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«Cómo entrenar a tu dragón»: De cuando montar un dragón era algo novedoso

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Felipe José García
Felipe José García
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Siguiendo la estela de Disney, que se está hartando de versionar todos sus clásicos de animación y no tan clásicos en imagen real, DreamsWorks hace lo mismo con una pequeña joya que deslumbró a todo aquel que se atrevió a disfrutar de ella. Llega la adaptación en Live-action de «Cómo entrenar a tu dragón» en un momento en el que está arrasando la misma versión de «Lilo & Stich». Para los que no tenían muy reciente la versión animada será una grata sorpresa, llegando a emocionar en algunos momentos, aunque al principio haya un exceso de dragones en ese ataque nocturno con el que comienza esta historia y que será determinante para conocer a Desdentao.

Porque esto es una historia contada hasta la saciedad. Dos seres nacidos para enfrentarse terminan siendo amigos inseparables, además de cambiar y salvar el mundo que les rodea. Tras esa escena inicial sin títulos de crédito nos metemos de lleno en una historia que marcó a una generación, y que se convirtió en saga en su versión animada, por lo que DreamWorks no ha elegido esta película al azar.

Además los dragones llevan siendo los protagonistas de millones de historias desde nuestra infancia. La mítica serie de dibujos animados Dragones y Mazmorras marcó a una generación por su trama que tan bien contaba su sintonía de cabecera cuando nadie sabía lo que era un Opening: «Viajaron a un mundo fantástico, lleno de seres extraños, y el Amo del Calabozo les dio poderes a todos». En imagen real era más complicado encontrarse a algún valiente que se atreviese a mostrar dragones en sus historias pero los hubo, como por ejemplo Dragonheart, donde un Dennis Quaid de galán se enfrentaba y compartía corazón con el dragón al que ponía voz Sean Connery allá por 1996.

Las bolas de Dragon siguen arrasando sobre todo en merchandising

Por supuesto el anime ya iba por delante desde hace mucho tiempo con el majestuoso tatuaje en la espalda de Shiryu, el Caballero del Dragón en Los Caballeros Del Zodiaco justo cuando en las autonómicas se volvían locos con Bola de DragónPero en este caso los dragones eran chinos, nada que ver con los miles que aparecen en la película que nos ocupa. Pero habría que esperar un poquito para mostrar a los dragones en su máximo esplendor. De hecho aparecieron casi a la vez tanto en pantalla grande como en pequeña. Tuvimos alguna pequeña muestra en la saga de Harry Potter, y miles de películas menores, pero estoy seguro que todo el mundo se quedó extasiado con dos apariciones.

En pantalla grande fue Peter Jackson en El Hobbit: La desolación de Smaug, el que mostró a un dragón que daba miedo en un espectacular 3D y con la voz de Bennedict Cumberbatch, después de Sherlock y antes del Doctor Extraño. Dos años antes en la pequeña pantalla fueron tres pequeños dragones que aparecían al final de la primera temporada de Juego De Tronos subidos a lomos de su madre los que marcarían la fiebre definitiva por los dragones que vendría después. Tanto marcó que seguimos inmersos en una locura por los dragones y donde en la última temporada de su precuela, La Casa Del Dragón nos hemos hartado de ver a jinetes de dragón. Aquí ya venían entrenados de casa pero parecían tener un vínculo con la sangre Targaryen. En esta historia sólo habrá que tratarlos como seres vivos y ayudarlos en lugar de hacerles daño para conseguir que te dejen montarlo.

Dado el volumen de dragones que han poblado la pantalla sólo algunos pocos son reconocibles a primera vista.

Por eso ahora quizás en la película que nos llega lo que más llame la atención no sean esas galopadas por los aires de los protagonistas, que también son espectaculares, sobre todo por los escenarios reales donde se rodó, sino esa historia tan bien llevada por unos protagonistas que bien podrían vivir en un pueblo pequeño de la Galia ocupada por los romanos por esos atuendos de vikingos exagerados. Ese exceso de maquillaje y peluquería se perdona porque se trata de una adaptación lo más fiel posible a la animación original, lo mismo que el exceso de efectos especiales al que estamos algo más acostumbrados. Entre barba y peluca se reconoce muy bien a Gerard Butler que está intenso y entretenido, como toda la película que parece que será la primera de una saga si la taquilla lo permite y tiene pinta de que será así.

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