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«Angelo en el bosque misterioso»: imaginación al poder para romper moldes

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Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.
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El cine de animación suele pasar desapercibido fuera de las vacaciones de verano o de Navidad. Sin embargo, hay que celebrar el estreno en nuestro país de «Angelo en el bosque misterioso» el pasado 19 de septiembre, ya que supone algo más que la llegada de una nueva cinta infantil a la cartelera. Vincent Paronnaud —alias Winshluss— y Alexis Ducord nos propone una comedia de animación que se atreve a romper el molde, llevando «todos los botones al 11», como ellos mismos dicen, en un género donde lo habitual es ser políticamente correcto para no incomodar al público familiar.

Adaptación del cómic homónimo del propio Paronnaud, premiado en 2016 con la Pepita de Oro en Montreuil, la película nos presenta una aventura iniciática en la que Angelo, un niño de 10 años que sueña con ser explorador debe sobrevivir en un bosque plagado de criaturas excéntricas tras ser olvidado por sus padres en un área de servicio. Con un punto de partida en apariencia clásico —niño perdido que debe enfrentarse a sus miedos—, la premisa aquí se convierte en una excusa para mezclar humor disparatado, referencias al cine de animación y de acción real, y un claro mensaje ecologista, que aboga por la resistencia frente a la tiranía de la tecnología.

La cinta, presentada en Cannes y reconocida en Annecy, la Seminci y el Festival Lumières, presenta una propuesta visual que es, sin duda, su mayor triunfo. El juego entre estilos de animación —uno tradicional para los pasajes imaginarios de Angelo y otro tridimensional para su viaje real— no solo diferencia mundos, sino que enriquece la experiencia. Esa dualidad estética convierte cada salto entre la fantasía y la realidad en un recurso narrativo brillante, subrayando cómo la imaginación de un niño puede reinterpretar lo cotidiano.

Sin embargo, esa misma riqueza visual puede que deje insatisfechos a los que buscan una historia más redonda. Es evidente, que estamos ante una película de animación, que tiene entre los más pequeños de la casa a su público potencial. Aun así, no podemos olvidar que alguno de los mejores filmes de Pixar ha conmovido el corazón del adulto más impertérrito. Así, la odisea de Angelo por el bosque misterioso comienza como un relato clásico de formación del protagonista y, al principio, funciona: su trayecto tanto físico como emocional refleja su crecimiento interior. Pero pronto la película se ve atrapada en su propia locura visual, acumulando personajes secundarios (casi veo a los Minions en la historia) y subtramas que diluyen el conflicto inicial: el deseo de Angelo de llegar hasta su abuela enferma.

Quizás, está sea la mayor oportunidad perdida de la película, al menos desde el punto de vista de un adulto «resabiado». El vínculo entre Angelo y su abuela, introducido con una frase tan poderosa como “un mundo sin la abuela no es posible”, merecía un desarrollo más profundo. Más allá de los mensajes sobre el ecologismo y el poder de la amistad, el filme insinúa lo devastador que puede ser para un niño enfrentarse a la posibilidad de la pérdida, pero decide atajar por un camino feliz para su protagonista. Es comprensible para su público objetivo, pero nos deja la sensación de que una conclusión más arriesgada y realista habría dejado huella en el espectador, adulto y joven por igual.

Eso no significa que Angelo en el bosque misterioso carezca de encanto, al contrario. La película está repleta de referencias a los cuentos de hadas, de un inteligente humor meta —como la conversación existencial entre un GPS con crisis de identidad y el padre de Angelo— y de un tono lúdico con el que se construye el bosque que convierten la película en una experiencia disfrutable, especialmente para los más pequeños de la casa.

En definitiva

Angelo en el bosque misterioso es un filme que deslumbra por su forma, con una imaginación visual que consigue eclipsar las debilidades que a un adulto le pueden parecer imperdonables, ofreciendo un espectáculo atractivo y emotivo en sus mejores momentos. Un viaje recomendable para los niños, pero que al adulto le puede dejar con la sensación de que podía haber sido mucho más.

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