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«Anatomía de un instante»: Todos los hombres buenos

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Carlos Muñiz Vidal
Carlos Muñiz Vidal
Intento huir de las películas y las series, pero ellas me persiguen. Desde mis estudios de audiovisuales a mi trayectoria profesional en canales temáticos, puede que sea yo el que las persiga a ellas. Fascinado por las historias desde siempre, sean éstas a través del cine, la literatura, el teatro o la televisión, en esta época de plataformas intento buscar esa fascinación oculta en el algoritmo que nos impide descubrirlas.
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En algún momento hace unos años, en alguna cafetería o restaurante o en el despacho de algún productor, a alguien le pareció una buena idea adaptar el extraordinario libro de Javier Cercas, «Anatomía de un Instante» (hasta el título es bueno) convirtiéndolo en una serie de televisión.

Posiblemente esas mismas personas también pensaron en que a Santiago Carrillo podría interpretarlo Eduard Fernández, a Adolfo Suárez, Alvaro Morte (sin barba, por supuesto) e incluso que el genial Manolo Solo pudiera interpretar al General Gutiérrez Mellado.

La estructura de la serie respetaría la del libro: un momento que se congeló en la memoria de toda España, cuando tres hombres permanecieron en pie mientras unos guardias civiles disparaban al techo del Congreso de los Diputados, y una serie de flasbacks sobre cada uno de esos personajes, que explicarían un poco las razones por las cuales nunca se doblegarían ante unos bárbaros armados, homenajeando a Don Miguel de Unamuno y su “venceréis, por no convenceréis”.
En el momento, y posteriormente en el proceso de preproducción, todas estas decisiones parecerían de lo más acertadas, por calidad literaria, del reparto, y por dirección y guion, una vez que Alberto Rodriguez y su inseparable guionista desde Grupo 7 en 2012, Rafa Cobos, se sumaron al proyecto.

Años antes, también protagonizada por Eduard Fernández, este dúo de creadores dirigieron y escribieron la estupenda película El hombre de las Mil Caras, cuyo argumento trata sobre la fuga y posterior captura del ex-director de la Guardia Civil, Luís Roldán, lo cual no es sino una excusa para hablar sobre la historia de la corrupción en nuestro país (aunque los corruptos son apátridas), con un ritmo y una capacidad de narración muy superior a la media, un guion milimétrico, lleno de recursos para que no te pierdas en la enrevesada trama (todavía escucho el “correcto” del personaje de Luis Roldán, puntuando sus escenas) y unas interpretaciones de personajes históricos soberbias (hasta Luís Callejo estaba perfecto interpretando a Juan Alberto Belloch, al que no se le parece en nada).

Ese estilo narrativo que tenía la película de Rodríguez, que le va que ni pintado a una serie, por dinamismo visual y capacidad de recreación de sucesos históricos, como un buen documental del Canal de Historia, parecería perfecto para contar algo un poco engorroso de contar, reconozcámoslo, como es lo que se viene en llamar La Transición.

Anatomía de un Instante, disponible en Movistar Plus+, es una especie de intento de Alberto Rodriguez por seguir una senda muy parecida, pero más trascendente si cabe porque lo que cuenta no es el devenir de unos chorizos, que era al fin y al cabo la historia de Luís Roldán, Paesa y compañía; en este caso aborda algo más sagrado, democráticamente hablando, y con cierta aureola mítica que evita una necesaria autocrítica, y ahí está un poco el problema de esta serie: el auto homenaje.

Porque una cosa es reflexionar sobre tres figuras históricas con sus luces y sus sombras (y qué sombras) y otra es que parezca que todas las decisiones que tomaron, o las que no tomaron, como salió bien la cosa, sean algo incuestionable, algo que, para cualquiera que se haya documentado un poco sobre todo el proceso, suena casi a ciencia ficción.

La intrahistoria de La Transición, abordada sin el cinismo de El Hombre de las Mil Caras pierde fuelle incluso aunque el acercamiento narrativo sea parecido, y los recursos de montaje para puntuar la ironía de ciertas situaciones principalmente referidas al personaje de Adolfo Suárez (una contradicción andante) se queda en nada si miras todo el contexto de la serie.
Puede que el problema, además de adaptar un libro inadaptable, sea su duración. Puede que diera para una película, pero no para una serie.

Puede que el problema sea también el sagrado material histórico que fundamenta su narrativa, eso de que como algunos luchaban contra el franquismo, todo estaba bien hecho (no hay ni un asomo de crítica a ciertos hechos en la serie), todos eran buenos y estaban por la causa de La Transición menos los militares, cuando seguramente la realidad fuera otra, y este periodo histórico salió como salió, al igual que una Constitución imperfecta, la que homenajeamos todos los años, salió como salió. De todo, menos perfecta.

De los cuatro episodios, los tres primeros giran entorno a esos tres imperturbables hombres que no se inclinaron, y que efectivamente merecerían todo tipo de homenajes y elogios, pero que no aguantan el peso dramático de un argumento para una serie si no podemos tomar distancia con su papel en esa época y verlos como lo que deberían de ser en cualquier ficción: personajes.

Podría ser un serión, pero para eso no vale el ensayo de Cercas. Igual porque nunca se ha hecho una gran serie de un ensayo. Haría falta una buena novela sobre ese periodo histórico. O igual porque analizar partiendo de un instante toda una época es más propio de una reflexión personal, que es la que hace Cercas en su libro, que un punto de partida para una narración que te llegue a interesar.

En definitiva, demasiados inconvenientes para ver una serie de cuatro episodios, que se hace difícil de terminar, tediosa por momentos, y que aunque pretende contar unos sucesos frenéticos en la política y la historia de este país, tiene episodios como el tercero en el que apenas sucede nada, mientras el personaje protagonista del episodio, el General Gutiérrez Mellado, diluye a los otros dos sin más explicación al derrumbe del segundo gobierno de Suárez que su aparente incapacidad (sugerida, no mostrada).

Viendo la serie, recordaba dos proyectos audiovisuales sobre esta época.
El primero se llama Ilusión, el mediometraje de Daniel Castro. Cuenta la historia de un director y guionista que intenta vender un proyecto de película sobre los Pactos de la Moncloa, uno de los aspectos más fundamentales de La Transición, y de los que también se habla en esta serie.
El problema que se encuentra el personaje de Dani Castro es que quiere que sea un musical, por aquello de hacerlo comercial.
Puede que esta serie necesitara de alguna canción para quitarle todo ese autobombo y trascendencia.

El otro es la estupenda serie documental de Victoria Prego, La Transición, en dónde, sin ningún tipo de homenaje, simplemente narrando sin dejar de ser crítico y con imágenes reales sobre algo tan televisado como esta época, se nos intenta contar algo realmente difícil que una vez sucedió en nuestro país: cómo nuestros políticos pudieron llegar a un acuerdo.

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