Cada mes, Movistar Plus+ incluye en su catálogo un buen puñado de películas que denomina estrenos directos. Títulos que no han pasado por las salas de cine y que nos han permitido descubrir joyas tan interesantes como «Los hilos del crimen», «New life», «Phantom» o «El perfume de Irak». Sin embargo, en otras muchas ocasiones, nos encontramos con películas que una vez las acabas, te preguntas a cada rato por qué has malgastado tu tiempo en verlas. Este es el caso de «Boda letal» (en versión original «Bride Hard»), comedia de acción al servicio de Rebel Wilson que resulta aburrida y vergonzante a partes iguales.
Resulta agotador ver como el cine de acción actual no cuenta ni con el encanto ni con la fuerza que ofrecía en décadas anteriores. Llamémosle nostalgia si queréis, pero resulta incomprensible que películas como Boda Letal lleguen a ver la luz. A primera vista, podrías pensar que estamos ante una de sus comedias de acción que juegan a no tomarse demasiado en serio, haciendo que su protagonista se situé más en el terreno de Maxwell Smart que en el de un Ethan Hunt de la vida. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, ya que Boda Letal quiere ser divertida, a la vez que seria, dando lugar a un batiburrillo de escenas de acción a cuál más ridícula (It’s Raining Men nunca ha sonado tan inapropiada), entremezcladas con diálogos que solo provocan vergüenza ajena.
El título de la película en su versión original pretende ser una mezcla imposible entre DieHard (para España Jungla de cristal) y Bridesmaids (titulada aquí La boda de mi mejor amiga), con un guion que sobre el papel copia sin pudor los elementos de ambas. Por un lado, tenemos a la dama de honor problemática, la amistad rota con la futura novia, la rival rica y estirada, y por otro, una trama de acción con un grupo armado que irrumpe en la boda, provocando que la protagonista se vea obligada a intervenir. Sin embargo, en Boda Letal ni hay conflicto, ni comedia afilada, ni tensión, y por supuesto, no hay diversión. Solo una sucesión de situaciones absurdas, sin ritmo ni gracia, que invitan a la siesta.
Rebel Wilson interpreta a Sam, una superespía que, tras años sin verse, se reencuentra con su amiga de la infancia para ser su dama de honor. Obligada a ocultar su verdadera identidad, y tras un conflicto previo a la boda y la aparición de un grupo de criminales que toma rehenes a los invitados, la protagonista deberá salvar el día revelando quién es en realidad. Una premisa gastada sin duda, pero su problema no es la falta de originalidad, sino la absoluta incapacidad para sacarle partido. Wilson, que para muchos puede funcionar (reconozco que no soy fan de la actriz australiana) en pequeñas dosis dentro de un reparto coral, no es capaz de sostener el peso de una película entera. Si a eso le unimos su escasa química con Anna Camp, pese a haber compartido saga durante años en Dando la nota, y que el resto del reparto parece atrapado en personajes sin tono ni propósito, tenemos como resultado el bodrio que resulta ser Boda Letal.
Es sin duda llamativo que la película esté dirigida por Simon West, responsable de Con Air, uno de los exponentes del cine de acción de los noventa por antonomasia. Director también de la estimable La hija del general o la reivindicable The Mechanic, aquí nos ofrece una puesta en escena plana, torpe y desganada. Las escenas de acción no emocionan, con coreografías que pretenden ser divertidas, pero no lo son, y el humor no aparece por ningún lado. Además, el guion tampoco ayuda, con su mezcla de chistes gruesos de comedia para adultos con acción blanda que parece surgida de una secuela de Solo en casa.
Mención aparte merecen los miembros del reparto que acompaña a Rebel Wilson y que parecen tan perdidos como un cocodrilo en una zapatería. Resulta sonrojante ver a Da’Vine Joy Randolph, ganadora del Oscar por su papel en Los que se quedan, pronunciar diálogos que quieren ser originales, pero que acaban resultando absurdos. Junto a ella, los villanos de turno, a lo que dan vida Stephen Dorff y Justin Harley, están repletos de clichés sin ningún tipo de matiz que salve sus interpretaciones. Un despropósito más.
En resumen
Boda letal no es lo bastante gamberra para adultos ni lo bastante inocente para un público familiar. Una película que se queda a medio camino de la nada, y que en un momento en el que el streaming ofrece tantas posibilidades, no destaca por nada. Sin alma, sin humor y sin pulso, el filme demuestra que reciclar fórmulas conocidas sin talento ni carisma solo conduce a un callejón sin salida. Más que una comedia de acción fallida, es una advertencia clara de hasta qué punto el género se ha vaciado de ideas… y de gracia.