En Mundoplus.tv ya hemos visto los 3 primeros episodios de «Cristo y Rey» y nos han gustado mucho. La serie creada por Daniel Écija se ha mojado mucho, y aunque se resguarda bajo el toldo ufano de la ficción, nos cuenta todo lo que queríamos saber sobre el auge y caída de esta pareja singular y, aparentemente, antagónica. Un tándem extraño que forman equipo en el mundo del espectáculo en España: Barbara Rey, la vedette y musa del destape, y Ángel Cristo, el mitíco domador de leones. Claramente diseñada para los cuarentones y cuarentonas que de niños, alguna vez tuvimos la ocasión de conocer a Ángel Cristo en algún circo o en la televisión, la serie nos retrotrae a una época que muchos recordamos de nuestra infancia. La generación de «Mazinger Z», la que disfrutó con «Los Payasos de la tele», «La cometa blanca» o «Barrio Sésamo», cuando la tele ya era en color y España estaba en plena efervescencia, el dictador bajo tierra y el Rey Don Juan Carlos I campando a sus anchas por la sociedad, poniendo en práctica sus derechos feudales y sexuales en un Madrid que ya no existe, el mismo Madrid que otrora captara en el celuloide José Luis Garcí. Pues hay exteriores de archivo del centro de Madrid que juraría que se han tomado prestados de las dos primeras partes de «El Crack».

La serie arranca justo en el momento de mayor esplendor de Cristo, cuando recibe el premio mundial al mejor domador del mundo en la vieja Unión Soviética, su entrada a la carpa, con la cámara siguiéndole a sus espaldas acrecenta la leyenda, pero los años no tardan en hacer caduco el mayor espectáculo del mundo: El Circo, y Cristo diez años después, se verán avocados a buscar ayuda para renovar la imagen del circo y poder seguir trabajando. ¡Somos una gran familia! ¡Y a la familia no hay que dejarla tirada! Recuerdo de un padre que le abandonó durante un tiempo en un orfanato. Jaime Lorente construye a un Ángel Cristo, lógicamente bravo y temperamental, valiente y con un carácter suicida. La producción ha buscado ese lugar estético y macarra tarantiniano, ese que estaba muy presente en el imaginario de Guy Ritche, en Snatch: Cerdos y diamantes, pero claro, con el sello español y castizo. Ángel Cristo lleva una «pipa» para negociar con su adversario ruso y se enciende un puro con un fajo de billetes de cinco mil pelas. Los milenials no sabrán bien de esta jerga setentera, o calcular en euros cuánto son veinte mil duros.
Lorente engrandece al personaje en carisma y en físico, el propio Cristo lloraría al verse tan bien dibujado y encarnado, por este actor que es puro nervio, sangre y furia latina. Lorente imprime emoción, fuerza, la parte visceral de la pareja mediática. Un personaje cogiendo lo mejor del Denver de La Casa de Papel y del Nano de Élite. Además, le insufla el recuerdo del pasado atormentado de haber perdido a Renata, el amor de su vida, una joven trapecista del circo que, para su desgracia, murió sola mientras que él actuaba. Y Belén Cuesta también está espectacular. No se queda atrás. Se reencarna en Barbara Rey y está a la altura de las circunstancias y se ajusta como un guante al personaje que fue. Barbara Rey cansada de ser un objeto de deseo y saltar de cama en cama, y ser la amante, de su majestad o del torero del momento, el trágicamente desaparecido Paquirri.
Cristo y Rey es un buen documento histórico y televisivo para contarnos lo que nunca supimos sobre estos dos personajes, sin tapujos, sin pelos en la lengua y administrándole sus dosis de acción y sexo a la trama, pues como en todas las historias donde se encuentran dos fuerzas de la naturaleza pasionales y temperamentales, se puede mascar una tragedia de magnitudes shakesperianas, una historia épica de la que ya sabemos casi todo el final, pero no conocemos a ciencia cierta cómo fueron los encuentros y desencuentros entre el domador y la actriz.
El elenco es de auténtico lujo y se adhiere muy bien a los tiempos narrativos, se trata de actores y actrices que cada vez están adquiriendo mayor protagonismo en las producciones cinematográficas y seriéfilas de nuestro país: Adriana Torrebejano (Amar es para siempre) que interpreta a la mismísima Chelo García Cortés, Cristobal Suárez al Rey Don Juan Carlos, Clara Alvarado (La Casa de Papel) nada menos que a Rocío Dúrcal que participó de las primeras escenas lésbicas en el cine español con Barbara Rey; David Lorente (No me gusta conducir) es el representante de Bárbara y Jesús Castro (El Niño) se pone en la piel del mataor de toros, Francisco Rivera Paquirri. En serio, la serie no ha escatimado en grandes actores y actrices de nuestra escena para aliñar la trama y las secuencias de tantos y tantos personajes, unos más pintorescos que otros, de la escena social de la época. Quiero destacar lo enorme que está Artur Busquets (Losers), como Payasito, uno de los mejores amigos de Ángel Cristo, es algo así como su Pepito Grillo, la voz de su conciencia, que le profesa apoyo y gran cariño al domador. Por ahora, en las primeras horas de metraje, nos regala algunas de las escenas más dramáticas de la serie, y ese mano a mano Lorente/Busquets son gloria bendita.
En definitiva
Cristo y Rey sí que es el Biopic que estábamos esperando, bien construido, bien guionizado, entretenido e hilvanado con imágenes reales de archivo que son historia de TVE, cuando la TVE era grande, tan grande que nos marcó de por vida, como lo hicieron La Bola de Cristal, Tocata, Verano Azul o el Un, Dos, Tres de Mayra Gómez Kemp. Es canela fina, hay que decir que toda la producción que corre a cargo de Irene Rubio es impactante, y Cristo y Rey tiene planos míticos, irreverentes y magistralmente rodados, para que nos quedemos de maratón a verlos uno detrás de otro. Ser testigos de cómo los amantes entran en eterna combustión y riegan toda la tragedia con cava. Pan y Circo del bueno.