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«Empatía»: Los casos de la doctora Bien-Aimé

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Unas bailarinas vestidas de negro danzan entorno a los personajes que van apareciendo en lo que, a lo largo de la serie, descubrimos como la señal de que, en la mente de esa persona, hay algo que no funciona.

Así comienza Empatía, la exitosa serie canadiense que puede verse en Movistar Plus.

Ver una serie como ésta, en la que una psiquiatra con sus propios traumas personales comienza, tras dos años paralizada por esos traumas, un nuevo puesto en un hospital psiquiátrico, es un acto de valentía. Para el personaje desde luego, pero también para el espectador, porque verla no es nada fácil y no porque su forma de contar las cosas sea compleja, sino porque lo que cuenta en ocasiones nos toca de cerca.

Serie canadiense, francófona, protagonizada por Florence Longpré, tiene un punto francés en el humor que recuerda a éxitos de comedia recientes como Intocable o Bienvenidos al Norte, y así, casi disfrazada de comedia, (y con verdaderos momentos de comedia) protagonizada por actores desconocidos en nuestro país como la propia Longpré y con una larga lista de estupendos secundarios algunos de ellos salidos de esas grandes películas canadienses de Dennys Arcand (Las Invasiones Bárbaras o El Declive del Imperio Americano, también comedias disfrazadas) su temática sobre problemas psicológicos y psiquiátricos que afectan a los pacientes del hospital y al personal que los atiende parece más llevadera cuando se suaviza el tono con situaciones y diálogos.

No hay episodio que no trate en mayor o menor medida alguno de los llamados males de nuestro tiempo, las enfermedades mentales, sí, pero también los traumas familiares, los deseos reprimidos, la fragilidad emocional y la inseguridad ante la incomunicación constante de nuestro mundo. La diferencia entre estar enfermo, y tener un comportamiento enfermizo.

Desde que esas bailarinas vestidas de negro, metáfora delicada donde las haya, comienzan a girar entorno a alguno de los protagonistas, la sucesión en ocasiones lógica, y otras no tanto, de hechos que ocupan cada episodio nos permite seguir una evolución que te engancha al mismo tiempo que te desasosiega. Esas bailarinas simbolizan el trauma que te acompaña, algo que revolotea a tu alrededor delicadamente, sin que te des cuenta, pero que transforma tu percepción de la realidad de tal manera que ya no puedes verla de un modo diferente.

Longpré, intérprete pero también creadora de esta serie, vive de sus experiencias en el sector sanitario como cuidadora para arrancar verosimilitud a las situaciones, algunas de ellas difícilmente imaginables si no has pasado por un hospital psiquiátrico, y esa visión cercana, humana y a la vez auténtica es sin duda lo mejor de la serie, porque huye de los encasillamientos acostumbrados desde que Alguien voló sobre el nido del cuco nos metió de lleno en este mundo a través de los ojos de Jack Nicholson.

Es un juego tragicómico de ida y vuelta, tanto por lo que experimentan los pacientes cómo por las consecuencias que afectan a los personajes encargados de su cuidado.

La importancia del lenguaje, de explicar bien todas las características diagnosticas de cada paciente, es algo que está muy cuidado, con una clara intención formativa que se agradece y que te produce una sensación de entender más allá de lo habitual este tipo de traumas, de dolencias, incluso de categorías profesionales en las que se encasilla una determinada patología clínica. Es todo ese acercamiento el verdadero acierto de la serie, donde sin ser demasiado sermoneador la historia te introduce en la salud mental con una visión humanista, cercana, y casi misericordiosa con casos en ocasiones realmente incurables, debido a que el trastorno del paciente proviene de algo tan alejado y arraigado en su mente que difícilmente tiene cura, mas allá de una medicación agresiva que al final le impide entender y vivir con normalidad en un mundo real.

Los crímenes que hay detrás de cada uno de ellos, porque la serie no evita mencionarlos, no buscan disculpa, solamente hay unos profesionales intentando entender como piensa una persona, y como puede hacer progresos hacia una normalidad escasa, si, pero normalidad al fin y al cabo.

La estructura de cada episodio es bastante lineal, teniendo en cuenta la temática. Casi siempre se parte de un flashback del pasado de alguno de los protagonistas, pasando a la reunión matutina de los responsables del hospital, todo salpicado de ese humor irreverente, como el que tenían las mencionadas películas de Arcand, donde la doctora Bien-Aimé sirve con réplicas de guía para todo el personal, como ella dice, haciendo muchas preguntas, porque es lo que hacemos los psiquiatras.

«Empatía» está disponible completa en Movistar Plus

Aceptar las situaciones, a veces a través de largos diálogos, para intentar profundizar en partes de la ciencia psiquiátrica que nos incomodan, no es algo que sea agradable, pero el conjunto construye una narración coherente, episódica, con una estructura sólida que te hace ver cada episodio del tirón, y que empiece el siguiente casi desde cero.

Visualmente es una serie a la altura, con multitud de recursos de montaje, de cámara, de fotografía que ayudan a trasladar los aspectos de la trama difíciles de mostrar a primera vista, como las paranoias, las esquizofrenias, las adicciones, y utilizando todos estos recursos para contar mucho mejor la historia.

La serie tiene una pega, casi de otro tiempo: el recurso de adelantarte con imágenes el capítulo siguiente, ese modo de anticipar tramas que es tan perjudicial si la estás viendo de seguido, algo propio de otra tipo de televisión pensado para episodios semanales, para dejarte el regusto de lo que va a venir. En el universo actual de plataformas, esta forma de anticipar las tramas no tiene mucho sentido, siendo algo que te retrotrae a otra época.

Ninguno estamos a salvo de que esas bailarinas negras puedan aparecer en algún momento de nuestras vidas, como tampoco de las circunstancias cambiantes de nuestra frágil condición humana.

Hacerte reflexionar sobre tu propia existencia, sobre tus propios fantasmas, y quedarte con la sensación de más es el verdadero éxito de esta serie.

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Carlos Muñiz Vidal
Carlos Muñiz Vidal
Intento huir de las películas y las series, pero ellas me persiguen. Desde mis estudios de audiovisuales a mi trayectoria profesional en canales temáticos, puede que sea yo el que las persiga a ellas. Fascinado por las historias desde siempre, sean éstas a través del cine, la literatura, el teatro o la televisión, en esta época de plataformas intento buscar esa fascinación oculta en el algoritmo que nos impide descubrirlas.

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