La serie «Day One», estrenada este viernes en Prime Video, parte de una premisa muy atractiva sobre el papel: un thriller tecnológico ambientado en el corazón del ecosistema digital europeo que pretende reflexionar sobre el impacto de la tecnología en la sociedad. Sin embargo, pese a su ambición temática, su potente reparto y a su atractivo escenario situado en la ciudad de Barcelona, la producción no termina de ofrecer un relato coherente, dejándonos un regusto amargo por no aprovechar su potencial. Hay intención en ir más allá de un simple thriller, pero su desarrollo sin deslavazado y unos personajes demasiado artificiales, dan como un resultado un thriller frío e impersonal que nos deja con la sensación de oportunidad perdida.
Day One nos mete de lleno en lo que parece una conspiración perpetrada por una gran compañía tecnológica, en la que encontramos a un gran gurú con delirios de grandeza, policías corruptos, una sicaria con una vida complicada, una influencer despistada y un policía enfrentado a un destino cruel. Y, en medio de todo, conocemos a Ulises Albet (Álex González), un prodigio de la informática que abandonó Barcelona y el mundo tecnológico tras el fallecimiento de su hermana pequeña. Diez años después, la llamada de un antiguo socio y amigo, Samuel Barrera (Asier Etxeandia), le obliga a regresar durante la celebración del Mobile World Congress. La advertencia de que el mundo está en peligro llevará a Ulises a enfrentarse a su pasado y una tecnología que esconde un oscuro secreto.
La serie, al menos, en su premisa, no recorre caminos que el cine y la televisión no haya explorado en numerosas ocasiones. Aunque, no es menos cierto que Day One trata temas de candente actualidad, como el acoso a través de redes sociales, el suicidio escolar, el mal uso de las redes sociales, el control y venta de la información personal de los usuarios y la inteligencia artificial. Sin embargo, el desarrollo y la ejecución no consigue el efecto deseado, ya que donde debería haber emoción y tensión, solo se transmite frialdad.
Hay cierta impostura en la narración, algo que no ayuda a conectar con un relato que, en el fondo, ya hemos visto con anterioridad, aunque desde otros puntos de vista. A todos nos vienen a la memoria películas como Conspiración en la red (2001) o El círculo (2017), en la que grandes corporaciones tecnológicas, que en apariencia son oasis de paz y benevolencia, esconden grandes y peligrosos secretos. En historias como estas, siempre encontramos a algún gurú de la tecnología (Tim Robbins o Tom Hanks) al que todo el mundo admira y respeta, pero que en el fondo harán cualquier cosa para llevar a cabo sus oscuros planes. Sin embargo, el que sea un tema ya mil veces visto, no significa que no se puede innovar y dar una vuelta de tuerca a un argumento, que sorprenda y emocione al espectador.

Esa emoción y esa sorpresa es lo que echo en falta en Day One, no solo con una trama sin chispa y que termina siendo lo de menos, sino por el desaprovechamiento del reparto. Contar en el mismo con gente como Asier Etxeandia, Iván Massagué, Jordi Mollà, Melina Matthews o Àgata Roca, debería significar un salto de calidad en la historia. Sin embargo, su presencia pasa desapercibida, ya sea por personajes poco desarrollados (Asier Etxeandia o Melina Matthews) o porque la construcción de estos no resulta demasiado profunda (Iván Massagué y Jordi Mollà). Ni el policía atormentando por una enfermedad ni el villano que pretende cambiar el mundo a causa de un trauma de la infancia, resultan del todo creíbles. Dos personajes que deberían llevar gran parte del peso de la narración no cuentan con el suficiente trasfondo en sus historias personales, como para que el público empatice con ellos, por unas razones u otras.
Ni siquiera el atractivo escenario de Barcelona termina de compensar esa sensación de artificiosidad que impregna la serie. En general, se siente como un gran anuncio promocional de la ciudad Condal y del Mobile World Congress, el gran evento tecnológico. Es cierto, que la serie utiliza lugares reales como el Barcelona Supercomputing Center o el distrito tecnológico, unos espacios que funcionan más como elementos visuales que como verdaderos motores dramáticos de la historia. El resultado es una ambientación interesante que, sin embargo, no siempre se integra de forma orgánica en la narrativa. Algo muy alejado de lo que ofrecía, por ejemplo, Ciudad de sombras, la serie de Netflix que adaptaba la saga de Milo Malart, escrita por Aro Sáinz de la Maza. Un thriller que componía una trama oscura y muy bien narrada, con un dúo protagonista con una gran química (echaremos de menos a Verónica Echegui) y una ambientación en la ciudad de Barcelona que se integraba a la perfección en la historia. ¡La noche y el día, vamos!
En resumen
Day One es una serie que plantea temas interesantes sobre la relación entre tecnología y humanidad, sobre el libre albedrío y el control social, pero que apenas araña la superficie. Se echa de menos no haber profundizado tanto en los temas que plantea como en las historias de sus personajes, cayendo en la tentación de ofrecer una historia llena de clichés que hemos visto en otras series y películas de este corte. El resultado es una producción entretenida, pero que difícilmente consigue aportar una visión realmente nueva dentro del thriller tecnológico. Para olvidarla una vez acaba.