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Antonella Sudasassi Furniss: «El cine lo descubrí en la universidad y me enamoré»

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Pablo Arroyo
Pablo Arroyo
Apasionado del fútbol y del cine, me considero un periodista que combina su amor por el deporte con el arte de contar historias. Con un especial interés por las obras de Quentin Tarantino. Intento explorar la intersección entre el cine y el deporte, analizando cómo las narrativas del fútbol pueden ser tan cautivadoras como las mejores películas. Siempre en búsqueda de la próxima gran historia.
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Ganadora del Premio del Público en la Sección Panorama de la Berlinale 2024 y del Premio otorgado por Radio Exterior en la 50ª edición del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, «Memorias de un cuerpo que arde» se estrena en cines el próximo 21 de febrero. Como anticipo, pude charlar con su directora Antonella Sudasassi Furniss, y a continuación podéis leer la entrevista completa.

Antonella eres una directora con varias nominaciones y premios, entre ellos nominaciones a los premios Goya y Oscar, pero como toda persona todo tiene un comienzo ¿Cómo es tu inicio en el mundo cinematográfico?

Bueno, realmente yo llegué un poco tarde al cine, o sea, como que nunca tuve digamos, cuando yo estaba en la escuela, colegio, etcétera, nunca tuve como muy marcada la influencia del cine en mi vida, sino que realmente yo era como, me crié en un barrio chiquito con muchos primos y realmente lo que nosotros hacíamos era como jugar afuera, ¿no? El cine lo descubrí en la universidad y me enamoré, fue como un antes y un después, porque yo hacía muchas cosas, yo escribía, pintaba y así, pero como que con el cine encontré como esa forma de expresar y de contar historias para mí era natural, de alguna forma vi el vínculo que genera con el público, entonces encontré, digamos, como que la conexión que generaba. En la universidad con un grupo de colegas formamos un colectivo y empezamos a hacer, estábamos estudiando comunicación pero realmente digamos que no nos estaban enseñando lo que queríamos hacer, que era cine, ¿no? Entonces empezamos a hacer con este grupo de amigos, amigas, y nos íbamos alternando los roles y un poco fuimos aprendiendo lo que no nos estaban enseñando en la universidad, y bueno, hicimos una muestra de nuestros trabajos.

Yo me acuerdo de que había dirigido dos cortos, en otro se había participado como directora de fotografía, en otro directora de arte, en otra guionista nada más, en otra montadora, etcétera. Entonces, o sea, como que nos íbamos alternando los roles. Y en esa muestra la llevamos, era un momento en el que el cine en Costa Rica realmente era prácticamente inexistente, ¿no? cuando yo estaba estudiando en la universidad hace 20 añitos, pero digamos que la historia del cine en ese momento contaba solo con unas 10 o 12 películas de ficción en toda su historia del cine, no existía prácticamente. Entonces llevamos estos cortos que habíamos hecho nosotros fuera de la área metropolitana, las llevamos a zonas rurales, y ver esa conexión que generaba el público con algo hecho en Costa Rica, pues me hizo enamorarme del cine.

Cuando ya empezaste hacer cine, ¿tenías algún referente a nivel nacional o internacional?

Realmente fue como que también me encontré con otro tipo de cine. Obviamente, cuando estaba estudiando en la universidad, pues yo hasta ese momento conocía lo que Hollywood nos traía, Disney y demás, ¿verdad? O sea, realmente no tenía un acercamiento con el cine. Y claro, empecé a consumir cine a más no poder, ¿verdad? me encontré con películas de Lucrecia Martel, que era como un cine que jamás había visto yo en pantalla; Abbas Kiarostami, Kiarostami con un cine muchísimo más íntimo, más cercano a la realidad que yo vivía, que no eran de mi país, ¿no? Pero lo relacionaba más con el tipo de historias que yo quería contar. Entonces fue como ir descubriendo las posibilidades narrativas y estéticas del cine que no conocía hasta ese momento. Me fui enamorando cada vez más, obsesionando un poco cada vez más también. En cuanto a referentes locales el trabajo de Paz Fábrega, que es una directora de cine fue la primera película costarricense que ganó un premio relevante en un festival clase A en Rotterdam.

Es decir, sentir que puede ser mi vecina perfectamente y ver que ella fue capaz de llevar el cine a otros espacios, contar con esa validación internacional, también me hizo creer posible, ¿verdad? que yo podía hacer cine también. Alcanzar estas cosas te valida a vos la posibilidad de perseguir ese sueño, porque de alguna forma a veces cuesta creer, ¿verdad? Entonces, el ver a otras personas, entre comillas, similares, haciendo el cine que te gustaría hacer, pues entonces te valida, ¿no?

Entonces sí, preferentes tengo muchísimos, por supuesto, y creo que cada película también me obliga a ver películas distintas. El Despertar de las Hormigas, me acuerdo que vi muchísimo el trabajo de Alice Bloor-Bacher o de Andrea Arnold, en cada película me obsesiono con cierto tipo de películas, ¿verdad? O sea, es decir, como que empiezo a verlas y revisitarlas y revisitarlas, porque estoy tratando de encontrar cómo contar mi propia historia, y creo que también funciona así. Envolverme en un universo que voy después como decodificando a mi propia manera, de mi propia forma, y se termina construyendo la película, por decirlo así.

Has mencionado «El Despertar de las Hormigas» que has comentado que trata la historia de una mujer que no tiene muy claro el rol que ocupa la sociedad, en «Memorias de un Cuerpo que Arde» te centras en una parte del feminismo, ¿no? Me gustaría saber, si en cierta manera adaptas el entorno para contar historia.

No sé si adaptar. No sé si escucharlo y revisitarlo de alguna forma, ¿no? Es como contar una historia a partir de todo lo que uno consume, tanto sea experiencias personales como productos culturales, artísticos, ¿no? En el caso de El Despertar de las Hormigas, por decirlo de alguna forma, creo que se inspiraba muchísimo en las mujeres de mi familia, ¿no? En ese entorno en el que yo me había criado, donde las mujeres siempre estaban a disposición de los demás, ¿no? O sea, estaban ellas para servir, para atender, para… Entonces, claro, la película nace de esa idea de una mujer que cuestiona por primera vez, ¿no? En un entorno que de alguna forma la limitaba y no le permitía tan siquiera dudar. Entonces, bueno, ¿qué pasa cuando ella cuestiona, cuando empieza a dudar de esa realidad pseudoimpuesta, por decirlo de alguna forma? Entonces, sí, o sea, es decir, nosotros creamos a partir de todo lo que nos rodea, experiencias, personas, historias, arte.

Hablando de tu última película, «Memorias de un Cuerpo que Arde», comienza con una frase que es llamativa: “las conversaciones que nunca tuve con mis abuelas” ¿cuáles fueron esas conversaciones que no tuviste?

La película surgió de mi interés, obviamente, por tratar de entender cómo pudo haber sido la vida para mis abuelas, ¿no? Creo que nunca les pregunté realmente cómo fue su vida, cómo fueron entendiéndose mujeres, cómo descubrieron su sexualidad, cómo la vivieron, cómo la vivieron hasta el último día. Recuerdo cuando yo presentaba El Despertar de las Hormigas, como que muchas adultas mayores se me acercaban y me decían, es que tienes que, no sé qué, y me contaban parte de su historia.

Entonces me interesé un poco tarde por conocer la vida de mis abuelas. Empecé conversando con mi abuela paterna, pero la agarré también ya tarde, porque ya ella tenía 92, 93 años cuando empecé a hablar con ella. Hoy en día tiene pues 97, ya para el 98. Entonces le agarré como el último cachito de la memoria, no pude profundizar en la conversación y a raíz de no terminar de entender cómo pudo haber sido la vida de ella, empecé a hablar con estas otras mujeres y de esas conversaciones surge la película.

En la película tratas temas como el feminismo, soledad y otros más, pero hay uno que se menciona o es de los que más destacan que es la sexualidad, sobre todo de mujeres que tienen una cierta edad ¿crees que hay un tema tabú con el sexo?

Bueno primero digamos como que una de mis abuelas y sinceramente nunca llegué a preguntarles si supieron lo que fue un orgasmo, que me encontraba con muchas mujeres que me contaban que nunca habían sentido un orgasmo y no sabía si esas maternidades todas fueron deseadas. Es decir, mi abuela materna, su último hijo lo tuvo pensando que ya le venía la menopausia, dejó de tener la regla pensando que era la menopausia y realmente era que estaba embarazada, o sea, era ya una mujer mayor. Entonces bueno, nunca tuve la oportunidad de preguntarle si pudieron disfrutar de su sexualidad, si pudieron explorar su cuerpo, el placer, el deseo.

Y claro digamos que la figura de la abuela, porque yo parto de esa conversación que no tuve con ellas, la figura de la abuela solemos santificarla de alguna forma, ¿no? solemos pensar que son este ser amoroso que tiene todo ese amor para dar, pero no la vemos como una persona sintiente, ¿no? que tiene deseo, que busca placer. Entonces creo que sí hay un mito ahí de la sexualidad a partir de cierta edad ¿no?, que todavía tenemos que construir porque sí, es cierto que solemos caer en esa idea de que ya vivieron, de que ya fue, de que ya… o sea después de la menopausia, la sexualidad femenina a partir de cierta edad, pues es inexistente, ¿no?

Durante la película hay una frase que yo creo que refleja lo que estás diciendo que es: “mientras esté viva no seré vieja”.

Exacto que es hermoso también. Yo creo que hay dos cosas que me sorprendieron a mí muchísimo en la película, haciendo Memoria de un Cuerpo que Arde, lo digo porque yo soy la primera espectadora ¿no? La primera vez que dialogo con ellas y yo fui la primera en escuchar estas historias, fue bueno esas ganas de vivir, ¿verdad? yo como persona joven-adulta creo que también hay veces como que hay una prisa, una carrera, ¿no?, de que el tiempo se acaba, de que hay que hacer todo ya porque si no se acaba el tiempo, ¿no? Creo que bueno hay una especie de miedo a envejecer y al conversar con ellas me dio como esta, digamos, esperanza o esta fuerza de creer que no se acaba nunca la vida, ¿no? nunca es tan tarde, es decir como esa sensación de que pude seguir planeando ideas. Una de las actrices de la película me contaba que a sus 80 años estaba sacando su licenciatura en Derecho pero que no quería ejercer, pero fue algo que siempre soñó, pero nunca se lo permitieron cuando era joven. Otra que estaba comprando un terreno y quería hacer una casa en una comunidad ahí medio hippie. ¿Sabes? Como que eran mujeres llenas de sueños, de proyectos, hermoso, una de las cosas que más me sorprendió y la otra quizás fue porque uno la asume pero no la entiende hasta que la escucha realmente fue la cantidad de violencia que había en la comunidad.

Realmente si uno piensa en su abuela, le viene a la mente la casa que tiene y piensa que todas las casas son prácticamente iguales, al menos en España. Entonces la película está totalmente rodada en interior ¿tiene algún tipo de explicación o simplemente era más fácil, más sencillo de rodar?

Sí. Realmente la idea de grabar todo en una locación, en una casa, se fue construyendo. Creo que había ciertas frases que me contaban las señoras que inspiraron un poco la puesta en escena. Cuando yo empiezo a hablar con ellas, ellas me piden inmediato el anonimato porque sigue siendo un tema tabú, porque no querían lastimar a sus seres queridos, no querían que escucharan las historias de sus abuelos. Es decir, hay una reserva a la hora de hablar y sintieron mucho mayor libertad no siendo reconocidas, manteniéndose en ese anonimato.

Entonces yo empecé conversando, fui escuchándolas y me decían estas cosas que definitivamente fueron inspirando la puesta en escena. En primer lugar yo tenía una necesidad de mostrar ese cuerpo que envejece, esas arrugas, esas canas, que era el tema que estábamos hablando. Y decidí en su momento trabajar con actrices precisamente por esto, por mostrar ese cuerpo, ese cuerpo que siente, ese cuerpo que todavía se le eriza los pelos, ¿verdad?, cuando recuerda, cuando siente.

Y por otro lado, había una frase muy hermosa que dice una de ellas, que está dentro de la película, que dice que a pesar de que tiene más tiempo porque ya no trabaja, porque ya está́ pensionada, qué sé yo, el tiempo no le alcanza, porque cada vez vive más en sus recuerdos. El tiempo no es lineal, es como una burbuja.

Ganadora del Premio del Público en la Sección Panorama de la Berlinale 2024, la película dirigida por Antonella Sudassasi Furnis ha sido nominada al Premio Forqué y al Premio Goya a la Mejor Película Iberoamericana

Viendo la película uno se puede dar cuenta del trato natural que le das a ciertos temas, como ejemplo ella va contando su historia a través de una voz en off, de sus recuerdos narra historias de pequeña, temas relacionados con el acoso, el abuso etc ¿te costó́ tratar aspectos tan complejos con esa “naturalidad”?

Sí, por eso te decía estas frases que fueron inspirando un poco la puesta en escena que tenían que ver con ese paso del tiempo, con esa idea de que el tiempo no es lineal, es como una burbuja. Y eso me pareció súper hermoso porque realmente es la casa donde se filmó́, la locación donde se filmó, se convierte como en la mente de esos recuerdos, en la mente que alberga todos esos recuerdos. Casi como una extensión del cuerpo donde habitan esas memorias.

Entonces, precisamente fue una decisión estética que resolvimos en conjunto con el director de arte, la directora de arte y el director de foto de cómo ir construyendo sus tiempos en el mismo espacio. O sea, que no hubiera distinción de tiempo-espacio. Y sí, toda la película se grabó ahí, pero digamos que el diálogo con ellas fue complejo.

No es una señora la que habla. Hay hasta ocho voces distintas en la película, principalmente cuatro o tres que voy hilando de forma que se cuenta un único relato que se reinventa en esa colectividad porque no es la historia de ninguna. Realmente, también por respetar ese anonimato se va exacto, sin detalles personales para no identificarlas, pero sí se va contando un único relato que se reinventa un poco tenía que ver con generar confianza, ¿no? O sea, creo que también jugó a mi favor por decirlo así que yo hice la investigación durante pandemia y ellas estaban prácticamente encerradas porque eran adultas mayores con miedo a morir, con miedo a enfermarse, no salían de su casa e hicimos una conversación así.

Fuimos hablando y se fue generando un vínculo muy bonito porque precisamente era una conversación, yo les contaba mi historia, ellas me contaban sus historias y simplemente fue un diálogo, ¿no? como abierto, como si hubiera entablado un diálogo con mi abuela, pero lo entablé con ellas y fue muy hermoso porque también había mucha reflexión sobre ese miedo, ¿no? Ese miedo a la soledad, ese miedo a la muerte, el acercarse cada vez más, el sentirse en primera fila, Eso, simplemente era lo que les tocó vivir, pero ya verlo con ansia, pues…

La película ha ganado premios del público en Berlín, en Francia, en Corea del Sur, del público, y así hasta 15 reconocimientos en diferentes países. Es curioso como este reconocimiento proviene de lugares diferentes, que tienen culturas muy distintas incluso opuestas se podría decir ¿crees que parte de este éxito es que cuentas una historia que se podría vivir en cualquier parte del mundo?

Yo creo que parte de ahí, que la película es una conversación, ¿no? Se inicia como una conversación, termina como una conversación, y lo más hermoso que creo que tiene la película, te voy a poner un ejemplo de Costa Rica, cuando estrenamos la película acá, pues se generó como una especie de fenómeno muy hermoso que tenía que ver con que iban grupos de mujeres, digamos de amigas, mujeres, ya sean mayores y así, o grupos de familias, iban el tío, la tía, la nieta y la película suscitaba una conversación, ¿no? después de verla, se sentaba la familia o el grupo de amigas a hablar de sus experiencias.

Te imaginas en la época lo trasladas a una persona de 70 años en Corea y te la imaginas en las casas que hay allí en Corea, en Alemania en la época. O sea, es que las escenas te puedes imaginar a una persona de 70 años de Costa Rica, a una persona de 70 años de Alemania, de Corea. Te puedes imaginar a cualquier persona del mundo en la casa, contando sus historias con lo que tenga cada país.

Pero cuando vos estás haciendo una película, no estás pensando en cómo se va a recibir, en dónde se va a distribuir, sino como que estás enfocada en hacer la película de la mejor manera posible. Y yo pensé personalmente que iba a ser una película, de alguna forma, muy localista, ¿no? que está contando estas historias de estas mujeres costarricenses en un contexto muy particular, que es un contexto además conservador, religioso, ¿verdad? Costa Rica sigue teniendo como religión oficial en la Constitución la religión católica, con un contexto muy específico y que la película se traslade tanto a otros lugares, a otros públicos, es hermoso, ¿no? Porque no te lo esperás cuando estás haciendo la película. Y la verdad que ha sido muy gratificante tener ese espacio para compartir la película con públicos distintos.

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