«Rivales» y «Queer» se estrenaron en 2024. Es decir, dos películas dirigidas por el mismo director fueron estrenadas con apenas siete meses de diferencia. El autor de ambas obras es Luca Guadagnino, el gran artífice del relato romántico contemporáneo. Director de obras maestras indiscutibles como «Call Me By Your Name» o «Suspiria» (la de 2018, la buena), Guadagnino no valora demasiado la improductividad de la pausa. Por ello, apenas un año después de estrenar dos películas casi simultáneas, estrena «Caza de brujas», su particular aproximación al #MeToo.
Caza de brujas presenta el dilema moral al que se tiene que enfrentar Alma, reputada profesora de la Universidad de Yale, cuando descubre que un amigo, también profesor del centro, es acusado de violación por una estudiante. Esta alumna, queer y afroamericana, mantiene una relación estrecha con Alma, por lo que la situación no podría ser más peliaguda para la prestigiosa profesora.

Aunque parezca imposible, Guadagnino ha dirigido una película sin alma. La premisa está ahí, así como sus implicaciones morales, éticas y sociales en una era gobernada por la cancelación y la corrección política, pero su vacío es tan inmenso que convierte a la película en un despropósito impropio de un director tan excelente como el italiano. Con apenas 30 minutos de metraje, Caza de brujas se pierde en su propio laberinto auspiciado por simbolismos exacerbados y personajes cargantes e insoportables incapaces de apelar ni un mínimo de empatía en el espectador; de entre todos ellos, me quedo con Ayo Adeberi, quien consigue demostrar en apenas tres frases que es un pingüino en el desierto.
La crítica la ha relacionado con Tár. Comprensible, y más viendo la pedantería que embadurna el conjunto. La intencionalidad es clara, pero no por ello la exime de ser un espectáculo dantesco sin interés que roza lo insufrible. Además, la han calificado de antiwoke (la era de los «antis» y los «ismos»), una acusación un tanto desnortada teniendo en cuenta que Guadagnino es el director de Hollywood que más y mejor ha apoyado el colectivo LGTBIQ+.

Queer no emuló la notabilidad de Rivales, al igual que Hasta los huesos no consiguió lo propio con Suspiria. No obstante, todas ellas son películas correctas, valientes y justificables que abalan la filmografía de un autor enorme cuyos estrenos siempre estarán en buena consideración para el autor de esta crítica. Por ello, dejemos a Caza de brujas como una anécdota con la que nos reíremos (en un tiempo).
