Fotógrafo y redactor, trabajador y música indie como forma de vida
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«Good Boy», dirigida por Ben Leonberg, llega como una propuesta diferente dentro del género del terror. Se estrenó el 3 de octubre de 2025 en Estados Unidos, el 17 de octubre en España. La trama se cuenta casi por completo desde la perspectiva de un perro llamado Indy.

Una idea refrescante en el horror

El protagonista humano, Todd (Shane Jensen), se muda con Indy a una vieja casa rural que fue de su abuelo, tras enfrentar una crisis médica. Ignora todos los rumores de sus familiares de que la casa está embrujada. Sin embargo, Indy comienza a percibir presencias que su dueño no alcanza a ver ni sentir.

Fortalezas: emoción, atmósfera y perspectiva canina

Lealtad que conmueve

La relación entre Indy y Todd es el corazón de Good Boy. La película aprovecha bien la presencia del perro como protagonista, sin hacerlo como un elemento que guste al espectador. Indy tiene un montón momentos que generan empatía, y que nos hace ponernos tiernos. Cuando Todd se deteriora física o mentalmente, el perro lo cuida aunque las señales sobrenaturales crezcan y el miedo también, algo que como espectador, puede llegar a emocionar.

Terror sensorial más que sustos fáciles

Leonberg apuesta por lo atmosférico, ruidos en la noche, pasos invisibles, sombras difusas, y la tensión crece con lo que Indy ve, huele o escucha. Este tipo de elementos, muy claros en pelis de terror. El uso limitado de diálogo humano favorece que la película dependa de imágenes, sonido y montaje para asustar, un punto bastante a favor para centrarnos en lo que realmente importa, Indy. Esto ayuda a sumergirse en ese espacio donde lo visible puede ser engañoso.

Producción enfocada y honesta

Se rodó en Nueva Jersey durante 400 días aproximadamente. Indy realmente es el perro del director, no hay dobles caninos ni CGI excesivo en su actuación, algo que lo hace aun más autentica. Esa apuesta hace que sea más natural, se nota en cada plano, en la textura de las escenas interiores, en la iluminación tenue, en la cámara al nivel del suelo. Se nota la confianza entre animal y humano.

Debilidades: ritmo, duración y previsibilidad

Aunque Good Boy funciona en lo visual y emocional, no todo sale tal como nos gustaría. La película dura poco (unos 73 minutos), lo cual a veces se siente insuficiente, te quedas con ganas de que sucedan más cosas. Hay momentos donde el miedo baja porque la historia tarda en variar escenarios o dinámicas. Algunos críticos señalan que el concepto pierde fuerza por la repetición: los mismos elementos de terror se reiteran sin siempre añadir algo nuevo. En consecuencia, puede sentirse monótona antes de que termine. Además le cuesta arrancar hasta que llegan ese tipo de miedos. Final ambiguo para ciertos públicos. No todo se explica; la línea entre lo que es “real” y lo que puede ser producto del miedo o de la percepción del perro queda dificil de saber, lo que puede frustrar a quienes buscan cierre claro.

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