La saga de «28 años después» ha dado muchos cambios en tono y forma a lo largo de las múltiples películas que la componen. Desde la maravillosa primera entrega, muy centrada en la supervivencia y la tensión, pasando por la segunda, con un claro viraje a la acción (y un descenso preocupante de nivel) que buscaba ser más grande y más llamativa y acabando en la anterior entrega, que apostaba por dejar a los infectados en un segundo plano y centrarse muchísimo más en el drama de los personajes y en hacerlos evolucionar en base al contexto vital en el que les ha tocado vivir construyendo una película que claramente se movía en los códigos del drama aunque lo aderezaba con momentos de ultra violencia y gore francamente bien conseguidos y con unas ideas de puesta en escena bastante rompedoras.
Este pasado 16 de enero llegó a nuestras pantallas la cuarta entrega -y secuela directísima de la anterior- de la saga que sigue, como no podía ser de otro modo, los pasos que marcaron Garland y Boyle hace apenas un año trabajando la película desde la perspectiva de jugar con los géneros y subvertir las expectativas del espectador. 28 años después fue una película muy divisiva -me encuentro entre sus fervientes defensores- por su capacidad de arriesgar y de alejarse de lo que el espectador quería ver.
La cinta dirigida por Boyle cogía y se distanciaba de todo lo que habíamos venido viendo y se convertía en un “coming of age” de su protagonista mientras realizaba un retrato bastante nihilista de la sociedad que se había generado después de 28 años desde el “fin del mundo”.
Nia da costa sigue esta estela pero, en mi opinión, no consigue dar tanto con la tecla.

El templo de huesos es una película arriesgada, narrada con dos tramas claramente diferenciadas -por un lado, los Jimmys, por el otro el doctor- y que se aleja aún más que su antecesora de todos lo que suelen caracterizar este tipo de películas -persecuciones, infectados por todas partes, dentelladas- y sigue acercándose a explorar la maldad que impregna un mundo que está inmerso en el más profundo caos y cómo algunos intentan sobrellevarla o enfrentarse a ella.
Para ello, como ya he dicho, usa dos vías narrativas en un principio separadas pero que buscan converger en un punto concreto generando un clímax bastante espectacular. Todo ello aderezado con una dirección que funciona francamente bien a nivel visual y que genera en el final uno de los momentos más brillantes del año a nivel de puesta en escena.
Ahora bien, viéndolo desde fuera uno a priori puede pensar que si le gustó la anterior le gustará esta. Y, por desgracia para mí, no ha sido mi caso. Aunque me encantó el cambio que supuso la tercera entrega, tengo muchísimos problemas con prácticamente la mitad de esta cinta. Y es que, aunque la parte de los Jimmys me parece profundamente aterradora, durísima, y me tuvo pegado a la butaca como hacía tiempo que no lo estaba, toda la parte del doctor me supone un cambio tan drástico de tono -con momentos de humor que no me encajan por ningún lado, y una selección de la música extrañísima- que me acabó por sacar en muchos momentos de la cinta. Creo que todo lo que le salía bien a la anterior conjugando géneros, le sale de forma mucho más pobre en esta al no medir bien los cambios y la distancia tonal entre las distintas tramas. Porque la parte humorística, aunque imagino que es intencional, en muchas ocasiones parece comedia involuntaria. Fiennes está entregado, pero el guion no le ayuda. Y, aunque los últimos minutos de la película reivindican con creces su figura, no puedo evitar pensar que su trama sobraba en gran medida por culpa de la forma en que se pone en escena.
En definitiva
El templo de los huesos es una película que brilla profundamente en una de sus dos tramas – y en el clímax final de la cinta- pero que se ve lastrada por una trama entera que está construida con un tono tan poco propio del resto que lo que vemos, que parece introducido directamente desde otra película. El computo global es positivo, porque lo bueno es increíblemente bueno, y lo “malo” más que malo es decepcionante, pero ojalá hubiesen medido mucho mejor toda la cinta y no solo una parte de la misma. Habríamos tenido otra excelente película como era su predecesora o como fue, hace ya tantos años, la primera entrega.