«En lo profundo del universo, una tripulación de tres hombres avanza hacia el borde de nuestro sistema solar». Así se nos presenta «Destino: Titán», thriller de ciencia-ficción que llega hoy a Movistar Plus+. Con una premisa que nos recuerda a títulos como «Interstellar» de Christopher Nolan o «Ad Astra» de James Gray, la película protagonizada por Casey Affleck, sin embargo, toma un camino distinto: deja de lado la grandilocuencia del espacio para centrarse en los personajes y la soledad en el espacio. Con giros de guion que pretenden descolocarnos, pistas falsas que nos llevan por caminos errados y una atmosfera opresiva, «Destino: Titán» es un efectista thriller de serie B, que se ve arropado por un buen reparto y una narrativa que juega con la percepción del espectador.
La nave espacial Odyssey 1 (guiño a la película de Kubrick) viaja en una importante misión espacial con destino a una de las lunas de Saturno, Titán. Sin embargo, su travesía se ve en peligro cuando la nave experimenta fallos en su funcionamiento. John (Affleck), uno de los tres astronautas a bordo, empieza a perder el control sobre la realidad después de pasar largos periodos de tiempo en hibernación. Con la dirección de Mikael Hafström, cineasta sueco nominado a los premios Oscar en 2004 por Ondskan, Destino: Titán es a priori la historia de una misión que puede significar la única esperanza de la humanidad para resolver una terrible crisis energética. Sin embargo, el filme que cuenta con guion de Nathan Parker, el autor detrás de la cinta de ciencia ficción de culto Moon, se centra en la crisis emocional de John, quien, bajo los efectos de los fármacos de hibernación, comienza a ver a su exnovia Zoe (Emily Beecham) en sueños, en una espiral de nostalgia y confusión.
Conforme avanza la película, vemos a través de flashbacks como John (Affleck) se ha entrenado incansablemente para esta misión a Titán, y cómo fue su relación con Zoe, clave en gran medida del devenir de la historia. Sobre todo, porque, a seiscientos millones de kilómetros de casa, John irá perdiendo el control de la realidad, mientras escucha a Zoe llamándolo por la radio de onda corta de la nave. ¿Es una alucinación o el indicio de algo más siniestro? Mientras la tensión aumenta entre los miembros de la tripulación, debido a un mal funcionamiento de la nave, John debe considerar lo que es real y lo que no. Pero, cuando no se puede confiar en tus sentidos, ¿cómo eliges qué creer?
Con el único y claustrofóbico escenario de la nave espacial, este thriller de ciencia-ficción aprovecha sus recursos para plantear una historia llena de tensión que solo se ve liberada durante los flashbacks, que nos permiten conocer los antecedentes de la misión, y que ahondan en el sentimiento de culpa que alberga John por aceptar esta misión de larga duración. Con tan sólo tres personajes, el estricto capitán Franks (Laurence Fishburne) y el nervioso copiloto Nash (Tomer Capone), que acompañan a John, junto a la etérea presencia de Zoe, la película aprovecha sus recursos, para narrar una historia en la que nada es lo que parece.
Como ya hiciera en 1408, película basada en un relato de Stephen King, Håfström vuelve a explorar el derrumbe psicológico que se produce en un espacio cerrado. Si en la cinta de 2007, el escenario es la habitación «maldita» de un hotel, la que provoca la caída los infiernos de John Cusack. Aquí, el espacio exterior funciona más como metáfora que como escenario: todo ocurre dentro de la nave, pero, sobre todo, dentro de la mente de John. El guion de Nathan Parker nos presenta un juego constante entre lo real y lo imaginario, con el espectador en vilo hasta el último plano —y más allá.
En resumen
Destino: Titán logra mantener nuestro interés gracias a su atmósfera tensa y a una narrativa enrevesada, pero nos deja una sensación de incredulidad. Solo si eres capaz de entrar en su juego, la película funciona a pesar de no conseguir del todo que nos interesemos por lo que les pueda ocurrir a los tripulantes de la nave. El guion, aunque es capaz de hacernos participes de la soledad, la claustrofobia y de la creciente paranoia de los personajes atrapados en ese viaje, no lo es tanto en su forma de presentar una historia emocional sólida. ¿Nos importa realmente lo que les pase? En cierto modo, todo resulta frío e impersonal, más allá de lo que pueda ocurrir en la nave, lo que provoca cierta desafección en el espectador. Sin contar con que el drama romántico queda apenas esbozado, sin darnos la oportunidad de ahondar en ese pasado de John y Zoe.
Con un Casey Affleck que ofrece una actuación contenida que encaja con su personaje ensimismado, las apariciones de Laurence Fishburne, aunque contadas (se le echa de menos cuando no está), elevan el nivel de una película que nos plantea más dudas que certezas, pero que a pesar de todo funciona, gracias a su tono claustrofóbico y a la estética retrofurista de la nave, que evoca sin duda a 2001: Una odisea del espacio. A veces, con poco se consigue más que muchas otras películas, y aunque Destino: Titán no termina de aprovechar todo su potencial, si consigue mantenernos atrapados en su enrevesada historia, en la que separar lo real de lo imaginario es una tarea titánica.